lunes, 31 de agosto de 2020

HOMOSEXUALIDAD MASCULINA




Oscar Wilde

Los constructivistas sociales consideran que la orientación sexual, y por ende el cerebro, es altamente maleable por el entorno social con variaciones notables, dependiendo la cultura.

En un mundo de mayoría heterosexual, la tragedia de muchos homosexuales se reduce a estar en minoría. Ser minoría ha conducido a su discriminación en casi todas las sociedades, tildándolos de enfermos mentales, pervertidos, degenerados, dañados y otra clase de categorías denigrantes, referentes a animales (pseudoespeciación).
La homosexualidad se consideró durante muchos siglos como una aberración del individuo, como consecuencia de una niñez traumatizante, tales como experiencias tempranas inapropiadas, malos ejemplos o una madre posesiva, sobreprotectora y un padre distante –argumento de los psicoanalistas-. Hasta 1980 el Código Penal colombiano tipificaba la homosexualidad masculina como un delito (la femenina ni se menciona) -curioso en un país eminentemente machista-.

Uno de los componentes de la repugnancia (asco) es su capacidad de propagarse igual que un virus contaminando todo a su paso. Se lleva el premio a la emoción más irresponsable como sentimiento que ha dado lugar a espantosos tratos inhumanos por la dicotomía nosotros-ellos. El truco de la repugnancia es simple: aquellos que no nos  gustan son canallas o parásitos, cosa que  facilita pensar en ellos como seres repugnantes, merecedores de exclusión, expulsión y en el peor de los casos, aniquilación. Todos los casos horribles de malos tratos a seres humanos encierran intrínsecamente esta semilla. Aunque la repugnancia se originó para protegernos del consumo de alimentos potencialmente dañinos su significado contextual se ha trasladado a otros ámbitos,  y en particular, al comportamiento sexual. La corteza insular procesa la repugnancia olfativa y gustativa. Sorprendentemente, los humanos también la activan al pensar en algo moralmente desagradable. Hasta inicios de la década de los setenta la homosexualidad era descrita como un comportamiento anormal en el Diagnostic and Statiscial Manual of Mental Disorders (DSM)-III. Manual diagnostico y estadístico de enfermedades mentales. Acompañaba a esta clasificación la creencia, propia de muchas culturas, de que los homosexuales  eran repugnantes.

Es fácil dictaminar tras el nacimiento de un bebé si es niño o niña, por lo menos en lo que respecta a su anatomía, algo que queda determinado en el momento de la concepción: dos cromosomas XX, una niña y un cromosoma X y otro Y un niño. Dos cromosomas X significa hembras en mamíferos y moscas, pero macho en aves y mariposas; XY significa machos en mamíferos y moscas, pero hembras en aves y mariposas- como decía un biólogo, “los genes del cromosoma X de los hombres vuelan sin copiloto”. En tortugas, cocodrilos y algunos lagartos el género depende de la temperatura en la que se incubaron los huevos, aunque también hay genes que participan en este proceso. La causa principal es ambiental, pero el mecanismo es genético. Curioso.
Continuemos con los humanos. Hace poco que sabemos que nuestra identidad de género es determinada en el seno materno en consonancia con nuestro legado genético. Hasta los años ochenta se creía que el bebé nacía como una pizarra en blanco y que era la sociedad quien posteriormente lo orientaba hacia un comportamiento masculino o femenino. Pues no. El cromosoma Y del niño desencadena el proceso para formar la hormona masculina: testosterona.
Los humanos, al igual que todos los mamíferos, son por naturaleza seres femeninos  (“sexo por defecto”), a menos que sean masculinizados, me explico: hasta la sexta semana todos somos hembras (hay que corregir la Biblia, Eva fue primero que Adán). A partir de allí, en los machos un único gen del cromosoma Y el gen SRY (Sex determining Region of the Y Chromosome) -en la rama corta del cromosoma Y- toma el comando (que estaba en piloto automático) y modifica la dirección inicial del proceso de femenina a masculina desencadenando una cascada de acontecimientos en el feto en desarrollo, cuyo resultado final es la apariencia y comportamiento masculinos. Si el gen está ausente, el resultado es un cuerpo femenino. La hipótesis de que la homosexualidad en los hombres es producto de un fallo parcial en el proceso de masculinización prenatal cerebral –pero no de su anatomía externa- es plausible. Aunque no se conocen muchos aspectos  sobre cómo trabaja el gen SRY se sabe que tiene la capacidad de activar o desactivar otros genes. Se sitúa en lo más alto de la cascada activando un conjunto de genes que a su vez activan otros sucesivamente sin que necesariamente todos estén el cromosoma Y. El efecto acumulado es el desarrollo de los testículos que producen hormonas para completar el desarrollo inundando el cuerpo y el cerebro del feto.
Como hemos aprendido que peor que no estar informado es estar desinformado, hoy sabemos bastante  sobre el desarrollo embrionario, aunque todavía ignoramos algunas cosas; sin embargo varios científicos han demostrado que durante el desarrollo fetal se ponen en marcha varios aspectos de la sexualidad:
·         La morfología -anatomía externa.
·         La identidad sexual -cómo se ve el individuo a sí mismo.
·         La orientación sexual  -qué sexo le atrae.
·         La imagen corporal sexual -representación interna de las partes corporales en el cerebro.
Generalmente todos se armonizan durante el desarrollo físico y social para terminar en la sexualidad normal, pero pueden sufrir disrupciones en algún momento, lo que podría conllevar a desviaciones  en el individuo hacia un extremo u otro del espectro de distribución normal. Quiero aclarar que las palabras normal y desviación las estamos utilizando en el sentido estadístico referente a la población humana total. No pretendemos estigmatizar en el sentido de malsano, indeseable, pecaminoso, aberración,  degeneración o perversidad: sólo una variante de un espectro en el que en un lado está el sexo masculino y en el otro el femenino.

