viernes, 4 de diciembre de 2020

ANIMALES NO HUMANOS Y FUEGOS ARTIFICIALES

 

ANIMALES NO HUMANOS Y FUEGOS ARTIFICIALES

 

  “El amor por todas las criaturas vivientes

es el más noble atributo del hombre”

Charles Darwin


Es intuitivo para la mayoría de las personas creer que el dolor humano es excepcional porque piensan que la capacidad de una especie para procesar el sufrimiento está relacionada con su capacidad intelectual. Es obvio que las plantas no pueden pensar, y hay que estar bastante chalado como para creer que sienten placer estético escuchando música de Mozart, Beethoven o Chopin; pero hay que ser demasiado excéntrico para considerar que pueden sufrir. Por eso las guillotinamos con la podadora de césped sin ningún tipo de remordimiento. Igual podríamos pensar de la ameba, pero ¿las vacas? Pregúntenle qué piensa de ello Temple Grandin. (ver aquí)

    René Descartes creía que los animales no humanos no tienen alma y no sienten dolor. Descartes perteneció a una larga lista de viviseccionistas como William Harvey, Galeno y Vesalio, pero hoy ningún científico respetable se anotaría en su club como para clavar a un mamífero vivo en un tablón y diseccionarlo sin anestesia. De llegar a hacerlo las leyes actuales de muchos países los castigarían con severidad, aunque los invertebrados no están tan protegidos. Es mucho lo que hemos avanzado en el derecho de los animales no humanos, aunque las cosas no fueron siempre así. La historiadora Bárbara W.Tuchman en su libro Un espejo lejano, el calamitoso siglo XIV, en el capítulo Diversiones medievales violentas, narra cómo los jugadores, con las manos atadas a la espalda, competían para matar a un gato, atado a un poste dándole golpes con la cabeza. La diversión estaba en ver cómo los competidores acababan con la cara destrozada por los arañazos del gato. O cerdos encerrados en un corral amplio, siendo perseguidos por hombres con garrotes, mientras el animal huía chillando por los golpes, lo que les causaba grandes risas a los espectadores, hasta que el pobre animal se desplomaba sin vida. Hoy nos aterramos ante esas monstruosidades, sin embargo aún tenemos las riñas de gallos, de perros y las corridas de toros, o marcar el ganado con hierros candentes y la castración sin anestesia. Los historiadores del futuro tendrán algo que decir sobre ello, si es que sobrevivimos como especie.

 

   Jeremy Bentham el filósofo del utilitarismo dijo <La cuestión no es, “¿pueden razonar?”, ni tampoco “¿pueden hablar?”, sino “¿pueden sufrir?”>. La mayoría de los humanos suponemos que la capacidad de de sentir dolor o sufrimiento está relacionada con la capacidad mental, reflexionar pensar o razonar.  Biológicamente no hay ninguna razón por la que debiera existir una correlación positiva. Sentir dolor es algo primigenio, es la clase de sensación para la que no se necesita ni intelecto ni experiencia; es más, podríamos hallar razones darwinianas por las cuales debería existir una correlación negativa entre intelecto y susceptibilidad al dolor. El dolor en el sentido darwiniano sirve al animal como advertencia para alejarse y no repetir situaciones o acciones que puedan causarle daño al cuerpo. Al fin y al cabo, la supervivencia es un imperativo biológico para poder transmitir los genes a la siguiente generación. De tal suerte que no tenemos ninguna razón para creer que los animales no humanos sienten menos dolor o sufrimiento que nosotros; sin embargo, si usted no lo considera así, por lo menos otórguele el beneficio de la duda.

   Los fuegos artificiales tienen una fascinación hipnótica y a mí me encantan, desde siempre. Pero mi placer es más visual (soy primate) que sonoro: espectaculares destellos, formas y colorido alucinantes. Los sonidos de las explosiones me aterran, pero parece que a muchos les entusiasman, de lo contrario los fabricantes ya hubieran fracasado por incluirlos.

   Así como me gustan los fuegos artificiales, también me gustan los animales no humanos y éstos también se siente aterrorizados con el estruendo de producen los fuegos artificiales. Al parecer a muchas personas les encanta tanto este estruendo que no sólo lo disfrutan en las fiestas de fin de año, sino que lo repiten una y otra vez durante el resto del mismo. Sobre todo a los entusiastas de las fiestas religiosas ya que con cada celebración del santoral se sienten realizados haciendo estallar estos petardos que no son visuales sino sonoros, no solamente el día del festejo, sino nueve días antes y desde la madrugada, perturbando el sueño y la tranquilidad de los animales humanos y no humanos. Pareciera ser que no sólo quieren hacerlo con éstos sino con sus deidades, por el alboroto perturbador que producen. Por cierto, también los partidarios de cualquier grupo político también están incluidos en esta cohorte. Algo deben tener en común.

 

   Aunque parezca que esta es una impresión subjetiva, la literatura veterinaria la ha confirmado mediante estudios científicos y describe más de veinte síntomas sicológicos de angustias medibles en perros, gatos y caballos como resultado de los fuegos artificiales. Se calcula que más del cincuenta por ciento de los perros y el sesenta por ciento de los gatos sufren de fobia a los fuegos artificiales. Aunque en los gatos es menos manifiesto en su conducta que en los perros. Por muy poco que sepamos sobre animales, todos alguna vez hemos oído hablar de la sensibilidad auditiva de estas dos especies. Si para los humanos es estruendoso, imagínelo para ellos.

   Y los animales salvajes también se asustan igual que mascotas o animales de granja, cerdos y ganado. Es más, las mascotas, igual que algunos niños,  cuentan, muchas veces, con animales humanos que los consuelan o intentan tranquilizarlos; pero los animales salvajes ven que de repente su tranquilo ambiente natural ha sido perturbado por el estruendo desencadenado inesperadamente.

   ¿Se deberían restringir los fuegos artificiales a días especiales del año?, ¿se podrían permitir con permisos concretos, igual que se hace con la música a un volumen alto? o ¿sólo permitirle su administración a entidades públicas? Considerándolo bien, permitir los fuegos artificiales visuales con restricciones sobre el ruido es una opción mejor que las anteriores. Los fuegos artificiales tranquilos ya existen y son utilizados en las grandes capitales del mundo civilizado.


   Para algunos, sobre todo la izquierda intelectual desinformada –ya lo decía Darwin, peor que no estar informado es estar desinformado- las restricciones legales sobre los fuegos artificiales infringen las libertades individuales; pero este es en esencia un argumento convincente sólo en apariencia, porque si le damos una vuelta de tuerca más veremos por qué. Lo que la gente hace en su patio trasero o jardín es cosa suya, y no es de incumbencia del estado o su vecino, al fin y al  cabo es propiedad privada. Pero los ruidos producidos por esas explosiones trascienden los límites de cualquier propiedad privada, llámese jardín o patio trasero. Y si me disgustan los destellos y colores de los fuegos artificiales, simplemente con correr las cortinas asunto arreglado. Pero hasta ahora no existe bloqueo que funcione contra las explosiones ruidosas, de existir sería la solución para muchos veteranos de guerra que padecen estrés postraumático. Indudablemente la contaminación sonora es perversa y antisocial, llámese música a volúmenes estridentes, bocinas de coches o fuegos artificiales sonoros, y punto.

   Ahora bien, la arrogante presunción de que los humanos importan más que el resto de animales está asentada en nosotros y hunde sus raíces en la  mayoría de las doctrinas religiosas. De ahí a pensar que el placer humano es más importante que el sufrimiento o terror de los animales no humanos, está a la vuelta de la esquina. Y si no, pregúntele a los toros de lidia, perros y gallos de pelea.

