domingo, 21 de junio de 2015

GENÉTICA DE LA INFIDELIDAD MASCULINA


Estadísticas sobre la infidelidad.
Tomadas de El Espectador A Finales 2011 por IPSOS
Estudiar la conducta de otras especies nos es útil para entender algunos rasgos de nuestro comportamiento y el estudio de la vida amorosa de unas sub especies de ratones nos dio pistas respecto a los mecanismos cerebrales de la monogamia. Los topillos o ratones de la pradera –campañoles-, Microtus ochrogaster y Microtus pennsylvanicus, forman lazos vitalicios y son monógamos de por vida después de sus cópulas que son casi maratonianas (excelentes consortes, dirán las mujeres); en cambio los ratones de montaña Microtus montanus, nunca se atan a una sola pareja. La diferencia radica en un minúsculo trozo de de ADN que tienen los topillos de la pradera y del carecen los de montaña (Phillips, S. 1992; Sherwin, B. B., 1994; Birzniece, V. 2006).
Los machos humanos presentan rasgos de conductas en un amplio espectro que va desde la total poligamia hasta la monogamia más estricta. Las recientes investigaciones suponen que tan variado rasgo comportamental puede deberse a la interacción de diferentes genes y a su expresión en el vertimiento de hormonas. Existe un gen que codifica un particular tipo de receptor de vasopresina-arginina en el cerebro. Los ratones de la pradera con este gen tienen en su cerebro más receptores que los ratones de montañas en los que está ausente el gen. Cuando el grupo de investigadores inyectaron este gen –ausente en forma natural- en los ratones de montañas, los promiscuos e “irresponsables” padres se volvieron monógamos y unos padres hogareños cuidando de sus crías (cuál no sería el asombro de las hembras de estos ratones).

La oxitocina, la llamada hormona del amor, hormona del apego, hormona de la sociabilidad,  preponderante en las hembras, y su equivalente masculino la vasopresina-arginina, son neuropéptidos que tienen al menos setecientos millones de años, anteceden a los mamíferos y que además están relacionados con la regulación del agua y de las sustancias minerales en los organismos de los animales terrestres en general (el alcohol inhibe la acción de la vasopresina: regular los líquidos corporales, por eso cuando usted ingiere alcohol debe ir al baño con frecuencia). Una versión evolutivamente anterior de la oxitocina y de la vasopresina –la vasotocina- desempeña una función crucial en la conducta de apareamiento entre anfibios y es importante para los animales que ponen huevos. Muchas especies de aves también son altamente sociales, y lo que sabemos por el momento sobre su equivalente de nuestra oxitocina –la mesotocina- indica que también desempeña una función en el apego a la descendencia y a la pareja de un modo similar al que obra la oxitocina en los mamíferos. En los mamíferos la regulación del agua y los minerales se hizo mucho más sofisticada, ya que durante el embarazo, la hembra tenía que desarrollar una placenta y un saco de líquido amniótico lleno de un fluido en el que crecen las crías, y después del nacimiento la hembra tenía que producir leche para esos bebés.

Pues bien, los machos con una versión más larga del gen receptor de la vasopresina mostraban una monogamia más acusada y pasaban más tiempo lamiendo y cuidando a sus cachorros; mostraban más preferencias por sus parejas, incluso cuando tenían la oportunidad de echar una cana al aire con una hembra fértil, joven y con ganas de flirtear: es decir, son los padres y parejas más responsables y dignos de confianza –en el mundo de los topillos, quiero decir-.