¿ES NORMAL LA HOMOSEXUALIDAD?
. Ni es una enfermedad, ni es un trastorno, ni es una aberración, ni es una desviación, ni una degeneración o perversidad. Como dijimos antes, una variante del espectro masculino-femenino.
Ni la psicología, ni la psiquiatría, ni la medicina han podido dar respuestas contundentes a esta pregunta; es los últimos años las respuestas que más se acercan a la realidad han provenido de la genómica y de la biología evolutiva, aunque esta última ha tropezado con la pregunta sin resolver de por qué sigue existiendo si la descendencia de los homosexuales es menor que la de los heterosexuales, o sea la aptitud, eficacia reproductiva o fitness. Más adelante hablaremos de ello.
Aceptar la verdad, muchas veces, nos cuesta porque es contraintuitiva, a los humanos no nos viene de serie, se oculta en compartimentos estancos de nuestro cerebro, custodiada por nuestra ignorancia (peor que no estar informado es estar desinformado), creencias, prejuicios y estigmatización de lo diferente para dar sentido a nuestras convicciones políticas, dogmáticas y religiosas.
En la Norteamérica cristiana nació un movimiento “exgay” durante los últimos años de presidencia de George W. Bush (alcohólico por cierto, a los treinta años lo arrestaron por conducir bajo los efectos del alcohol y le retiraron la licencia por dos años). Los terapeutas que trabajaban en ese campo aseguraban –sin demostrar- que el 30% de quienes se habían sometido a la terapia estaban curados. Dos semanas de tratamiento en las clínicas costaba dos mil quinientos dólares y seis semanas, seis mil dólares. Curaba, pero la billetera de los terapeutas. Muchos de estos aseguraban que habían sido homosexuales, pero después de la terapia se convirtieron en auténticos padres de familia. Estrategia de mercadeo. En 2009 un informe de la Asociación Americana de Psicólogos, APA, concluyó que la terapia para cambiar a los homosexuales en heterosexuales no funcionaba, que los ciento cincuenta mil miembros de esa asociación dejaran de recomendarla porque la terapia sólo enseñaba a las personas a negar sus sentimientos y no dejarse llevar por sus instintos homosexuales, lo cual podría llevar a la depresión y el suicidio.
El entorno post-natal no tiene ninguna influencia en nuestra orientación sexual; todas las investigaciones apuntan a que durante nuestro desarrollo intrauterino se produce una programación temprana sobre nuestra orientación sexual que además da como resultado diferencias estructurales y funcionales en el cerebro de las personas homosexuales y heterosexuales.
En 1990 Hofman y Dick Swaab encontraron una diferencia en el reloj biológico del cerebro en los hombres homosexuales mucho más desarrollado que en el de los heterosexuales. Le Vay en 1991 describió una pequeña zona femenina en la parte anterior del hipotálamo de los varones homosexuales y en 1992 Allen y Gorski descubrieron que los varones homosexuales tenían una mayor conexión derecha-izquierda a través de la parte anterior del hipotálamo. Todas estas observaciones demuestran que la circuitería cerebral funciona en forma distinta, según sea nuestra orientación sexual.
Alan Turing