   Considerar que el placer humano es más importante que el maltratar o aterrorizar a perros y gatos, elefantes y caballos, tigres conejos, vacas y aves es un problema filosófico y jurídico complejo; pero no es este el sitio para exponer los argumentos, sin embargo, investigadores de varios países han encontrado que aquellas personas que más defienden (ver aquí) los derechos de los animales no humanos también exigen más derechos para los grupos minoritarios y vulnerables. Si bien estamos lejos en conseguir el pleno reconocimiento de los derechos de los animales no humanos algo hemos avanzado, y hemos avanzado después de otorgarle los derechos a las mujeres, los niños, afro descendientes, homosexuales y demás grupos minoritarios. Algunos países se lo han tomado en serio, otros no tanto y hay algunos que lo consideran ridículo; pero una sociedad habla de su civilidad y avance de acuerdo a como trate a los animales.

   Algunos juristas, equivocadamente, (ver aquí) creen (ver aquí) que porque dos de cada tres personas en el mundo no tiene acceso a la justicia el otorgar derechos a los animales puede considerarse contraintuitivo; pero reconocer derechos a los animales no humanos no hace menor la obligación de los estados de garantizar la protección de los humanos en estado de vulnerabilidad. Y la responsabilidad también pasa por políticos y funcionarios estatales.

   Aunque la inteligencia y el poder de razonamiento de los animales no humanos son diferentes e inferior al nuestro, la capacidad de sentir dolor o miedo no depende del razonamiento o la inteligencia como dijimos al principio. No existe ninguna razón obvia para suponer que un elefante, un perro o un guepardo es menos capaz de sentir miedo o dolor que usted o yo. Y en el miedo a los fuegos artificiales es más razonable suponer todo lo contrario. Nosotros entendemos lo que es, inclusive a los cachorros humanos se les puede transmitir seguridad y consuelo verbalmente; pero no puedes hacer eso con los animales no humanos. Es una muestra de nuestra indolencia, indiferencia y egoísmo con relación a los millones de seres sensibles que no son capaces de internalizar los fuegos artificiales, pero que sí son capaces de sentirse aterrorizados con ellos sin entender lo que es.

   En gran parte de los países del mundo hay legislación referente a la fabricación, comercialización y manejo de la pólvora ya que en esencia es un problema de salud pública, dadas las laceraciones, mutilaciones, secuelas y daños permanentes que ocasiona; pero es muy laxa, sobre  todo para con los niños y menores. Sólo en el fin de año de 2019, de acuerdo a las cifras del Ministerio de Salud de Colombia, 839 personas resultaron quemadas por el uso irresponsable e inadecuado de la pólvora, en su gran mayoría niños.

   Los fuegos artificiales contaminan las ondas sonoras en todo el mundo, pero continuarían siendo atractivos si fueran silenciosos, y esto no es ser aguafiestas.


domingo, 6 de septiembre de 2020

EL CROMOSOMA 2, EL ALMA Y EL PAPA

 EL CROMOSOMA 2, EL ALMA Y EL PAPA


ü  Todos somos simios, grupo que estuvo al borde de la extinción hace quince millones de años en franca competencia con los monos, mejor adaptados.

ü  Somos primates, grupo de mamíferos que casi se extinguió hace cuarenta y cinco millones de años, también en competencia con los roedores, más prolíficos, extendidos y con mejores adaptaciones.

ü  Descendemos de tetrápodos sinápsidos, un grupo de reptiles que casi desaparecen hace doscientos cincuenta millones de años compitiendo con los dinosaurios mejor diseñados.

ü  Venimos de peces con patas (sarcopterigios) que sobrevivieron por un pelo hace trescientos sesenta millones de años compitiendo con peces de aletas radiadas (actinopterigios).

ü  Somos cordados, un filo que apenas logro sobrevivir hace quinientos millones de años en el cámbrico compitiendo con los artrópodos.

 


   Chimpancés, gorilas y orangutanes tienen veinticuatro pares de cromosomas y hasta 1955 se aceptaba que los humanos teníamos veinticuatro pares también; pero todo cambió cuando el indonesio Joe-Hin Tjio se trasladó de España a Suecia para trabajar con Albert Levan. Con mejores técnicas Tjio y Levan descubrieron que no eran veinticuatro pares, sino veintitrés. Al tener un par menos, la razón no es  que un par de cromosoma de los grandes simios se haya extraviado en algún momento de la evolución, sino que dos de ellos se fusionaron  en nosotros. El cromosoma 2 contiene alrededor de  230 millones de pares de bases y representa el 15%  del total del ADN nuclear, por tanto es el segundo en tamaño de los cromosomas humanos y está formado por la fusión de dos cromosomas de simios. Esto es evidente porque gorilas, orangutanes y chimpancés tienen secuencias de ADN casi idénticas a las del cromosoma 2, pero en cromosomas separados. Normalmente los cromosomas tienen un solo centrómero, pero el cromosoma 2 humanos tiene restos de un segundo centrómero; también normalmente el telómero lo encontramos al final de cada cromosoma, pero en el cromosoma 2 humano se observan secuencias teloméricas adicionales en el centro. ¿Coincidencias? No: evidencias.

   Ante esta evidencia la religión católica en cabeza de Juan Pablo II, en su mensaje a la Academia Pontificia de Ciencias, el 22 de octubre de 1996 sostuvo que entre los simios actuales y el hombre había una “discontinuidad ontológica”, es decir un punto de inflexión en el cual el dios judeo-cristiano insufló un alma humana en una estirpe animal; con esta afirmación la Iglesia puede resignarse a la teoría de la evolución.

   El gran paleontólogo Stephen Jay Gould en su columna de Natural History comentando la actitud de Juan pablo II acerca de la evolución en una posición conciliatoria de pensamiento entre creyentes y no creyentes, llamada magisterios no superpuestos (MANOS), considera que la ciencia y la religión no están en conflicto porque sus enseñanzas ocupan dominios diferentes. Para Gould la red de la ciencia cubre el universo empírico: de qué está formado (hecho) y por qué funciona de esta manera (teoría); La red de la religión se extiende sobre cuestiones del significado y el valor moral.

   La respuesta del biólogo evolutivo, zoólogo, etólogo y divulgador científico Richard Dawkins no se hizo esperar en un documento con el título “Cuando la religión pisa el césped de la ciencia”. Para Dawkins no es tan sencillo ni perfecto, y cree que la postura de Gould y otros demuestra una blandeza o cobardía intelectual que aqueja a gente especialmente inteligente y racional. Dice Dawkins respecto a la postura del Papa sobre el momento de la transición:

En lenguaje corriente, hubo un momento en la evolución de los homínidos en el que Dios intervino e inyectó un alma humana en un linaje que previamente era animal. (¿Cuándo? ¿Hace un millón de años? ¿Hace dos millones de años? ¿Entre el Homo erectus y el Homo sapiens? ¿Entre el Homo sapiens "arcaico" y el Homo sapiens sapiens?). Es necesaria una inyección súbita, por supuesto, porque de otra manera no habría distinción en la que basar la moralidad católica, que es especiesista hasta la médula.

   Hoy podríamos añadir a los interrogantes que le hace Dawkins a la Iglesia, si el salto ontológico se produjo en el momento en que los dos cromosomas de los simios se fusionaron en el ancestro de los humanos y los genes del alma están en el cromosoma 2.

 

   William Thompson (Lord Kelvin) fue el primer científico británico en ser admitido en la Cámara de los Lores, en 1892: El título Kelvin se refiere al río Kelvin que corre muy cerca del laboratorio de la universidad de Glasgow.