“La monogamia no parece ser natural en el mundo natural”, dijo hace algunos años el zoólogo norteamericano David Barash y parecía ser una explicación científica de la infidelidad humana basándose en el mayoritario comportamiento polígamo de los animales. La monogamia es un rasgo presente en el 5% de los animales y sólo el 3% de los mamíferos. Un reciente estudio hecho por investigadores de la Universidad Max Planck de Alemania encontró que las hembras ánade diamante mandarín son infieles porque heredan una variante genética (alelos) del padre, el cual incrementa la tendencia a la promiscuidad. Podríamos concluir que el gen de la infidelidad es real y lo transmiten los machos (al menos para el diamante mandarín). Igualmente los investigadores sugieren que para el caso de la infidelidad femenina no reporta ventajas evolutivas (aunque pienso que la diversidad genética ya es una ventaja) y que las hembras que incurren en infidelidad lo hacen porque han heredado por vía paterna el gen que les da la predisposición o vulnerabilidad.
Sin embargo, un estudio hecho por investigadores suecos culpa de la infidelidad masculina a un gen en particular: el alelo 334 que tienen el 40% de los hombres. Esto no es una justificación para la infidelidad masculina; es más complicado que eso e implica muchos más factores. Si hasta ahora los cuernos han tenido infinidad de excusas, ni más faltaba que cuando a usted lo descubran en una situación similar, le diga a su pareja lo siento mi amor, no fui yo, fue mi alelo 334. Este hallazgo en vez de excusar a los hombres, en un futuro podría servir para la investigación de patologías cuyas características son las dificultades en las relaciones sociales, tales como el autismo o las fobias sociales.
El alelo 334 gestiona los receptores de vasopresina arginina, hormona que como vimos arriba se encuentra presente en el cerebro de la mayoría de los mamíferos. “Es la primera vez que se asocia la variante de un gen específico con la manera en que los hombres se comprometen con sus parejas”, explicó Hasse Walum, uno de los responsables de la investigación del Instituto Karolinska. El estudio se llevó a cabo al menos durante cinco años con más de mil parejas heterosexuales, de las cuales quinientos cincuenta eran gemelos. Los hombres con el alelo 334 –dos de cada cinco-, manifestaron tener lazos más débiles con sus esposas, y ellas que se sentían menos satisfechas con sus parejas que las que se casaron con hombres carentes de esta variante genética. Incluso los hombres que tienen dos copias del alelo han tenido más crisis de pareja y éstas manifestaron sentirse más insatisfechas. Aunque poseer el gen no implica estar determinado a fracasar en una relación de pareja, esa vulnerabilidad genética incrementa las posibilidad de que ocurra y de que pueda a llegar a ser más infiel. También es posible que los padres dedicados y las parejas fieles nazcan y no se forjen según el ejemplo del padre.

Es muy frecuente que entre las científicas se gasten bromas diciéndose que deberían preocuparse más por la longitud del…gen de la vasopresina, que por la longitud de cualquier otra cosa, incluyendo la de la cuenta bancaria… O quizá las mujeres puedan conseguir en las farmacias un test, similar a la prueba de embarazo, para saber qué largo es este gen en el futuro compañero para estar seguras de llevarse al mejor dotado.
Nuestros primos más cercanos –chimpancés y bonobos- presentan también longitudes diferentes de este gen que determinan su comportamiento social (Parry, 2002). Los chimpancés, que cuentan con la variante más corta, viven en sociedades organizadas territorialmente controladas por los machos que hacen frecuentes razzias contra los grupos vecinos con fatales consecuencias. Por el contrario, los bonobos que cuentan con la versión más larga del gen, son excepcionalmente sociales, están regidos por jerarquías femeninas y sellan toda interacción social con frotamientos sexuales entre machos y hembras, entre machos y entre hembras: un nirvana sexual perpetuo.
La versión humana del gen es más parecida a la del bonobo y responden mejor socialmente quienes tiene el gen más largo; sin embargo, en los autistas se ha encontrado que tiene la versión más corta lo cual los lleva a condiciones de profundos déficits sociales (Bennett, D. S., 2005; Lu N. Z., 2002; Cyranowski, J. M., 2000; Young, 1995). Podría decirse que las diferencias en el compromiso de emparejamiento pueden tener relación con nuestras diferencias individuales en la longitud y expresión de este gen y en las hormonas, como ya dijimos antes.


Como las mujeres sólo pueden tener un hijo cada nueve meses; el embarazo y parto es un riesgo digno de tener en cuenta; sacar adelante a una cría es costoso en términos de inversión biológica, las mujeres desean tener parejas fieles que les ayuden a sacarlas adelante para que sus genes pasen a la siguiente generación: el imperativo biológico de todas las especies.

sábado, 20 de junio de 2015

PALEO-BIOLOGÍA DE LA INFIDELIDAD FEMENINA


Viñeta del dibujante Alberto Montt

Que el sexo acontezca en el momento preciso del mes es la estrategia de la Naturaleza para asegurarse que las parejas que se han juntado tengan descendencia. Para ello los olores están intensamente relacionados con la memoria la conducta sexual y las emociones. La nariz de las mujeres y sus circuitos cerebrales, al igual que el de los hombres y la mayoría de los mamíferos, son muy sensibles poco antes de la ovulación. Todo ello muy a pesar de que como primates hemos ganado mucha más sensibilidad visual a costas de la olfatoria, cuando abandonamos la comodidad de la selva tropical y nos adentramos en la riesgosa sabana arbolada durante las primeras etapas de nuestra evolución.  Aún somos sensibles no sólo a los olores ordinarios, sino a los imperceptibles  de las feromonas, a pesar de que algunos estudiosos niegan la existencia de ellas para los humanos y no terminan en ponerse de acuerdo al respecto.
Las feromonas, término acuñado a finales de los años 1950 del griego pheran, transferir y hormas, excitar, son sustancias que despiden la piel y las glándulas del sudor de los humanos y otros animales. Estas glándulas son las llamadas apocrinas en los humanos se localizan en la axila, periné y pubis y alteran las percepciones cerebrales y las emociones influyendo en las apetencias y deseos, entre ellos el deseo sexual. Aunque también poseemos este tipo de glándulas en el conducto auditivo externo y párpado, no son cruciales para el emparejamiento.