La idea de que el ambiente social puede dirigir nuestra orientación sexual, que la escogemos libremente y que como consecuencia la homosexualidad sería una elección equivocada, ha sido fuente de persecuciones espantosas y de mucho sufrimiento. Un contundente argumento contra la idea de que la homosexualidad es un estilo de vida o una elección, originada por influencias ambientales se halla en la imposibilidad de que las personas cambien. Se han intentado por muchos medios, crueles la mayoría: tratamientos hormonales a base de testosterona o estrógenos, castraciones químicas, tratamientos que influyen en la libido pero no en la orientación sexual, descargas eléctricas induciendo ataques epilépticos, trasplantes testiculares, psicoanálisis, vomitivos –apomorfina-. Ninguno con una historia de éxito. La orientación sexual de la mayoría de los varones homosexuales no se puede revertir con la experiencia. Hay partes de la mente que no son plásticas, y ningún descubrimiento de cómo se conecta la corteza sensorial va a cambiar este hecho. Oscar Wilde fue encarcelado; Alan Turing el padre de la informática, quien además descifró los códigos de los mensajes nazis encriptados por la máquina “enigma”, lo cual salvó miles de vidas, fue sometido a la castración química para no ser encarcelado; vigilado por la policía como un criminal,  terminó  suicidándose con cianuro. Conclusión: muy a pesar de que se ha dado por su puesto que el desarrollo post-natal también es importante para nuestra orientación sexual, no hay pruebas que así lo demuestren.

HOMOSEXUALIDAD Y ORDEN DE NACIMIENTO
Una de las teorías más fiables respecto a las causas de la homosexualidad, aparecida a mediados de la década de 1990, es la de Ray Blanchard sobre el orden de nacimiento de los hermanos. Tabulando el número de hermanos y hermanas mayores que tenían los hombres homosexuales comparándolos con la media de la población. Encontró que es más probable que los hombres homosexuales tengan hermanos mayores – pero no hermanas- que los hombres heterosexuales o mujeres homosexuales. La probabilidad que tiene un hombre de ser homosexual aumenta en un tercio por cada hermano mayor. Aclaremos, no estamos diciendo que todos los hombres con varios hermanos mayores estén condenados a ser homosexuales. Más adelante veremos porqué. Siga atento.
 Blanchard calculó que por lo menos un hombre homosexual de cada siete –o quizá más-, puede atribuir su orientación sexual al efecto del orden de nacimiento de los hermanos –tener hermanas no produce el mismo efecto, así que no sólo es el orden-. Lo que produce el efecto entonces debe ser algo causado por los hermanos mayores puesto que el efecto del orden de nacimiento no existe en las lesbianas, quienes se distribuyen al azar en el seno de las familias y el mecanismo debe estar en el útero materno, no en la familia.
Existe algo específico en el hecho de ocupar un útero que ya ha sido ocupado anteriormente por otros varones, y ese algo aumenta la probabilidad de la homosexualidad. La mejor explicación pasa por un grupo de tres genes del cromosoma Y, llamados antígenos H-Y de histocompatibilidad menor. Un gen codifica una proteína llamada hormona antimülleriana, sustancia necesaria para masculinizar el cuerpo del feto masculino, pues provoca la regresión de los conductos de Müller (que son los precursores del útero y las trompas de Falopio en las hembras). No se sabe, hasta ahora, con certeza lo que hacen esos tres genes H-Y y tampoco son esenciales para la masculinización de los genitales (función de la testosterona).
Estas sustancias, producidas por los genes,  se llaman antígenos porque provocan una reacción del sistema inmunitario de la madre, reacción inmune que probablemente debe ser más intensa con cada embarazo de un varón. Los bebés hembras no producen antígenos H-Y, por tanto no dan lugar a respuesta inmunitaria, en consecuencia para un varón, ocupar un útero que ya había sido utilizado por una hembra, no produce ningún efecto. Si la hipótesis de Blanchard es correcta el efecto de de una  virulenta reacción inmune contra estas  proteínas de la madre sería la de impedir la masculinización del cerebro, pero no la de los genitales. Como consecuencia, esto podría motivar que se sintieran atraídos por otros machos, o que las hembras los dejaran indiferentes. Antes de continuar, permítanme una breve digresión:
Hay una característica peculiar y un tanto misteriosa de la genética. Por lo general un gen funciona de igual forma sin importar de qué progenitor procede. Pero existen algunos genes raros tienen una especie de “impronta”, y funcionan de forma diferente, o sólo se activan, dependiendo de la procedencia del progenitor. Los genes con impronta paterna tienen una tendencia a favorecer el crecimiento del embrión, mientras que los procedentes de la madre lo contrarrestan. Casi se podría decir que son antagónicos muy a pesar que ambos residen en el mismo feto (en biología se sabe que la mayoría de los genes colaboran entre sí para la viabilidad del embrión). El desarrollo normal es un equilibrio entre los genes de origen paterno que favorecen el crecimiento, y materno que hacen lo opuesto. Esta carrera de armamentos se evidencia en dos enfermedades. Cuando existe una mutación en un gen con impronta paterna,  los genes maternos que lo contrarrestan carecen de oposición,  inhibiendo el crecimiento del feto hasta el punto que este no se implanta, o se implanta en el lugar equivocado (ectópico). Cuando la mutación es en el gen de origen materno, los genes que favorecen el crecimiento no tienen oposición alguna y se produce un crecimiento fuera de control de la placenta dando como resultado un cáncer agresivo: un coriocarcinoma.
Continuemos. Por supuesto que existen muchas pruebas  de que la diferenciación sexual del cerebro no se detiene con el nacimiento y salvo casos muy raros los homosexuales no son mujeres en su estructura cerebral imbuidas en un cuerpo de hombres; las hormonas deben haber masculinizado su cerebros parcialmente. Aunque también cabe la posibilidad que en determinado período, altamente sensible y, o, crucial carecieran de alguna hormona, lo cual afectaría de forma permanente algunas funciones de las cuales la orientación sexual no estaría excluida.
Es como si la naturaleza hubiera dispuesto algún mecanismo de corrección en la tasa hombre/mujer, o un mecanismo de autocorrección en dirección femenina de los últimos varones nacidos después de sucesivos  embarazos de varones para mantener la ratio de 103 varones por cada 100 hembras; como si la evolución quiere compensar el excedente de varones dado que deben competir por las hembras. Especulativo, sin evidencias, pero probable.

