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| Australopithecus afarensis en la sabana africana |
Existen varias teorías sobre
el origen de la bipedestación, todas ellas válidas o plausibles, pero lo más
probable es que no fuera una sola la causa por la cual se produjo. También es
probable que varias de ellas combinadas
o reforzadas hayan iniciado el camino para que hoy podamos caminar sobre dos
extremidades, a pesar de que nuestros ancestros lo hicieran sobre cuatro.
Aunque parezca desabrido y
poco elegante, lo más seguro es que fuimos expulsados de la selva tropical africana
hacia la sabana arbórea por cambios del clima, sobre todo por el régimen de
lluvias.
CUÁNDO Y PORQUÉ EMPEZÓ TODO
En la parte oriental de
África, se encuentra la fosa del Rift y tiene una extensión de 4.830 kilómetros
de norte a sur. Al norte va desde el mar rojo -el golfo de Adén- en lo que se
conoce como el cuerno de África, hasta Malawi y Mozambique, frente a la isla de Madagascar, al sur. Por la
gran importancia de los fósiles de homininos que se han recuperado de este
valle para el conocimiento de la evolución humana ha recibido el apelativo de
cuna de la humanidad. Allí confluyen las placas tectónicas africana, Somalí, India, y Arábiga. Es el verdadero Edén y no más al noreste, entre los ríos Éufrates y Tigris, como lo relatan las fábulas judeo-cristianas.
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| Gran Valle del Rift |
Los rifts son áreas donde la
presencia de grietas indica que la corteza está sufriendo divergencia y
distensiones. Es similar a una fosa oceánica. Estas zonas son producto de la
separación de las placas tectónicas y su presencia produce seísmos, actividad
volcánica recurrente y siempre se localizan en el centro de las dorsales
oceánicas y el Gran Valle del Rift no es la excepción.
Dentro del valle están
los lagos Turkana, Victoria y Tanganika. Se empezó a formar hace unos 30
millones de años y lo más probable es que dentro de 10 millones de años, se
desprenda totalmente del continente africano con lo cual éste quedaría dividido
en dos. Según las estimaciones de los geólogos se está separando a un ritmo de
16 milímetros al año y algunos se atreven a afirmar que lo que hoy es Eritrea,
Yibuti y el norte de Etiopía se separará primero formando una isla, antes de
que el cuerno de África se desgaje por completo. Algo parecido a lo que le sucedió a lo que hoy
es la isla de Madagascar, la cual se descuajó de África hace unos 130 millones
de años –en el período cretácico-, dejando a su fauna aislada del resto del
continente lo que la hace peculiar y única. Australia es otro ejemplo. Por eso
en Madagascar no hay simios sino prosimios, como lémures, aye ayes e indris. Algunas
de las especies endémicas de Madagascar pudieron llegar en troncos o balsas de
vegetación naturales desde el continente, arrastradas por las corrientes y
tormentas cuando la distancia no era tan pronunciada como hoy, convirtiendo a
esta isla en un museo viviente de cómo era en el pasado evolutivo. Vídeo de Sifakas en Madagascar. https://www.youtube.com/watch?v=_EvfWxVzDjY
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| Lémures de Madagascar |
Lo cierto es que cuando se
formó el valle del Rift el régimen de lluvias de las selva africana empezó a
cambiar. La nueva estructura geológica empezó a modificar el clima, con ello la lluvia procedente del océano Índico que otrora bañara todo el cinturón de la selva
ecuatorial africana no pudo superar esta barrera y convirtió lo que antes era
una frondosa vegetación de selva, en sabana arbustiva. De no haberse producido
esta depresión formando el Valle del Rift, lo más seguro es que nuestros
ancestros no hubieran sido empujados a salir de la selva y quizás nuestra
especie no existiría, o hubiera tomado un rumbo evolutivo diferente, con lo
cual ni yo estuviera escribiendo y usted leyéndolo esto.
A veces nos gustaría
encontrar causas sublimes, elegantes o hermosas para explicar nuestro mundo,
pero la evidencia marca que cosas tan insulsas, prosaicas o simplonas son las
responsables. En fin, los cambios geológicos, la deriva continental y la tectónica
de placas pueden ser los responsables de lo que llamamos civilización, producto
del cerebro de Homo sapiens.
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| Confluencia de dos placas y Gibraltar |
Hace 5 millones de años, el
Mediterráneo se desecó en un lapso asombrosamente rápido de unos cuantos miles
de años –rápido comparado con las eras geológicas y no con nuestros patrones de
medidas del tiempo-. Debido a un espasmo de la corteza terrestre, que unió las
placas africana y europea, Gibraltar se cerró. Hoy, incluso, el Mediterráneo
depende del flujo de las aguas del Atlántico que entran a través del estrecho
de Gibraltar. Dado que la tasa de evaporación en el Mediterráneo oriental es
muy elevada y no entra agua dulce suficiente en forma de lluvia o del
vertimiento de los ríos Danubio, Nilo y Ródano -los tres principales que
desembocan en el Mediterráneo-, se forma una masa de agua salada y densa que se
hunde y fluye hacia el oeste hasta que finalmente sale al Océano Atlántico a
través de Gibraltar; mientras el agua menos salada y menos densa, en la
superficie, entra y fluye hacia el este.