El cerebro cambia su sensibilidad al olor cuando el incremento del estrógeno conduce a la ovulación. Sólo se necesita una ínfima cantidad de una feromona para ocasionar un efecto tremendo. Esta es la razón por la que la industria de la perfumería se desespera intentando agregar esta sustancia a perfumes y lociones para después del afeitado; pero lo que no sabe es que el efecto depende de cada persona, del día y hasta de la hora del ciclo menstrual.
Antes de la ovulación, cuando las mujeres están en el pico de su fertilidad mensual, se hayan expuestas a una feromona de las glándulas sudoríparas masculinas llamada androstadienona –versión próxima de la androstenediona-, el mayor andrógeno que producen los ovarios: su agudeza mental se afina y su actitud cambia en el plazo de seis minutos, evitando que se pongan de mal talante durante las horas siguientes, es decir la preparan para las interacciones sociales y reproductivas. En la pubertad, sólo los cerebros femeninos –no los masculinos, excepto los de los homosexuales- son capaces de detectar la androstadienona, y son sensibles a su efecto durante ciertas fases del mes.

En la Universidad Carlos, en Praga, Jan Havlicek, encontró que las mujeres que están ovulando y ya tienen pareja prefieren el olor corporal de otros hombres más dominantes; en cambio, las mujeres sin pareja no tenían esta preferencia. El investigador sostiene que sus hallazgos fundamentan la teoría de que las mujeres sin pareja quieren hombres que las cuiden y ayuden a fundar una familia –hasta ahí nada nuevo-; pero una vez asegurado el hogar sienten la necesidad biológica de tontear con hombres que tengan mejores genes. Algunos estudios sobre emparejamiento en aves, que se pensaba que se mantenían monógamos de por vida (el cisne es el caso más conocido), mostraron que hasta un 30% de las crías eran de otros machos que aquellos que les cuidaban y vivían con las madres. Me dirán es que no somos aves. Esperen. Sigan leyendo.

No estoy intentando destruir el mito de la fidelidad femenina, ni más faltaba; estoy exponiendo los resultados de estudios serios y que no tienen un sesgo sexista. Entre 1993 y 1995 los investigadores R. Baker y M. A. Bellis, llevaron a cabo un estudio en Gran Bretaña y Estados Unidos y encontraron que entre un 5 y un 30 por ciento de los niños nacidos en  hospitales reconocidos no tienen relación genética alguna con los padres que creían haberlos engendrado. Es decir no eran sus padres biológicos. Dichos estudios sí fueron publicados en la revista Animal Behaviour, y digo que sí porque ya en 1940 un reputado médico investigando sobre los grupos sanguíneos, en 1940, encontró que un 10 por ciento de los hijos eran producto del adulterio femenino; pero guardó un prudente silencio y nunca publicó sus resultados –en esos años los hábitos sexuales eran un tema tabú- y hasta ahora ha preferido mantenerse en el anonimato. Ese 10 por ciento puede que sea superior ya que no todas las relaciones de adulterio terminan con un embarazo. El secreto profesional impide que revelen a nadie esta circunstancia, pero no impide que los investigadores se pregunten por qué ocurre. ¿Acaso el cerebro es más propicio a desatar el orgasmo y a concebir con un hombre distinto a su pareja habitual? Estoy caminando por una pendiente resbaladiza y hasta puede que algunos piensen que es una posición políticamente incorrecta y sexista; pero no. Estoy exponiendo lo que se ha descubierto hasta ahora. Se cree que sentir el orgasmo con una pareja deseable y distinta es ventajoso para la reproducción (Hardy, Sara, 1997. El aumento de la conciencia de Darwin). Como ya dijimos en una entrada anterior, desde hace mucho se sabe que las succiones uterinas y las contracciones musculares asociadas al orgasmo tiran del esperma  a través de la mucosa cervical para ayudarlo en su carrera hacia el óvulo acercándolo a él; el orgasmo con un hombre atractivo aporta mayor probabilidad de que el esperma llegue al óvulo. Este incrementa la probabilidad de concebir con una pareja deseable podría ser la razón por lo que las mujeres estén en general más atraídas por otros hombres durante la segunda semana del ciclo menstrual – antes de la ovulación- que es el momento más fértil y erótico de su ciclo.