   Kelvin siempre estuvo interesado en los descubrimientos relacionados con el radio y la radiactividad, pero se negaba a admitir (al principio) que la fuente de energía de los elementos radiactivos proviniera del interior, diciendo: “Me atrevo a sugerir que, de algún modo, ondas etéreas podrían suministrar energía al radio mientras éste cede calor a la materia ponderable de su entorno”.  Palabras más palabras menos, Kelvin creía que los átomos recogían energía del éter (en esa época se creía que el éter impregnaba todo el espacio), y luego lo liberaba en el momento de la desintegración. En 1904 en el congreso de la Asociación Británica abandonó esa idea (hay que reconocerle valentía intelectual), claro que nunca se retractó públicamente en un medio impreso. Durante dos años, al parecer, estuvo apartado de los logros de la comunidad de físicos y rechazaba la idea de que  la desintegración radiactiva transmutaba un elemento en otro, muy a pesar de las pruebas de Rutherford y otros mediante pruebas experimentales.  Frederick Soddy, un colaborador de Rutherford, perdió los estribos  y en un agrio debate con Kelvin en las páginas del Times de Londres se explayó irrespetuosamente: “Sería una lástima que el público se viera llevado a creer, equivocadamente, que quienes no han trabajado con cuerpos radiactivos [franca alusión a Kelvin] tienen derecho a una opinión de tanto peso como aquellos que lo han hecho”. Aquí sólo basta cambiar cuerpos radiactivos por biología, genética o evolución para que  la frase le encaje a la perfección al Vaticano y su séquito.

 

   Pero el asunto no acaba aquí, recientemente el Papa Francisco ha declarado, también en la Academia Pontifica de las Ciencias, que la evolución y el big bang son reales y que no son incompatibles con la existencia de un creador, sino que lo requieren –otra vez pisando el césped ajeno-. “Cuando leemos el Génesis, corremos el riesgo de imaginarnos a Dios como un mago con una varita mágica que le permite hacer todo. Pero no es así”, agregó. aqui

 

   Aunque el rigor científico de estas afirmaciones parece dudoso, es un intento por parte de la cabeza visible del catolicismo haciendo contorsiones retóricas para conciliar dos nociones del mundo y el universo incompatibles  -aunque los partidarios de los magisterios no solapados no lo crean-. Algunos expertos (más bien ilusos) consideran que estos comentarios pondrían el último clavo en el ataúd de pseudoteorías como el creacionismo y el diseño inteligente. No lo creo. Están demasiado incrustadas en el colectivo como para desaparecer con sólo una frase.

   La primera bofetada a la arrogancia cósmica del hombre se la propinaron Copérnico y Galileo al expulsar a la Tierra del centro del Universo, pero como la doctrina católica dice “si te dan en una mejilla pon la otra”, la segunda bofetada vino de Charles Darwin con la teoría de la evolución de las especies. El debate seguirá abierto muy a pesar de las declaraciones de Francisco, mientras las religiones-todas- le sigan pisando el césped a la ciencia.

 

   Finalmente, la reorganización del cromosoma 2 es sorprendente y casi con seguridad los híbridos de chimpancé y hombre serían estériles si pudieran sobrevivir, aunque en el pasado hayan contribuido a crear lo que los evolucionistas llaman “aislamiento reproductivo” entre especies. Está implicado en enfermedades como síndrome de Down, esclerosis lateral amiotrófica –la que padecía Stephen Hawkins-, hipotiroidismo congénito, susceptibilidad al asma y también posee vínculos con la esquizofrenia y la enfermedad de Huntington.


lunes, 31 de agosto de 2020

HOMOSEXUALIDAD MASCULINA




Oscar Wilde

Los constructivistas sociales consideran que la orientación sexual, y por ende el cerebro, es altamente maleable por el entorno social con variaciones notables, dependiendo la cultura.

En un mundo de mayoría heterosexual, la tragedia de muchos homosexuales se reduce a estar en minoría. Ser minoría ha conducido a su discriminación en casi todas las sociedades, tildándolos de enfermos mentales, pervertidos, degenerados, dañados y otra clase de categorías denigrantes, referentes a animales (pseudoespeciación).
La homosexualidad se consideró durante muchos siglos como una aberración del individuo, como consecuencia de una niñez traumatizante, tales como experiencias tempranas inapropiadas, malos ejemplos o una madre posesiva, sobreprotectora y un padre distante –argumento de los psicoanalistas-. Hasta 1980 el Código Penal colombiano tipificaba la homosexualidad masculina como un delito (la femenina ni se menciona) -curioso en un país eminentemente machista-.

Uno de los componentes de la repugnancia (asco) es su capacidad de propagarse igual que un virus contaminando todo a su paso. Se lleva el premio a la emoción más irresponsable como sentimiento que ha dado lugar a espantosos tratos inhumanos por la dicotomía nosotros-ellos. El truco de la repugnancia es simple: aquellos que no nos  gustan son canallas o parásitos, cosa que  facilita pensar en ellos como seres repugnantes, merecedores de exclusión, expulsión y en el peor de los casos, aniquilación. Todos los casos horribles de malos tratos a seres humanos encierran intrínsecamente esta semilla. Aunque la repugnancia se originó para protegernos del consumo de alimentos potencialmente dañinos su significado contextual se ha trasladado a otros ámbitos,  y en particular, al comportamiento sexual. La corteza insular procesa la repugnancia olfativa y gustativa. Sorprendentemente, los humanos también la activan al pensar en algo moralmente desagradable. Hasta inicios de la década de los setenta la homosexualidad era descrita como un comportamiento anormal en el Diagnostic and Statiscial Manual of Mental Disorders (DSM)-III. Manual diagnostico y estadístico de enfermedades mentales. Acompañaba a esta clasificación la creencia, propia de muchas culturas, de que los homosexuales  eran repugnantes.

Es fácil dictaminar tras el nacimiento de un bebé si es niño o niña, por lo menos en lo que respecta a su anatomía, algo que queda determinado en el momento de la concepción: dos cromosomas XX, una niña y un cromosoma X y otro Y un niño. Dos cromosomas X significa hembras en mamíferos y moscas, pero macho en aves y mariposas; XY significa machos en mamíferos y moscas, pero hembras en aves y mariposas- como decía un biólogo, “los genes del cromosoma X de los hombres vuelan sin copiloto”. En tortugas, cocodrilos y algunos lagartos el género depende de la temperatura en la que se incubaron los huevos, aunque también hay genes que participan en este proceso. La causa principal es ambiental, pero el mecanismo es genético. Curioso.
Continuemos con los humanos. Hace poco que sabemos que nuestra identidad de género es determinada en el seno materno en consonancia con nuestro legado genético. Hasta los años ochenta se creía que el bebé nacía como una pizarra en blanco y que era la sociedad quien posteriormente lo orientaba hacia un comportamiento masculino o femenino. Pues no. El cromosoma Y del niño desencadena el proceso para formar la hormona masculina: testosterona.
Los humanos, al igual que todos los mamíferos, son por naturaleza seres femeninos  (“sexo por defecto”), a menos que sean masculinizados, me explico: hasta la sexta semana todos somos hembras (hay que corregir la Biblia, Eva fue primero que Adán). A partir de allí, en los machos un único gen del cromosoma Y el gen SRY (Sex determining Region of the Y Chromosome) -en la rama corta del cromosoma Y- toma el comando (que estaba en piloto automático) y modifica la dirección inicial del proceso de femenina a masculina desencadenando una cascada de acontecimientos en el feto en desarrollo, cuyo resultado final es la apariencia y comportamiento masculinos. Si el gen está ausente, el resultado es un cuerpo femenino. La hipótesis de que la homosexualidad en los hombres es producto de un fallo parcial en el proceso de masculinización prenatal cerebral –pero no de su anatomía externa- es plausible. Aunque no se conocen muchos aspectos  sobre cómo trabaja el gen SRY se sabe que tiene la capacidad de activar o desactivar otros genes. Se sitúa en lo más alto de la cascada activando un conjunto de genes que a su vez activan otros sucesivamente sin que necesariamente todos estén el cromosoma Y. El efecto acumulado es el desarrollo de los testículos que producen hormonas para completar el desarrollo inundando el cuerpo y el cerebro del feto.
Como hemos aprendido que peor que no estar informado es estar desinformado, hoy sabemos bastante  sobre el desarrollo embrionario, aunque todavía ignoramos algunas cosas; sin embargo varios científicos han demostrado que durante el desarrollo fetal se ponen en marcha varios aspectos de la sexualidad:
·         La morfología -anatomía externa.
·         La identidad sexual -cómo se ve el individuo a sí mismo.
·         La orientación sexual  -qué sexo le atrae.
·         La imagen corporal sexual -representación interna de las partes corporales en el cerebro.
Generalmente todos se armonizan durante el desarrollo físico y social para terminar en la sexualidad normal, pero pueden sufrir disrupciones en algún momento, lo que podría conllevar a desviaciones  en el individuo hacia un extremo u otro del espectro de distribución normal. Quiero aclarar que las palabras normal y desviación las estamos utilizando en el sentido estadístico referente a la población humana total. No pretendemos estigmatizar en el sentido de malsano, indeseable, pecaminoso, aberración,  degeneración o perversidad: sólo una variante de un espectro en el que en un lado está el sexo masculino y en el otro el femenino.