Cuando Gibraltar se cerró
abruptamente hace 5 millones de años se detuvo tanto la entrada de aguas
marinas dulces, como la salida de aguas mediterráneas más saladas. El
Mediterráneo pronto se convirtió en una depresión profunda y densamente salada y durante algún tiempo seca. La rápida evaporación del Mediterráneo se vio
acelerada por el cambio climático que tuvo lugar hacia la misma época, un
enfriamiento espasmódico y global del clima, detectado recientemente por los
geólogos y que sería el presagio de la glaciación que sucedería 2,5 millones de
años después. El efecto de este primer episodio breve de enfriamiento global
sobre el ecosistema africano fue severo: con el descenso de las temperaturas el
clima se hizo más seco, y los bosques húmedos dejaron paso a sabanas más
abiertas.
En este estadio de hábitat
boscoso y sabana emergente tuvieron lugar las etapas iniciales y críticas de la
evolución humana. Así lo demuestran las pisadas del Valle del Rift en Tanzania,
las huellas de tres Australopithecus
afarensis, la Lucy de Donald Johansson, pues a pesar de caminar erguidos
conservaban los vestigios de poder colgarse de las ramas. El pulgar del pie o hallux (dedo gordo), no era paralelo al
resto de los dedos, sino que conservaba algo de la oponibilidad que le permitía
agarrarse a las ramas con los pies.
Estas pisadas fueron descubiertas por Mary
Leakey (la esposa de Richard Lakey) y Richard Hay en 1976-1977. Los tres
homininos, un macho una hembra y una cría, caminaron sobre la ceniza volcánica
vertida por el volcán Sadiman, luego una lluvia fina y el sol secó
posteriormente. Nuevas capas de ceniza volcánica las preservaron. Las huellas
de la cría estaban dentro de las del macho, igual que cuando caminamos por la
playa, de niños, nos da por pisar sobre las dejadas por otro caminante. El
estudio de las huellas señala que caminaban hacia el norte y tranquilos, pero
ya erectos con un bipedismo como el del hombre moderno: primero apoyaban el
talón, luego el arco y finalmente los dedos, especialmente el hallux, para
ejercer presión, adelantar el cuerpo y separar el pie del suelo. También se
encontraron huellas de aves, jirafas, babuinos, gacelas, antílopes y liebres.
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| Huella de Laetoli sobre ceniza volcánica |
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| Huella de Laetoli (Detalle) |
Datadas con el método
potasio-argón demuestran que hace 3.7 millones de años ya nuestros ancestros
caminaban erguidos a pesar de que la capacidad craneal no superaba los 500
centímetros cúbicos, muy similar a la de nuestros parientes más cercanos, los
chimpancés. Todo ello contradice la
vieja creencia de que primero creció el cerebro y luego nos convertimos en
bípedos. Los fósiles y la evidencia paleoantropológica han demostrado lo
contrario: primero nos erguimos, las manos quedaron libres y se disparó el
crecimiento de nuestro encéfalo.
Fueron estas sabanas
arboladas las que atrajeron o quizá empujaron a los Australopithecus a salir del bosque en busca de pequeños mamíferos,
carroña, bayas, raíces, tubérculos y otras especies vegetales. Ya no dependían
de los frutos del bosque, pero estaban más expuestos a los depredadores, y
erguirse proporcionaba una mejor vista de todo lo que estaba al frente. Caminar
erguido le confería ventajas, pero costes también. Para empezar, la postura erguida reducía la exposición al
cálido sol de la sabana. Además, un incremento de la red de vasos sanguíneos en
torno al cerebro, dotó a nuestros antepasados de un sistema eficiente de
refrigeración. Por otro lado, para un hominino de 1,2 metros, permanecer de pie
facilitaría la labor de vigilancia contra posibles depredadores. Muchos
sucumbieron, pero los que sobrevivieron traspasaron esas ventajas. Así funciona
la evolución.
Pero lo más importante es
que al andar sobre las patas posteriores se liberaron las manos. La liberación
de nuestras manos, junto con unos pulgares completamente oponibles, la visión
cromática -de la que hablaremos posteriormente- y estereoscópica (en tres
dimensiones) que conservamos desde nuestros antiguos días en los árboles, hizo
posible la manipulación fina de objetos a un nivel no alcanzado por ningún otro
animal, incluyendo a nuestros parientes más próximos dentro de los primates.
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| Reconstrucción de Australophitecus afarensis |
Así, creemos saber
cómo y por qué se desarrolló la inteligencia humana y porqué nuestra especie
emprendió una carrera de procedimientos cada vez más basados en la cultura para
sobrevivir: sobrevivir en los linderos de bosques y sabanas; encontrar, obtener
y cazar el alimento; rechazar a los depredadores; encontrar, y más tarde, construir refugios; descubrir,
producir, dominar y hacer uso del fuego para calentarse, protegerse y, en
último término preparar y ablandar los alimentos. Al liberarse las manos la
imaginación se espoleó, todo ello porque Australopithecus
afarensis desarrolló una marcha bípeda en respuesta a un cambio climático,
un episodio de enfriamiento global que transformó el paisaje africano hace unos
5 millones de años. Y con ello el curso de nuestra evolución.






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