También hay estudios que muestran que las mujeres con amantes paralelos empiezan a fingir el orgasmo con más frecuencia con sus parejas estables (Thornhill, 1995). También era más común fingir el orgasmo con las parejas fijas cuando sólo se limitaban a tontear con otros, aunque no llegaran a tener relaciones sexuales. Como el cerebro de los hombres está diseñado para buscar indicios de satisfacción ya que ello indica, aunque no garantiza, la fidelidad de la mujer, fingir el orgasmo puede servir para que la pareja estable de  una mujer no piense, ni tenga indicios de ella; así como fingir interés en su pareja estable es un viejo truco de los hombres para engañar a la mujer respecto a la fidelidad, con mucha frecuencia, durante varios años de matrimonio. Confunde para que no sospechen. Algunas aves, cuando un depredador se acerca al nido, poniendo en peligro la supervivencia de sus polluelos, salen de éste caminando como si tuvieran un ala rota, lo cual desvía la atención del cazador en su nidada y atrayéndola hacia ella.


Igualmente se ha encontrado que cuando las mujeres tienen amantes clandestinos retienen menos esperma de sus parejas estables y experimentan más orgasmos durante las relaciones paralelas, reteniendo más semen de los amantes secretos. Resumiendo, todos estos hallazgos sugieren que el orgasmo femenino tiene poco que ver con que los elegidos para casarse sean bien parecidos, que con otras más -bien ocultas e inconscientes- sobre las dotes genéticas de los amantes secretos. Están diseñadas de tal modo que dejan abiertas las opciones para fingir orgasmos con el fin de alejar la atención de la pareja de sus infidelidades. Las mujeres no están más diseñadas que los hombres para la monogamia (Hrdy, Sara. 1997). Después de todo la mayor parte de nuestra evolución ocurrió en unas condiciones difíciles, en ambientes hostiles, en donde era, biológicamente, más importante incrementar la diversidad genética y la supervivencia del individuo y su descendencia que algunas consideraciones de tipo ético que aparecieron mucho después, cuando nuestro cerebro aumentó de tamaño y los grupos se hicieron más numerosos para lo cual debían existir normas que mantuvieran la convivencia pacífica, pues al fin y al cabo la alta y sofisticada sociabilidad es una de las características más notables de nuestra especie, sociabilidad que le permitió salir adelante en un ambiente por lo demás difícil para un mono recién salido de la comodidad de la selva y con muy pocas “herramientas” para competir y subsistir en un mundo que nada tenía que ver con el “paraíso” bíblico. Pero como especie inteligente (Homo), llevamos muy poco –menos de doscientos mil años- y nuestras herramientas biológicas y cognitivas fueron diseñadas para sobrevivir en un ambiente diferente y aún no han tenido el tiempo suficiente para cambiar –los genes viajan a caballo y la cultura en avión-. En fin, aún llevamos esculpido en nuestro cerebro gran parte del comportamiento  de un mono del paleolítico.

domingo, 14 de junio de 2015

EL ORGASMO FEMENINO




El orgasmo más famoso de Hollywood.
Meg Ryan en "Cuando Harry encontró a Sally"

El clímax sexual de las mujeres es más complejo y oculto que el de los hombres y puede ser fingido. Va más allá del equivalente a una eyaculación masculina acompañada del mismo incentivo para ambos sexos de ser una experiencia adictiva para buscar ulteriores encuentros. Las mujeres, a diferencia de los hombres, no tienen necesidad de experimentar un orgasmo para concebir, aunque ayuda que lo experimenten y más adelante veremos por qué.

Todos los científicos están de acuerdo sobre para qué sirve el orgasmo masculino, no así para el femenino. Algunos han llegado a afirmar que no sirve para nada; sin embargo, al menos funciona para que una mujer se mantenga tumbada después de un encuentro sexual, reteniendo pasivamente el esperma, evitando que éste se escurra lo cual incrementa la probabilidad de que al menos uno gane el “premio mayor”: o sea, fertilizar un óvulo. Es sabido que el orgasmo es un placer intenso, y cualquier cosa que nos haga sentir bien nos hace desear repetirlo una vez más – igual que todas las adicciones-. Para ello se vale de una región de nuestro cerebro que forma parte del sistema de recompensa, el llamado núcleo accumbens. A más encuentros sexuales mayor será la probabilidad de que los genes de sus portadores se perpetúen y con ello la especie, cualquiera que sea. Hay quienes han sugerido que el orgasmo femenino evolucionó como un “pegamento” sólido entre los amantes, creando en las mujeres sentimientos de intimidad y confianza respecto a su pareja a fin de sacar adelante la posible descendencia producto de la unión.

