Desde el punto de vista biológico y evolutivo, el chismorreo
cumple una función social, aunque tiene
mala prensa, es universal -se encuentra en todas las culturas y en todos los
tiempos-, es beneficioso y nos ayuda a sobrevivir socialmente.
El chismorreo, en este sentido, es la manera de pasar el tiempo con
alguien. Con chismorreo no me refiero a los cotilleos malintencionados, sino
más bien a la charla informal, por así decirlo. La palabra cotilla se refiere a una "persona amiga de chismes y cuentos". El origen del término proviene de una mujer llamada María de la Trinidad, quien vivió en España durante el reinado de Fernando VII, también conocida con el sobrenombre de Tía Cotilla. Aunque no hay acuerdo sobre el origen de ese apodo, se piensa que pudo deberse a su apellido o al empleo de un tipo de corpiño que usaban las mujeres de la época y que recibía el nombre de cotilla.
El cotilleo mal intencionado es utilizado por organizaciones estatales, políticas y religiosas. Hoy tiene más poder que en el pasado gracias a las comunicaciones y redes sociales. Es más fácil acabar con la reputación de alguien o condenarlo al aislamiento social.
Dos tercios del tiempo (65%) empleado en el cotilleo son sobre uno mismo o los demás, y en una situación social, pero no en el entorno laboral: en el trabajo se habla de trabajo.
Los hombres usan el chismorreo mucho más para exhibirse. Cuando conversan, especialmente con mujeres, suelen hablar sobre temas técnicos más basados en sus conocimientos. Conocimiento técnico y objetivo dependiendo de sus gustos, preferencias o profesión. En cambio las mujeres tienden a charlar mucho más sobre la naturaleza de las relaciones sociales. Saben construir mejor que los hombres la base de la vida social. Y esto funciona igual en todos los primates.
El cotilleo mal intencionado es utilizado por organizaciones estatales, políticas y religiosas. Hoy tiene más poder que en el pasado gracias a las comunicaciones y redes sociales. Es más fácil acabar con la reputación de alguien o condenarlo al aislamiento social.
Dos tercios del tiempo (65%) empleado en el cotilleo son sobre uno mismo o los demás, y en una situación social, pero no en el entorno laboral: en el trabajo se habla de trabajo.
Los hombres usan el chismorreo mucho más para exhibirse. Cuando conversan, especialmente con mujeres, suelen hablar sobre temas técnicos más basados en sus conocimientos. Conocimiento técnico y objetivo dependiendo de sus gustos, preferencias o profesión. En cambio las mujeres tienden a charlar mucho más sobre la naturaleza de las relaciones sociales. Saben construir mejor que los hombres la base de la vida social. Y esto funciona igual en todos los primates.
Tanto en monos y simios como en humanos, el
núcleo de la vida social lo forman las hembras, las mujeres, y es como si los
machos estuvieran más al margen. Por ello, las relaciones masculinas suelen ser
menos estables a largo plazo, un poco más políticas y se basan en un objetivo
aquí y ahora; mientras que las relaciones entre mujeres son mucho más duraderas
y suelen basarse más en la familia y a ser más sociales.

La manera que tiene algunas aves, monos y simios de crear amistades y de entablar relaciones con otros individuos es a través del acicalamiento o despiojamiento. Tocarse físicamente resulta muy importante a la hora de transmitir la fuerza emocional de una relación. Para los primates, humanos o no, el contacto físico es esencial y los primates no humanos se tocan abundantemente durante el acicalamiento. Esta actividad evolucionó evidentemente en el contexto de la higiene, pero bastan diez minutos diarios para que un animal se mantenga libre de parásitos, suciedad o cualquier elemento extraño y sin embargo los primates no humanos le dedican varias horas. ¿Cual es la razón? Establecer y mantener las relaciones sociales. De tal suerte que lo que en un principio formó parte de la higiene, luego adquirió un valor adicional en los animales sociales y los humanos no somos la excepción.
Cuando alguien dice nos llevamos bien gracias a que podemos hablar, habría que responder sí, ¡y hablando también se confunde y malinterpreta la gente!
Todos los monos y simios y, por tanto, también nosotros (ya que formamos parte de los primates), simplemente utilizamos el acicalamiento o el contacto físico de un modo natural, porque evolucionó para entablar relaciones. Además, en cualquier relación o interacción, se logra una idea mucho más clara de la intención de las palabras de alguien según la manera en la que se toque.
CONVERSACIONES
Del contenido de las conversaciones entre un ochenta o noventa por ciento es chismorreo y tratan de un individuo concreto, nombrado y conocido. Los temas impersonales, aunque conlleven opiniones personales sobre arte, política, religión, literatura y cosas por el estilo constituyen sólo una pequeña parte del total.
En la mesa de al lado en un restaurante, o en la fila del supermercado nunca oiremos hablar del porqué la geometría del universo a gran escala está determinada por la cantidad de materia que contiene; tampoco escuchará a alguien aclarando que Charles Darwin no era el naturalista del Beagle.
Dos
tercios del contenido de las conversaciones son revelaciones íntimas. El 11% son sobre estados de la
mente: “Mi suegra me está volviendo loco”; o del cuerpo, “quiero hacerme esta
liposucción con toda mi alma”; o de preferencias, “Esta ciudad no me gusta”; o de planes, “La semana entrante
empiezo el gimnasio”; o de las más frecuentes acciones realizadas: “Ayer fui al
teatro”
PARA QUÉ SIRVE
ü Refuerza las relaciones de los
contertulios.