¿ES NORMAL LA HOMOSEXUALIDAD?
. Ni es una enfermedad, ni es un trastorno, ni es una aberración, ni es una desviación, ni una degeneración o perversidad. Como dijimos antes, una variante del espectro masculino-femenino.
Ni la psicología, ni la psiquiatría, ni la medicina han podido dar respuestas contundentes a esta pregunta; es los últimos años las respuestas que más se acercan a la realidad han provenido de la genómica y de la biología evolutiva, aunque esta última ha tropezado con la pregunta sin resolver de por qué sigue existiendo si la descendencia de los homosexuales es menor que la de los heterosexuales, o sea la aptitud, eficacia reproductiva o fitness. Más adelante hablaremos de ello.
Aceptar la verdad, muchas veces, nos cuesta porque es contraintuitiva, a los humanos no nos viene de serie, se oculta en compartimentos estancos de nuestro cerebro, custodiada por nuestra ignorancia (peor que no estar informado es estar desinformado), creencias, prejuicios y estigmatización de lo diferente para dar sentido a nuestras convicciones políticas, dogmáticas y religiosas.
En la Norteamérica cristiana nació un movimiento “exgay” durante los últimos años de presidencia de George W. Bush (alcohólico por cierto, a los treinta años lo arrestaron por conducir bajo los efectos del alcohol y le retiraron la licencia por dos años). Los terapeutas que trabajaban en ese campo aseguraban –sin demostrar- que el 30% de quienes se habían sometido a la terapia estaban curados. Dos semanas de tratamiento en las clínicas costaba dos mil quinientos dólares y seis semanas, seis mil dólares. Curaba, pero la billetera de los terapeutas. Muchos de estos aseguraban que habían sido homosexuales, pero después de la terapia se convirtieron en auténticos padres de familia. Estrategia de mercadeo. En 2009 un informe de la Asociación Americana de Psicólogos, APA, concluyó que la terapia para cambiar a los homosexuales en heterosexuales no funcionaba, que los ciento cincuenta mil miembros de esa asociación dejaran de recomendarla porque la terapia sólo enseñaba a las personas a negar sus sentimientos y no dejarse llevar por sus instintos homosexuales, lo cual podría llevar a la depresión y el suicidio.
El entorno post-natal no tiene ninguna influencia en nuestra orientación sexual; todas las investigaciones apuntan a que durante nuestro desarrollo intrauterino se produce una programación temprana sobre nuestra orientación sexual que además da como resultado diferencias estructurales y funcionales en el cerebro de las personas homosexuales y heterosexuales.
En 1990 Hofman y Dick Swaab encontraron una diferencia en el reloj biológico del cerebro en los hombres homosexuales mucho más desarrollado que en el de los heterosexuales. Le Vay en 1991 describió una pequeña zona femenina en la parte anterior del hipotálamo de los varones homosexuales y en 1992 Allen y Gorski descubrieron que los varones homosexuales tenían una mayor conexión derecha-izquierda a través de la parte anterior del hipotálamo. Todas estas observaciones demuestran que la circuitería cerebral funciona en forma distinta, según sea nuestra orientación sexual.
Alan Turing


La idea de que el ambiente social puede dirigir nuestra orientación sexual, que la escogemos libremente y que como consecuencia la homosexualidad sería una elección equivocada, ha sido fuente de persecuciones espantosas y de mucho sufrimiento. Un contundente argumento contra la idea de que la homosexualidad es un estilo de vida o una elección, originada por influencias ambientales se halla en la imposibilidad de que las personas cambien. Se han intentado por muchos medios, crueles la mayoría: tratamientos hormonales a base de testosterona o estrógenos, castraciones químicas, tratamientos que influyen en la libido pero no en la orientación sexual, descargas eléctricas induciendo ataques epilépticos, trasplantes testiculares, psicoanálisis, vomitivos –apomorfina-. Ninguno con una historia de éxito. La orientación sexual de la mayoría de los varones homosexuales no se puede revertir con la experiencia. Hay partes de la mente que no son plásticas, y ningún descubrimiento de cómo se conecta la corteza sensorial va a cambiar este hecho. Oscar Wilde fue encarcelado; Alan Turing el padre de la informática, quien además descifró los códigos de los mensajes nazis encriptados por la máquina “enigma”, lo cual salvó miles de vidas, fue sometido a la castración química para no ser encarcelado; vigilado por la policía como un criminal,  terminó  suicidándose con cianuro. Conclusión: muy a pesar de que se ha dado por su puesto que el desarrollo post-natal también es importante para nuestra orientación sexual, no hay pruebas que así lo demuestren.