Algunos psicólogos evolutivos consideran que el orgasmo femenino como una adaptación que permite a las mujeres “manipular” –incluso, inconscientemente-, a cuál de los amantes permitirá fertilizar sus óvulos (Eberhard, W. G., 1996; Bellis, M. A., 1990). La respiración acelerada, el corazón bombeando sangre a un ritmo endiablado, los gemidos, los estados de placer casi alucinantes (afectando la corteza orbito frontal y la descarga de opiáceos endógenos en el sistema de recompensa, el núcleo accumbens, para que se repita), las contracciones y espasmos musculares son incuestionablemente hechos biológicos muy complejos; pero pueden tener un designio funcional. Los cuerpos y los cerebros femeninos escogen al vencedor de la competencia de espermas mediante el orgasmo. Desde hace mucho se sabe que las succiones uterinas y las contracciones musculares asociadas al orgasmo tiran del esperma  a través de la mucosa cervical para ayudarlo en su carrera hacia el óvulo acercándolo a él. Cuando una mujer llega al orgasmo en cualquier momento entre un minuto antes y cuarenta y cinco minutos después de que su pareja eyacule, retiene más cantidad de esperma que cuando no experimenta orgasmo (Dawood, K., 2005). En concordancia con los resultados de esta investigación podemos concluir que la ausencia de orgasmo significa menos esperma ingresará al interior del cérvix, puerta de acceso al útero donde espera el óvulo.  Mientras que al hombre le preocupa la falta de orgasmo en su pareja –por el temor a ser apartado y no querer tener más relaciones sexuales-, las mujeres orgásmicas pueden proponerse (repito, inconscientemente), algo mucho más inteligente, desde el punto de vista evolutivo. Es decir, con sus orgasmos una mujer decide qué pareja será el padre de sus hijos. Y es que la biología busca trampas para gobernar nuestras mentes conscientes y manipular los resultados a fin de asegurar la supervivencia y que nuestros genes pasen a la siguiente generación. De tal suerte que mucho de lo que explicamos racionalmente no es más que la forma que tiene nuestro hemisferio cerebral derecho de interpretar las decisiones inconscientes que ya ha tomado el hemisferio izquierdo. Los etólogos (estudiosos del comportamiento) han observado que las hembras de los animales prefieren machos con gran simetría bilateral –que ambos lados sean lo más exacto posible-, aunque la simetría perfecta no existe o es escasa. La razón de que un equilibrio corporal sea importante es que una asimetría puede ser indicador de genes defectuosos, enfermedades, desnutrición o todos. Los anteriores agentes pueden causar alteraciones en la simetría bilateral en ojos, plumas, colores, brillo, alteraciones en el canto y un largo etcétera, que son las características por las cuales las hembras de las aves escogen su pareja.

Voy a desviarme un poco del tema para explicar porqué los colores brillantes de las aves no van de la mano con la enfermedad. Sólo hasta la década de 1990 se vino a saber que los carotenoides (los que les dan su color a zanahorias, tomates, pimientos) juegan un papel fundamental en el sistema inmunitario. Se trata de pigmentos que generan varios colores –rojo, amarillo y anaranjado- y que los vertebrados no sintetizan, de tal suerte que tienen que incorporarlos mediante los alimentos. Por tanto un sistema inmunitario activo –en el caso de infecciones- debe extraer carotenoides de los tejidos que le rodean para combatir a los invasores. Los individuos fuertes y saludables tienen el suficiente pigmento de sobra como para trasladarlo a la superficie del cuerpo –plumas- que se constituye en un elemento de atracción.

Los científicos piensan que si los orgasmos femeninos son una forma de asegurar buenos genes para los futuros hijos, las mujeres deben gozar de más orgasmos con parejas bien parecidas y simétricas. Investigadores de la Universidad de Albuquerque estudiaron a ochenta y seis parejas sexualmente activas, heterosexuales, con un promedio de edad de veinte años y dos de convivencia. Hicieron que cada uno contestase en privado y anónimamente un cuestionario sobre sus experiencias sexuales; tomaron fotografías de la cara de cada uno y por ordenador analizaron los rasgos simétricos; midieron varias partes del cuerpo como anchura de los codos, tobillos, pies, huesos de las piernas, muñecas, longitud de los dedos meñique e índice. Y no se equivocaron: la relación entre la simetría masculina y el orgasmo femenino resultó significativa. Los informes de los amantes y sus mujeres mostraban que aquellas con parejas más simétrica gozaban de una frecuencia mayor de orgasmos en el acto sexual, que las que tenían parejas menos simétricas.