ü Satisface la necesidad de pertenecer
a un grupo exclusivo y ser aceptado por sus miembros.
ü Proporciona información.
ü Forja reputaciones (buenas o malas).
ü Mantiene y refuerza normas sociales.
ü Permite a los individuos que se
evalúen a sí mismos mediante la comparación con otros.
ü Puede ayudar a mejorar el estatus en
el seno de un grupo y eso da eficacia reproductiva (mayor descendencia).
ü Simplemente entretener.
No solo chismorrean las mujeres, los hombres también lo
hacen, aunque ellos hablan de “intercambio de información” o de “redes
estratégicas”. El único momento en que los hombres pasan menos tiempo
chismorreando es cuando están en presencia de mujeres, entonces se discuten
temas más elevados de un 15 a 20%.
Los hombres pasan dos tercios del tiempo hablando de sí
mismos (el último teléfono móvil, el auto nuevo
que compraron o lo bien que la pasaron la noche anterior). Las mujeres
pasan sólo un tercio del tiempo hablando de sí mismas y están más interesadas
en los demás (“Cuando la vi, te juro que se le notaba la cirugía” o “¡No, es
que está más gorda!”).
TAMAÑO DE LOS GRUPOS SOCIALES
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| ROBIN DUNBAR |
El antropólogo Robin Dunbar, de la Universidad de Liverpool,
sostiene que hay cinco capacidades cognitivas que podrían limitar el tamaño de
los grupos sociales:
ü La capacidad de interpretar
información visual para reconocer a otros.
ü La memoria para las caras.
ü La capacidad de recordar quién está
relacionado con quién.
ü La capacidad de procesar información
emocional.
ü La capacidad de manipular información
sobre un conjunto de relaciones.
Señala que es esta última habilidad cognitiva la que
determina la limitación del grupo social. Las relaciones que se pueden manejar
y su manipulación son finitas.
El acto físico del despioje ocupa gran parte del tiempo de
los primates y los que pasan más tiempo haciéndolo son los chimpancés, nuestros
parientes más próximos, que gastan hasta un 20 % de tiempo haciéndolo.
En algún momento de la evolución de los homininos, mientras
el grupo crecía, cada individuo necesitaría cada vez despiojar a más individuos
para mantener las relaciones en el grupo. Este despioje quita tiempo que se
podría utilizar en la búsqueda de alimento, el cortejo u otra actividad. Fue
entonces cuando empezó a desarrollarse el lenguaje, según Dunbar. Si el
lenguaje sustituye al despioje, un individuo podría despiojar (chismorrear),
mientras hacía otras cosas como viajar, buscar alimento o comer. Esto podría
explicar el porqué algunos ¡hablan con la boca llena!
El
tamaño del grupo social en los chimpancés es de cincuenta y cinco y el calculado por Dunbar para
los grupos humanos por el tamaño de la neocorteza, es de ciento cincuenta y cinco. Algunos pensaran
que no puede ser así ya que vivimos en grandes ciudades de millones de
habitantes; pero nunca tendremos la oportunidad de interaccionar con la mayoría. El número de personas con las
cuales lo podremos hacer es de ciento cincuenta o doscientas.
Es el
número de personas que pueden ser controladas en una organización jerárquica; es
el número básico utilizado en unidades militares en las que el orden se
mantiene mediante las lealtades personales y el contacto hombre a hombre; es el
límite superior de tamaño de organizaciones empresariales modernas dirigidas de
manera informal; es el número máximo de personas a las que un individuo
les puede seguir la pista, mantener una relación social y las que estarían
dispuestas a hacernos y hacerles un favor.
En la mayoría de las fiestas los grupos no son extremadamente
grandes, sino que casi siempre se auto limitan a unos cuatro individuos. La gente
entra y sale de las conversaciones, pero cuando supera este número tiende a
dividirse en dos conversaciones. En un grupo de cuatro habla una y las otras tres
escuchan, en la jerga “chimpancés” están siendo despiojados. Puede ser
coincidencia, pero podría existir una correlación con el despioje de los
chimpancés. Los chimpancés tienen que despiojarse uno a uno y su grupo social
máximo es de cincuenta y cinco miembros. Si pudiésemos despiojar a tres a la vez y
multiplicásemos este número por tres
obtendríamos ciento sesenta y cinco un número muy cercano al tamaño de nuestro grupo social
calculado por Dunbar a partir del tamaño de la neocorteza.
Cuando alguien chismorrea
no sólo está dedicado al intercambio de información, sino quizá también a la
manipulación y al engaño, porque en esencia no está hablando con ellos realmente
para saber cómo les va; puede estar
recogiendo información para sus fines particulares. Incluso podría estar
inventando algo para tener más chismorreo de qué hablar.
Aunque hay diferencias culturales, en los grupos humanos hay
conductas universales y las podemos rastrear hasta nuestro antepasado común con
los chimpancés, e incluso más allá.
La cognición (según la psicología evolutiva), tiene una base
genética al igual que el corazón, el hígado o el sistema inmunológico y ha
evolucionado por selección natural o sexual.


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