HOMOSEXUALIDAD Y ORDEN DE NACIMIENTO
Una de las teorías más fiables respecto a las causas de la homosexualidad, aparecida a mediados de la década de 1990, es la de Ray Blanchard sobre el orden de nacimiento de los hermanos. Tabulando el número de hermanos y hermanas mayores que tenían los hombres homosexuales comparándolos con la media de la población. Encontró que es más probable que los hombres homosexuales tengan hermanos mayores – pero no hermanas- que los hombres heterosexuales o mujeres homosexuales. La probabilidad que tiene un hombre de ser homosexual aumenta en un tercio por cada hermano mayor. Aclaremos, no estamos diciendo que todos los hombres con varios hermanos mayores estén condenados a ser homosexuales. Más adelante veremos porqué. Siga atento.
 Blanchard calculó que por lo menos un hombre homosexual de cada siete –o quizá más-, puede atribuir su orientación sexual al efecto del orden de nacimiento de los hermanos –tener hermanas no produce el mismo efecto, así que no sólo es el orden-. Lo que produce el efecto entonces debe ser algo causado por los hermanos mayores puesto que el efecto del orden de nacimiento no existe en las lesbianas, quienes se distribuyen al azar en el seno de las familias y el mecanismo debe estar en el útero materno, no en la familia.
Existe algo específico en el hecho de ocupar un útero que ya ha sido ocupado anteriormente por otros varones, y ese algo aumenta la probabilidad de la homosexualidad. La mejor explicación pasa por un grupo de tres genes del cromosoma Y, llamados antígenos H-Y de histocompatibilidad menor. Un gen codifica una proteína llamada hormona antimülleriana, sustancia necesaria para masculinizar el cuerpo del feto masculino, pues provoca la regresión de los conductos de Müller (que son los precursores del útero y las trompas de Falopio en las hembras). No se sabe, hasta ahora, con certeza lo que hacen esos tres genes H-Y y tampoco son esenciales para la masculinización de los genitales (función de la testosterona).
Estas sustancias, producidas por los genes,  se llaman antígenos porque provocan una reacción del sistema inmunitario de la madre, reacción inmune que probablemente debe ser más intensa con cada embarazo de un varón. Los bebés hembras no producen antígenos H-Y, por tanto no dan lugar a respuesta inmunitaria, en consecuencia para un varón, ocupar un útero que ya había sido utilizado por una hembra, no produce ningún efecto. Si la hipótesis de Blanchard es correcta el efecto de de una  virulenta reacción inmune contra estas  proteínas de la madre sería la de impedir la masculinización del cerebro, pero no la de los genitales. Como consecuencia, esto podría motivar que se sintieran atraídos por otros machos, o que las hembras los dejaran indiferentes. Antes de continuar, permítanme una breve digresión:
Hay una característica peculiar y un tanto misteriosa de la genética. Por lo general un gen funciona de igual forma sin importar de qué progenitor procede. Pero existen algunos genes raros tienen una especie de “impronta”, y funcionan de forma diferente, o sólo se activan, dependiendo de la procedencia del progenitor. Los genes con impronta paterna tienen una tendencia a favorecer el crecimiento del embrión, mientras que los procedentes de la madre lo contrarrestan. Casi se podría decir que son antagónicos muy a pesar que ambos residen en el mismo feto (en biología se sabe que la mayoría de los genes colaboran entre sí para la viabilidad del embrión). El desarrollo normal es un equilibrio entre los genes de origen paterno que favorecen el crecimiento, y materno que hacen lo opuesto. Esta carrera de armamentos se evidencia en dos enfermedades. Cuando existe una mutación en un gen con impronta paterna,  los genes maternos que lo contrarrestan carecen de oposición,  inhibiendo el crecimiento del feto hasta el punto que este no se implanta, o se implanta en el lugar equivocado (ectópico). Cuando la mutación es en el gen de origen materno, los genes que favorecen el crecimiento no tienen oposición alguna y se produce un crecimiento fuera de control de la placenta dando como resultado un cáncer agresivo: un coriocarcinoma.
Continuemos. Por supuesto que existen muchas pruebas  de que la diferenciación sexual del cerebro no se detiene con el nacimiento y salvo casos muy raros los homosexuales no son mujeres en su estructura cerebral imbuidas en un cuerpo de hombres; las hormonas deben haber masculinizado su cerebros parcialmente. Aunque también cabe la posibilidad que en determinado período, altamente sensible y, o, crucial carecieran de alguna hormona, lo cual afectaría de forma permanente algunas funciones de las cuales la orientación sexual no estaría excluida.
Es como si la naturaleza hubiera dispuesto algún mecanismo de corrección en la tasa hombre/mujer, o un mecanismo de autocorrección en dirección femenina de los últimos varones nacidos después de sucesivos  embarazos de varones para mantener la ratio de 103 varones por cada 100 hembras; como si la evolución quiere compensar el excedente de varones dado que deben competir por las hembras. Especulativo, sin evidencias, pero probable.

¿UN GEN GAY?
No. Un complejo de genes que interactúan unos con otros, de forma que resulta imposible predecir qué combinación daría como resultado un fenotipo gay. Dada la complejidad de las influencias genéticas no se puede predecir de manera contundente la preferencia sexual de alguien a partir de su ADN. Partidarios de la  de la eugenesia, tranquilos: ser homosexual ni se puede predecir, ni se puede evitar.
Durante bastante tiempo ha quedado aclarado que la preferencia sexual de  una persona está influenciada –no determinada- por su composición genética. Lo de si es uno quizá se debe a la interpretación errónea de los medios de comunicación, o la tendencia humana a querer respuestas en blanco y negro.
Los hallazgos en ciencia suelen ser de fácil tergiversación en los medios de comunicación y algo tan complejo como la sexualidad humana da pie a toda clase de controversias, malos entendidos o manipulación. Todo surgió a partir de las investigaciones de Dean Hamer en 1993, quien encontró en el cromosoma X, heredado de la madre, el locus candidato: Xq28.  Estudios posteriores no replicaron el hallazgo quizás porque la muestra inicial era muy pequeña para conclusiones fiables y seguimientos ulteriores arrojaron resultados mixtos. Tampoco sabíamos mucho de epigenética. Sin embargo, recientes estudios con muestras de casi medio millón de personas mostraron que no existe un “gen gay”, sino muchos genes que influyen en la probabilidad de que una persona prefiera parejas del mismo sexo. Genes que regulan o coordinan o dirigen la expresión de otros. Un factor poligénico. Cada uno de estos genes tiene un efecto muy pequeño, pero su efecto combinado es significativo: un grupo de genes actuando en cascada.
Del gen, o genes gay, se podría argumentar también que influye en ciertas personas para que elijan la homosexualidad. Un razonamiento altamente peligroso. Como todo  hallazgo en ciencia, si algún día el resultado de Hamer y otros es falseado, ¿qué nos quedaría? ¿Aceptar que el fanatismo, después de todo, está bien? El argumento en contra de la persecución de las personas homosexuales debe pasar no en término de la existencia de genes gais o de cerebro gay, sino en el derecho de las personas a tener relaciones sexuales de cualquier índole, siempre que sean en consenso, sin acoso o discriminación.

PARADOJA DE LA HOMOSEXUALIDAD PARA LA BIOLOGÍA EVOLUTIVA
Al biólogo evolutivo Robert Trivers, uno de los más sagaces en su área, le sonó a algo conocido el hecho de que los genes que influyen en la homosexualidad no hubieran sido eliminados por la selección natural. Algo tenía que estar pasando, puesto que el porcentaje se ha mantenido en todas las culturas y durante mucho tiempo: alrededor del 9%. Tenía que haber alguna ventaja para que no hubieran sido eliminados dado que es menos probable, en promedio, que los homosexuales tengan hijos en comparación con los heterosexuales, la frecuencia del gen estaría condenada a disminuir hasta desaparecer a menos que confiriera una ventaja en compensación.
Para Trivers el cromosoma X pasa el doble de tiempo (XX) en las mujeres que en los hombres (XY), un gen sexualmente antagonista que fuera beneficioso para la fertilidad femenina podría sobrevivir aunque tuviera un efecto dos veces nocivo sobre la fertilidad de los hombres. Algunos estudios apuntan en la dirección de que la baja fertilidad de los homosexuales, sería compensada con una mayor fertilidad de sus parientes, sobre todo hermanas. También podría ser una estrategia para asegurarse el brindar recursos o cuidados a los sobrinos. Recuerde que un hijo (50% de los genes) equivalen a dos sobrinos (25% de los genes, cada uno), según la regla de selección de parentesco de W. D. Hamilton.
El sociobiólogo Edward O. Wilson le dio una vuelta de tuerca más al sugerir que en el entorno en que evolucionaron nuestros antepasados, un mundo darwiniano, los grupos que tenían un pariente homosexual, liberados de la carga reproductiva, y  que además no participaba en la caza, ayudaban al cuidado de los más pequeños aumentando así la tasa de supervivencia de estos, lo cual hacía más numeroso y exitoso al grupo y por ello los genes portadores de la homosexualidad no desaparecieron del acervo génico. Esta hipótesis aunque es inadaptativa desde el punto de vista reproductivo  porque no da premio evolutivo su persistencia hace pensar que puede haber una ventaja en algún otro punto. Difícil de demostrar, pero es posible.