Los hombres guapos lo saben aún desconociendo el estudio. Los hombres simétricos pasan por períodos de cortejo más corto antes de tener relaciones sexuales con las mujeres que cortejan; gastan menos tiempo y dinero en sus escarceos; también engañan más a menudo a sus parejas que quienes tienen el cuerpo menos simétrico. Claro que eso no es lo que las mujeres quisieran creer, pero “Así es la Biología” como decía Ernst Mayr. Quiero dejar bien claro que no es una justificación, es una explicación. A las mujeres, por ejemplo, les gusta más la suposición del emparejamiento que dice que con hombres amables y atentos tendrán más orgasmos. Esto que voy a decir no es un comentario sexista, es la realidad biológica en la que evolucionamos: las mujeres desean constantemente ambas cosas en un solo paquete, lo mejor de los dos mundos, pero nuevamente la biología muestra que eso es ilusorio.

Como dijimos antes, nadie es totalmente simétrico, pero mujeres y hembras de otros animales estiman –inconscientemente- que los más simétricos están mejor dotados y desean que su prole lleve esos genes. Para darle el golpe de gracia a la sabiduría convencional de las mujeres y sorpresa de los investigadores, la pasión romántica de las mujeres por su pareja no incrementa la frecuencia de los orgasmos. Tampoco es verdad que el control de la natalidad y la protección contra enfermedades de transmisión sexual aumentan las tasas de orgasmos femeninos, porque se sientan más seguras y relajadas durante el encuentro sexual. Hasta ahora no ha aparecido ninguna correlación entre el uso de anticonceptivos y el orgasmo femenino. Donde sí se encontró relación es, como dijimos antes, entre el buen aspecto de la pareja y la frecuencia de orgasmos femeninos. Al fin y al cabo nuestro cerebro evolucionó durante millones de años sin estos dos triunfos de la ciencia –condones y píldoras-,  y son tan recientes como para modificara la química y fisiología con la que el cerebro experimenta el sexo.

Uno de los mayores placeres de la vida es el sexo y que hombres y mujeres tengan orgasmos intensos es suficiente para que sea un objetivo en sí (los estudiosos no se ponen de acuerdo si otras especies lo experimentan, yo creo que sí, aunque en los humanos el grado de placer es muchísimo mayor). De allí que en nuestra especie –y en otras, como los bonobos- se den relaciones sexuales cuya probabilidad (o finalidad) de dejar descendencia sea nula: el sexo por el sexo, del cual hablamos en una entrada anterior.



Cuando Harry encontró a Sally (Vídeo)

domingo, 7 de junio de 2015

EL TAMAÑO SÍ IMPORTA


Dentro del orden de los primates tenemos dos grandes superfamilias y una de ellas es la de los hominoideos de la cual forman parte los gorilas, chimpancés, orangutanes, gibones y, por supuesto, nosotros.
El hombre es el primate con el pene más grande y los testículos sólo son superados por los de los chimpancés. Por cierto, somos los únicos primates que no tenemos báculo u os penis, un hueso muy frecuente en el pene de los mamíferos, aunque ya es muy reducido en los grandes simios (11 milímetros en el gorila).

Cuando las especies son monógamas machos y hembras son de tamaño similar ya que cualquier macho puede acceder a una hembra, mientras que en las especies poligínicas el tamaño importa puesto que a mayor corpulencia, mayor probabilidad de quedarse con las hembras. Si eres un combatiente el tamaño importa, pero el tamaño de los genitales lo determina el tipo de organización social en el cual se vive.


PESO CORPORAL
PESO DE LOS TESTÍCUOS
TAMAÑO DEL PENE
DURACIÓN DE LA CÓPULA
HOMBRE
70-80 KIlos
42.5 Gramos
14 Centímetros
4 minutos
CHIMPANCÉ
50 Kilos
113 Gramos
7.62 Centímetros
15 segundos
GORILA
150 -200 Kilos
30 Gramos
3.17 Centímetros
1 minuto
ORANGUTÁN
80 Kilos
35 Gramos
3.81 Centímetros
15 minutos

Los gorilas viven en harenes donde un macho tiene la exclusividad sexual sobre un grupo de varias hembras. Su tamaño duplica al de las hembras ya que debe competir con otros machos por la posesión de ellas. Por ello la fuerza y tamaño importa. En estos primates es fácilmente reconocible un macho por su cresta sagital abultada, su tamaño voluminoso y la espalda plateada. En cambio como compite mediante la fuerza por la posesión de las hembras el tamaño de su pene es minúsculo, 3,17 centímetros y de un discreto color oscuro que no resalta del de su pelaje y unos testículos de apenas 30 gramos de peso a pesar de su masa corporal puede llegar a los doscientos kilos. Como no compite con el esperma de otros machos no necesita tener unos testículos grandes que produzcan gran cantidad de él. Además la hembra no reemprende sus actividades sexuales hasta tres o cuatro años después de haber dado a luz y sólo es receptiva un par de días al mes hasta que vuelva a quedarse preñada. Como se ve, a pesar de su corpulencia, en un gran “espalda plateada” con un harem de varias hembras, las relaciones sexuales son un placer infrecuente, experimentado a lo sumo unas cuantas veces al año. El minúsculo tamaño de sus testículos es el adecuado para tan modestas exigencias.