La tergiversación se usa desde que existen las sociedades y se manipula la verdad con vistas siempre a un mismo fin. La derecha cultural cree que cualquier comportamiento que les parezca biológicamente atípico, como la homosexualidad, se deben condenar porque no “son naturales”. La homosexualidad les parece un “error biológico”: típico razonamiento moral de personas que no saben nada de biología. Hoy los intereses asociados a la religión continúan enfrentados a la ciencia y el mantra de las tres religiones monoteístas, que recitan una y otra vez: que la  homosexualidad es “antinatural”, no se da en la naturaleza, ya que conllevaría a la extinción de la especie. A la fecha le podemos decir a los papas, cardenales, curas, ayatolas, imanes y rabinos que la Etología ha encontrado más de 470 especies entre insectos, mamíferos y aves (leones, gacelas, pingüinos, gansos, lobos chimpancés, bonobos, delfines, albatros y un largo etc.) que practican alguna u otra forma de homosexualidad y no se van a extinguir por ello.
A las autoridades del Vaticano hay que aclararles que lo que no se da en el mundo animal es la castidad ya que conduciría a cualquier especie a la extinción, por lo menos a las que se reproducen sexualmente. Desde la óptica de la evolución la castidad sí es anti natural, es una desviación de los imperativos darwinianos; pero en el Vaticano no saben de biología.

En el mundo animal la homosexualidad no tiene las connotaciones que en las sociedades humanas, los animales no tienen conciencia de su identidad sexual, ni de su imagen corporal sexual en el cerebro y  la moral es un constructo social ya que si solo quedara una persona en el mundo la responsabilidad moral desaparecería.
Si los teóricos de la posición ambientalista quieren la aprobación de la comunidad científica, tiene la obligación de explicar:
·         Por qué en una misma familia con la misma madre castradora o con el mismo padre ausente o represivo se dan tanto hijos homosexuales como heterosexuales.
·         En el mundo animal, sin el componente psicoanalítico, se da la homosexualidad. Y el porcentaje es bajo también comparado con los de los heterosexuales.
·         Por qué es más común la homosexualidad masculina que la femenina.
·         Demostrar que todas las relaciones encontradas entre genes y orientación son inexistentes.
Mientras esto no se cumpla, la explicación ambiental pura no es más que una conjetura en desacuerdo con los hallazgos de la genética y la evolución.
Repetiré lo dicho más arriba: que la homosexualidad no es ni un pecado,  ni una aberración ni una desviación, degeneración o perversidad; sólo una variante de un espectro en el que en un lado está el sexo masculino y en el otro el femenino. Además, los homosexuales son seres humanos que tiene los mismos derechos que los heterosexuales: a organizar sus vidas de tal forma que les proporcione la misma felicidad.


Bibliografía:           

·         Hauser D., Marc.  La mente moral

·         Pinker, Steven. La tabla rasa

·         Ramachandran,Vilanayur., Lo que el cerebro nos dice

·         Ridley, Matt. Genoma

·         Sapolsky, Robert. Compórtate

·         Swaab, Dick. Somos nuestro cerebro

·         Vélez, Antonio. Homo sapiens


domingo, 23 de agosto de 2020

CORONAVIRUS EXTRATERRESTRE


  Inmersos como estamos en la pandemia de Covid-19, producida por el SARS-CoV2, los bulos y teorías conspiranoicas se propagan más rápido que el mismo patógeno tal. Algunos han llegado a afirmar que es un virus artificial creado en un laboratorio en China y que por descuido escapó de allí, argumento que no tiene ningún asidero científico toda vez que es muy parecido a otros virus ya conocidos como el SARS o el MERS, lo cual es más compatible con la evolución biológica: virus que han saltado el mundo animal a los humanos (zoonosis) mediante los mecanismos bien descritos por la biología evolutiva como es la mutación y adaptación. Además esto implicaría una evolución en paralelo fuera de la tierra, lo cual requeriría unas condiciones iguales a las de la tierra para que evolucionara y se pareciera a los virus que ya conocemos aquí.Tampoco tenemos pruebas concluyentes de que un organismo vivo sobreviva por mucho tiempo en las condiciones extremas de radiación, presión y temperaturas que se dan en el espacio exterior, además de las temperaturas infernales cuando ingresan a la atmósfera (más de 1.500 grados centígrados).
   En los últimos días la comunidad científica se ha quedado estupefacta y ha salido a desmentir las afirmaciones del conocido discípulo, amigo y colega de Fred Hoyle, publicadas en un artículo de la revista Advances in genetics, el astrofísico Chandra Wickramasinghe,. Wickaramasinghe sostiene que el meteorito caído en China el 11 de octubre de 2019 portaba el monocultivo del virus. aquí Esto es algo usual en Wickramasinghe ya que junto con Hoyle ha sido por muchos años defensor de la teoría de la panspermia y del origen extraterrestre de algunas epidemias como el primer brote de SARS, la gripe aviar (H5N1), la influenza de 1899-1890 y la mal pandemia de 1918-1919.

  
Fred Hoyle
   A Hoyle le debemos aportaciones significativas, entre ellas la nucleosíntesis estelar de los elementos de la tabla periódica entre el helio y el hierro, forjados en el núcleo de las estrella y luego entregados al espacio mediante la explosión de supernovas para que se puedan formar planetas y vida como en el nuestro. La nucleosíntesis fue desarrollada en compañía de Geoff y Margaret Burbidge y William Fowler, pero sólo a éstos les fue entregado el premio Nobel, omitiendo a Hoyle; Burbridge insistía en que era injustificada su exclusión y que quizá se debió a que Fowler había sido el líder del B2FH (Burbridge-Burbridge-Fowler-Hoyle). Hoyle consideraba que al parecer se le había negado a causa de sus críticas al comité Nobel, cuando este decidió conceder el premio por el descubrimiento de los pulsares  a Antony Hewish y no a su estudiante de  doctorado Jocely Bell, que fue quien en realidad hizo el descubrimiento.  Otros consideran que se debió a sus posturas férreas en contra del establishment ya fue un acérrimo defensor de un modelo de  universo estacionario en oposición al modelo en expansión. El caso es que Hoyle, a pesar de su brillantez, siempre fue un contestatario como lo hace saber en su frase “sostener una opinión popular es barato y no cuesta nada en reputación”. Cuando las pruebas a favor del favor del  Big Bang fueron abrumadoras nunca lo reconoció y así murió. Se aisló de la comunidad científica y sólo se reunía con los Burbridge, Jayan Narlikar y Wickramasinghe, quienes jamás lo contradecían. Quizá fuera un caso de negación como en la primera etapa de un duelo, aunque perder a alguien no es lo mismo que desechar una teoría, tal vez para él era lo mismo: un mecanismo de defensa para no tener que lidiar con el trauma de estar equivocado en una empresa tan importante como era su teoría.

Chandra Wickramasinge
   Aunque la panspermia es una forma de sacar de la tierra el origen de la vida y que tal vez no explica nada, ya que traslada el problema a otro lugar, la idea no es nueva puesto que en el siglo V antes de nuestra era, Anaxágoras ya la había planteado. Ahora bien, la hipótesis de la panspermia molecular, según la cual en el interior de los meteoritos, en los granos de polvo interestelar y en el hielo de los núcleos de cometas provenientes del cinturón de asteroides (entre Marte y Júpiter), el cinturón de Kuiper (después de la órbita de Neptuno) o la Nube de OOrt (en los límites del sistema solar), pudo llegar el agua de los océanos primitivos y una serie de moléculas orgánicas necesarias para la formación de la vida en la tierra. Por ejemplo,con la misión Rosetta y el módulo Phiale (2014-2015) que aterrizó en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimeko se pudo descubrir que los cometas  están compuestos por hielo de agua, silicatos y alrededor de 16 compuestos orgánicos como acetamida, isocianato de metilo, propanal y acetona. Por otra parte la NASA confirmó la presencia de glicina, uno de los veinte aminoácidos esenciales para la síntesis de proteínas fundamentales para la existencia de la vida, en muestras del cometa Wild2 tomadas por la sonda Stardust. Hoy no cabe duda de que los cometas contienen además hiero (Fe), magnesio (Mg), sodio (Na), amoníaco (NH3), monóxido de carbono (CO), cianuro de hidrógeno (HCN),dióxido de azufre (SO2) y ácido sulfhídrico (H2S). Con todo esto es plausible deducir que muchos de los compuestos orgánicos e inorgánicos que hoy conocemos, pudieron haber llegado a bordo de mensajeros interestelares.
   Una cosa es la panspermia defendida por Hoyle y Wickramasinghe y otra la panspermia dirigida propuesta en 1960 y según la cual la vida en nuestro planeta se desarrolló  partir de microorganismos muy resistentes  formados en algún lugar del universo y que habrían sido sembrados en la tierra deliberadamente. Partidarios de esta posibilidad estaban algunos investigadores prestigiosos como Francis Crick (el codescubridor del ADN) y Leslie Orgel, pero ello no la hace más cierta.
    Panspermia dirigida o no, la conclusión de Wickramasinghe parece traída de los cabellos por todo lo que hoy sabemos y que expuesto arriba. Más bien parece que Wickramasinghe tiene nostalgia por la ausencia de Hoyle o quiere continuar con el legado de este, de ser polémico e ir en contra de la comunidad científica sin pruebas concluyentes, olvidándose del principio de la parsimonia (navaja de Ockham) en ciencia: en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser, siempre, la correcta.

martes, 18 de agosto de 2020

SEROTONINA, TRIPTÓFANO Y CARBOHIDRATOS

    

   La serotonina es uno de los mensajeros químicos (neurotransmisores) que transporta señales entre las células nerviosas del cerebro (neuronas).

   Los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS) tratan la depresión y se utilizan para el tratamiento de otras afecciones distintas a la depresión, como los trastornos de ansiedad y funcionan aumentando los niveles de serotonina en el cerebro bloqueando la reabsorción (recaptación) en las neuronas, así hay más serotonina disponible y mejora la transmisión de mensajes entre neuronas, aunque todavía hay polémica sobro cómo lo hacen exactamente. Se les dice selectivos porque afectan principalmente a la serotonina y no a otros neurotransmisores. De los aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) los más comunes son el Prozac (Fluoxetina) y el Zoloft (Sertralina).

   Los ISRS son los antidepresivos que se formulan con más frecuencia.  Pueden aliviar los síntomas de la depresión moderada a grave, incluso pueden volver optimista a gente bastante normal y corriente, y aunque son considerados, por lo general, como relativamente seguros ya que ocasionan menos efectos secundarios que otros antidepresivos también es posible que interfieran con las respuestas de las neuronas a la serotonina.

   Existe un gen en el cromosoma 17 llamado gen transportador de la serotonina que varía en la longitud de una secuencia de activación ubicada en el extremo superior del gen, es decir, una especie de interruptor al principio del gen, diseñado para retardar la expresión del propio gen. Tal como ocurre con muchas mutaciones, la variación de la longitud está producida por un número variable de repeticiones de la misma secuencia, una frase de veintidós letras que se repite entre catorce y diecisiete veces. El 30 por ciento de nosotros tiene dos copias de la secuencia larga, la cual tiene menos capacidad de desactivar su gen. Tales personas poseen más transportador de serotonina, o sea, que circula más serotonina. Ante esto es menos probable que estas personas sean neuróticas y mucho más probable que sean amables que la media, independientemente del sexo, la educación la raza o la renta.

    A partir de esto Dean Hamer considera que la serotonina es la sustancia química que, en vez de aliviar la ansiedad y la depresión, incita a ellas. Y él lo llama el castigo químico del cerebro. Aunque hay pruebas que apuntan en dirección contraria: es decir, uno se siente mejor con más serotonina, no con menos.

   En los países con estaciones hay personas a quienes los cambios de estación les provocan alteraciones emocionales. En verano pueden tener episodios hipomaníacos o maníacos, por el contrario, en invierno pueden caer en profunda  depresión. El canciller Willy Brand tenía episodios recurrentes con la llegada del otoño (días más cortos). Se dice que a veces no deseaba ver a nadie, ni siquiera a su mujer –bueno, a alguno les sucede sin que sea otoño, pero por otras razones. Esto se denomina trastorno afectivo estacional (Seasonal Affective  Disorder, SAD,) y tiene un importante componente genético. La escasa cantidad de luz solar en invierno se constituye en un factor de riesgo para la SAD y el sol mejora los síntomas. El reloj biológico que regula los ritmos de sueño y vigilia, recibe información directa de la luz del entorno, lo que impacta directamente a la SAD. Se da el caso de compañías de seguro estadounidenses que recomiendan a sus clientes de los estados del norte trasladarse a los del sur para menguar los efectos del trastorno. Como vemos, Pequeñas mutaciones en los genes que regulan  el reloj biológico constituyen un factor de riesgo para esta clase de depresiones.

   Existe una curiosa relación entre el invierno, un refrigerio y la somnolencia. Hay personas –una minoría genética, sin que tengamos hasta la fecha una versión de un gen correlacionado con la propensión a este estado-, que las noches oscuras de invierno les llevan a tomar un refrigerio de hidratos de carbono antes de dormir. Estas personas necesitan dormir más en invierno, aunque les parece que su sueño no es reparador. La explicación podría estar en que el cerebro empieza a producir melatonina, la hormona que induce al sueño en respuesta a la oscuridad de las primeras horas de la noche en el invierno. La melatonina se sintetiza a partir de la serotonina, de tal suerte que la serotonina disminuye a medida que se produce la melatonina. Una de las formas de producir más serotonina es aumentar los niveles de triptófano en el cerebro, ya que el triptófano es el precursor de la serotonina. También es cierto que para que haya más triptófano en el cerebro, la formula más rápida es que el páncreas produzca insulina, ya que la insulina hace que el cuerpo absorba otras sustancias químicas similares al triptófano eliminando así a las que compiten por los canales de transporte de triptófano al cerebro. Y la forma más rápida de que se segregue insulina es tomar un refrigerio alto en hidratos de carbono. O sea, en las tardes de invierno, modificar los hábitos alimenticios, como comer galletas, eleva el ánimo porque aumenta el nivel de serotonina en el cerebro.

 

Nota final:

   Dean Hamer es un genetista, autor y productor de filmes conocido por sus contribuciones a la prevención del SIDA/VIH e investigaciones en genética  humana, incluyendo la orientación sexual y la espiritualidad, ambas polémicas ya que en la primera la prensa dijo que había encontrado el gen gay, que realmente no es uno sino alrededor de 12, en alguna parte del cromosoma X, cuyo locus candidato es el Xq28;  en la investigación sobre la espiritualidad, también sensacionalista, versaba sobre un gen en el cromosoma 10  responsable de elaborar la proteína VMAT2 (transportador vesicular de mono aminas tipo2) cuya función es transportar ciertos neurotransmisores como la dopamina, serotonina y epinefrina, documentado en el libro El Gen de Dios (2004). Dick Swaab cree que probablemente ése sea sólo uno de varios genes involucrados y que en consecuencia debió llamarse mejor Un Gen de Dios.