Los orangutanes por su parte también evitan la competencia espermática por la posesión de las hembras, imponiéndose por la fuerza física a sus rivales, de allí que tengan mucho cuerpo pero pocos testículos. No es que gorilas y orangutanes practiquen una monogamia estricta y permanente, sino que no permiten que sus rivales se acerquen a las hembras receptivas con las que están en ese momento y las acaparan sexualmente mediante la fuerza. Los orangutanes son solitarios, pero cuando una hembra entra en celo hay disputas por sus favores sexuales. Los machos de gorilas y orangutanes pesan más del doble que sus hembras.Sus testículos de 35 gramos,  pesan cinco gramos más que los de los gorilas y su pene de 3.8 centímetros es ligeramente superior a los 3.17 centímetros del gorila, a pesar de que la masa muscular de un gorila es el doble que la de un orangután. Sin embrago la cópula del orangután suele durar hasta quince minutos en posiciones que alternan desde la de cara a cara –como los chimpancés y humanos- con las dorso ventrales y laterales, con mayor exigencia acrobática, ya que lo hacen colgados de las ramas de los árboles lo cual deja pálidos a los cómodos ejercicios de cámara de los humanos y boquiabierto al autor del Kamasutra.

Copula frontal entre chimpancés
Los chimpancés son los campeones en cuanto al tamaño de los testículos (entre 113 y 119 gramos) y ello se debe a que las hembras en celo son “promiscuas”, es decir copulan con varios machos durante el día, pero al final los de rango más alto son los que acaban teniendo mayor descendencia. Promiscua es un término demasiado humano y cargado de connotaciones de tipo moral, pero a falta de otro término más adecuado lo seguiré usando en ese sentido desprovisto de las implicaciones de tipo moral. Podríamos decir que en los testículos del macho está grabada la promiscuidad de las hembras.

Para los primates y muchos otros mamíferos se ha observado una correlación entre el tamaño de los testículos y la promiscuidad femenina, o sea, la confianza que tienen los machos en la paternidad. Por supuesto, la seguridad de que las crías con las que convive son suyas es inversamente proporcional a la promiscuidad femenina. Antes de continuar voy a ser una pequeña digresión: quizá el vocablo soez e insultante, permitanme una grosería, pero es que de otro modo no se entendería, huevón, que se le espeta a algunos varones, signifique eso: “tu pareja copula con varios machos diferentes a ti”. Es muy posible que quienes lo utilizan lo hagan, aún sin saber nada de Biología.
Bonobo exhibiendo el pene

Antes de que se descubriera el concepto de guerra espermática no había explicación para las diferencias del tamaño de los testículos de diferentes especies de primates, cuyo peso testicular no dependía de la masa corporal como en la mayoría de los otros órganos.
La mayoría de los chimpancés machos que conviven en un grupo donde abundan las hembras viven en una suerte de nirvana sexual, con oportunidades de copular casi diarias en el chimpancé  común y varias diarias en el bonobo. Ello unido a la necesidad de superar a sus congéneres en su aportación de semen para fecundar a las promiscuas hembras, explica la necesidad de que sus testículos sean grandes.

A los humanos nos basta con tener unos testículos de tamaño mediano, pues el hombre copula más a menudo que los gorilas y orangutanes, pero menos que los chimpancés y bonobos. Además la mujer con su ciclo menstrual típico (oculto), no suele impulsar a varios hombres a enzarzarse en una competencia dirigida  a fecundarla.
La conducta sexual post reproductiva (el sexo por el sexo) es una característica de nuestra especie y en la cual nos acompañan nuestros parientes más cercanos, los bonobos –mal llamados chimpancés pigmeos-, quienes también practican el sexo por el sexo y no con fines reproductivos, sino sociales. Y es que los bonobos utilizan el sexo como moneda de cambio para casi todo: conseguir un bocado suculento, calmar a un compañero molesto, o para pasar el rato. Y se da el caso que las relaciones homosexuales también son frecuentes entre ellos, tanto entre machos, como entre hembras; y no son los únicos animales que manifiestan este comportamiento (afortunadamente en el Vaticano no saben Biología, de lo contrario ya habrían impuesto sus normas a las sociedades de bonobos).