domingo, 21 de junio de 2015

GENÉTICA DE LA INFIDELIDAD MASCULINA


Estadísticas sobre la infidelidad.
Tomadas de El Espectador A Finales 2011 por IPSOS
Estudiar la conducta de otras especies nos es útil para entender algunos rasgos de nuestro comportamiento y el estudio de la vida amorosa de unas sub especies de ratones nos dio pistas respecto a los mecanismos cerebrales de la monogamia. Los topillos o ratones de la pradera –campañoles-, Microtus ochrogaster y Microtus pennsylvanicus, forman lazos vitalicios y son monógamos de por vida después de sus cópulas que son casi maratonianas (excelentes consortes, dirán las mujeres); en cambio los ratones de montaña Microtus montanus, nunca se atan a una sola pareja. La diferencia radica en un minúsculo trozo de de ADN que tienen los topillos de la pradera y del carecen los de montaña (Phillips, S. 1992; Sherwin, B. B., 1994; Birzniece, V. 2006).
Los machos humanos presentan rasgos de conductas en un amplio espectro que va desde la total poligamia hasta la monogamia más estricta. Las recientes investigaciones suponen que tan variado rasgo comportamental puede deberse a la interacción de diferentes genes y a su expresión en el vertimiento de hormonas. Existe un gen que codifica un particular tipo de receptor de vasopresina-arginina en el cerebro. Los ratones de la pradera con este gen tienen en su cerebro más receptores que los ratones de montañas en los que está ausente el gen. Cuando el grupo de investigadores inyectaron este gen –ausente en forma natural- en los ratones de montañas, los promiscuos e “irresponsables” padres se volvieron monógamos y unos padres hogareños cuidando de sus crías (cuál no sería el asombro de las hembras de estos ratones).

La oxitocina, la llamada hormona del amor, hormona del apego, hormona de la sociabilidad,  preponderante en las hembras, y su equivalente masculino la vasopresina-arginina, son neuropéptidos que tienen al menos setecientos millones de años, anteceden a los mamíferos y que además están relacionados con la regulación del agua y de las sustancias minerales en los organismos de los animales terrestres en general (el alcohol inhibe la acción de la vasopresina: regular los líquidos corporales, por eso cuando usted ingiere alcohol debe ir al baño con frecuencia). Una versión evolutivamente anterior de la oxitocina y de la vasopresina –la vasotocina- desempeña una función crucial en la conducta de apareamiento entre anfibios y es importante para los animales que ponen huevos. Muchas especies de aves también son altamente sociales, y lo que sabemos por el momento sobre su equivalente de nuestra oxitocina –la mesotocina- indica que también desempeña una función en el apego a la descendencia y a la pareja de un modo similar al que obra la oxitocina en los mamíferos. En los mamíferos la regulación del agua y los minerales se hizo mucho más sofisticada, ya que durante el embarazo, la hembra tenía que desarrollar una placenta y un saco de líquido amniótico lleno de un fluido en el que crecen las crías, y después del nacimiento la hembra tenía que producir leche para esos bebés.

Pues bien, los machos con una versión más larga del gen receptor de la vasopresina mostraban una monogamia más acusada y pasaban más tiempo lamiendo y cuidando a sus cachorros; mostraban más preferencias por sus parejas, incluso cuando tenían la oportunidad de echar una cana al aire con una hembra fértil, joven y con ganas de flirtear: es decir, son los padres y parejas más responsables y dignos de confianza –en el mundo de los topillos, quiero decir-.

“La monogamia no parece ser natural en el mundo natural”, dijo hace algunos años el zoólogo norteamericano David Barash y parecía ser una explicación científica de la infidelidad humana basándose en el mayoritario comportamiento polígamo de los animales. La monogamia es un rasgo presente en el 5% de los animales y sólo el 3% de los mamíferos. Un reciente estudio hecho por investigadores de la Universidad Max Planck de Alemania encontró que las hembras ánade diamante mandarín son infieles porque heredan una variante genética (alelos) del padre, el cual incrementa la tendencia a la promiscuidad. Podríamos concluir que el gen de la infidelidad es real y lo transmiten los machos (al menos para el diamante mandarín). Igualmente los investigadores sugieren que para el caso de la infidelidad femenina no reporta ventajas evolutivas (aunque pienso que la diversidad genética ya es una ventaja) y que las hembras que incurren en infidelidad lo hacen porque han heredado por vía paterna el gen que les da la predisposición o vulnerabilidad.
Sin embargo, un estudio hecho por investigadores suecos culpa de la infidelidad masculina a un gen en particular: el alelo 334 que tienen el 40% de los hombres. Esto no es una justificación para la infidelidad masculina; es más complicado que eso e implica muchos más factores. Si hasta ahora los cuernos han tenido infinidad de excusas, ni más faltaba que cuando a usted lo descubran en una situación similar, le diga a su pareja lo siento mi amor, no fui yo, fue mi alelo 334. Este hallazgo en vez de excusar a los hombres, en un futuro podría servir para la investigación de patologías cuyas características son las dificultades en las relaciones sociales, tales como el autismo o las fobias sociales.
El alelo 334 gestiona los receptores de vasopresina arginina, hormona que como vimos arriba se encuentra presente en el cerebro de la mayoría de los mamíferos. “Es la primera vez que se asocia la variante de un gen específico con la manera en que los hombres se comprometen con sus parejas”, explicó Hasse Walum, uno de los responsables de la investigación del Instituto Karolinska. El estudio se llevó a cabo al menos durante cinco años con más de mil parejas heterosexuales, de las cuales quinientos cincuenta eran gemelos. Los hombres con el alelo 334 –dos de cada cinco-, manifestaron tener lazos más débiles con sus esposas, y ellas que se sentían menos satisfechas con sus parejas que las que se casaron con hombres carentes de esta variante genética. Incluso los hombres que tienen dos copias del alelo han tenido más crisis de pareja y éstas manifestaron sentirse más insatisfechas. Aunque poseer el gen no implica estar determinado a fracasar en una relación de pareja, esa vulnerabilidad genética incrementa las posibilidad de que ocurra y de que pueda a llegar a ser más infiel. También es posible que los padres dedicados y las parejas fieles nazcan y no se forjen según el ejemplo del padre.

Es muy frecuente que entre las científicas se gasten bromas diciéndose que deberían preocuparse más por la longitud del…gen de la vasopresina, que por la longitud de cualquier otra cosa, incluyendo la de la cuenta bancaria… O quizá las mujeres puedan conseguir en las farmacias un test, similar a la prueba de embarazo, para saber qué largo es este gen en el futuro compañero para estar seguras de llevarse al mejor dotado.
Nuestros primos más cercanos –chimpancés y bonobos- presentan también longitudes diferentes de este gen que determinan su comportamiento social (Parry, 2002). Los chimpancés, que cuentan con la variante más corta, viven en sociedades organizadas territorialmente controladas por los machos que hacen frecuentes razzias contra los grupos vecinos con fatales consecuencias. Por el contrario, los bonobos que cuentan con la versión más larga del gen, son excepcionalmente sociales, están regidos por jerarquías femeninas y sellan toda interacción social con frotamientos sexuales entre machos y hembras, entre machos y entre hembras: un nirvana sexual perpetuo.
La versión humana del gen es más parecida a la del bonobo y responden mejor socialmente quienes tiene el gen más largo; sin embargo, en los autistas se ha encontrado que tiene la versión más corta lo cual los lleva a condiciones de profundos déficits sociales (Bennett, D. S., 2005; Lu N. Z., 2002; Cyranowski, J. M., 2000; Young, 1995). Podría decirse que las diferencias en el compromiso de emparejamiento pueden tener relación con nuestras diferencias individuales en la longitud y expresión de este gen y en las hormonas, como ya dijimos antes.


Como las mujeres sólo pueden tener un hijo cada nueve meses; el embarazo y parto es un riesgo digno de tener en cuenta; sacar adelante a una cría es costoso en términos de inversión biológica, las mujeres desean tener parejas fieles que les ayuden a sacarlas adelante para que sus genes pasen a la siguiente generación: el imperativo biológico de todas las especies.