Hay varias teorías sobre por qué el tamaño del pene de nuestra especie es el más grande entre los primates.
Herma griego
1.-  Cumplía la función de ahuyentar a otros machos. Se sabe que algunos macacos y papiones, se sientan de espaldas al grupo y de frente a los posibles intrusos, cuando uno se acerca el macho tiene una erección indicándole al intruso “como te acerques te voy a someter”, lo cual se hace con una cópula ritualizada. En el pasado se tallaron esculturas de penes erectos y un rostro amenazador que se plantaban como guardianes de poblados, casas y heredades y se usaban como amuletos. Son los hermas de los griegos y los romanos grababan un pene junto a las puertas de entrada a las ciudades. Aunque ahora no se sabe de ningún enano bien dotado que disuada a un fortachón de dos metros, pero es que no podemos juzgar a nuestros ancestros por las reacciones sicológicas actuales. Además la competencia que produce verdadera selección se da entre iguales o casi iguales.
2.- Fue seleccionada por las hembras sólo porque sí. Esto no es un disparate. Algunas estructuras fueron seleccionadas por la presión sexual sólo porque eran atractivas para las hembras y como el genotipo no se puede ver –los caracteres internos-, el fenotipo sí es visible, o sea la expresión de los genes en el cuerpo de cualquier especie. Y un órgano copulador grande es indicativo de buena salud –buenos genes- y de que se es tan sano que se pueden desperdiciar en producir estas estructuras; igual que la cola del pavo real o la melena del león.
No puede ser un símbolo que atraiga a las mujeres ya que éstas manifiestan que les atraen más la voz, las piernas, las cejas, el mentón, incluso las nalgas. 
3.- Sirve para darle placer a la hembra.  Está ligada a la cuarta que es de carácter funcional. El orgasmo produce contracciones que succionan a los espermatozoides. El varón que más le gusta a la hembra y que le produzca orgasmo tiene más oportunidades de ser el padre de la futura cría puesto que las contracciones orgásmicas succionan al esperma, acercándolo al óvulo.
4.- Acerca el esperma al óvulo. Es posible que en las primeras etapas de nuestra evolución los conflictos se resolvieran por la fuerza bruta al modo de gorilas y orangutanes y los genitales masculinos serían pequeños. No había cooperación entre machos ni formación de grupos complejos y solidarios.
Luego a medida que nos fuimos haciendo más sociales y formando grupos más numerosos pudo surgir la competencia espermática y el incremento del tamaño del pene humano fue el resultado de una  promiscuidad femenina más marcada en nuestra historia evolutiva. Esto que parece paleopoesía tampoco es un disparate, aunque carecemos de pruebas puesto que los órganos blandos no fosilizan.
Fue en esta época que se estableció la guerra espermática ya que había comunidades de cazadores y recolectores con miembros de los dos sexos en la que los machos cooperaban amigablemente para la obtención del alimento y se practicaba el sexo de forma indiscriminada para que no hubiera tensiones. Esta época de gran promiscuidad llevó a que se hicieran más grandes los genitales, como los de los chimpancés actuales.

Entre el Homo ergaster (erectus) y el Homo sapiens, el ocultamiento de la ovulación pudo aumentar la confianza entre machos y la de los machos hacia las hembras -en la seguridad de la paternidad-, incrementando las habilidades sociales, aumentando la eficiencia reproductiva como especie –evitando de paso la guerra espermática- y arrastrando la monogamia como subproducto, aunque es difícil decir qué llevó a qué. Cualquiera de las dos pudo favorecer a la otra. Y aunque la guerra espermática ya no es funcional, el tamaño del pene no ha disminuido -economía evolutiva-, quizá porque ahora confiere ventajas a la hora de acercar el esperma a los óvulos ahora que eran completamente bípedos y se había modificado la posición de los ovarios respecto a la de los cuadrúpedos.

La inteligencia y personalidad entre los humanos adquirieron preponderancia sobre el simple tamaño ya que los jugadores de baloncesto,  físico culturistas y los luchadores de sumo no tienen más mujeres que los jokeys o los patrones de yates. Luego los caracteres sexuales secundarios tiene la función de atraer a la pareja. Las diferencias externas de  nuestra especie no son tan acusadas como en gorilas u orangutanes, pero reflejan nuestra ligera poliginia.


Aborigen portando un falocarpo
Si los hombres pudieran diseñar sus penes quizás serían más grandes de lo que son actualmente como lo hacen en algunas tribus de Nueva Guinea donde los hombres se fabrican unos falocarpos de hasta 50 centímetros y los adornan con retazos de pieles de animales, siendo de varios tamaños formas y colores. Si no diseñamos el tamaño del pene es por el compromiso con el tamaño de los genitales femeninos.

En fin, lo siento por Freud, la envidia del pene la sienten, no las mujeres sino, los hombres.


Bibliografía
         1.- Arsuaga, Juan Luis. El primer viaje de nuestra vida
            2.- Arsuaga, Juan Luis y Martin-Loeches, Manuel. El sello indeleble
             3.- Diamond, Jared. El tercer chimpancé