¿UN GEN GAY?
No. Un complejo de genes que interactúan unos con otros, de forma que resulta imposible predecir qué combinación daría como resultado un fenotipo gay. Dada la complejidad de las influencias genéticas no se puede predecir de manera contundente la preferencia sexual de alguien a partir de su ADN. Partidarios de la  de la eugenesia, tranquilos: ser homosexual ni se puede predecir, ni se puede evitar.
Durante bastante tiempo ha quedado aclarado que la preferencia sexual de  una persona está influenciada –no determinada- por su composición genética. Lo de si es uno quizá se debe a la interpretación errónea de los medios de comunicación, o la tendencia humana a querer respuestas en blanco y negro.
Los hallazgos en ciencia suelen ser de fácil tergiversación en los medios de comunicación y algo tan complejo como la sexualidad humana da pie a toda clase de controversias, malos entendidos o manipulación. Todo surgió a partir de las investigaciones de Dean Hamer en 1993, quien encontró en el cromosoma X, heredado de la madre, el locus candidato: Xq28.  Estudios posteriores no replicaron el hallazgo quizás porque la muestra inicial era muy pequeña para conclusiones fiables y seguimientos ulteriores arrojaron resultados mixtos. Tampoco sabíamos mucho de epigenética. Sin embargo, recientes estudios con muestras de casi medio millón de personas mostraron que no existe un “gen gay”, sino muchos genes que influyen en la probabilidad de que una persona prefiera parejas del mismo sexo. Genes que regulan o coordinan o dirigen la expresión de otros. Un factor poligénico. Cada uno de estos genes tiene un efecto muy pequeño, pero su efecto combinado es significativo: un grupo de genes actuando en cascada.
Del gen, o genes gay, se podría argumentar también que influye en ciertas personas para que elijan la homosexualidad. Un razonamiento altamente peligroso. Como todo  hallazgo en ciencia, si algún día el resultado de Hamer y otros es falseado, ¿qué nos quedaría? ¿Aceptar que el fanatismo, después de todo, está bien? El argumento en contra de la persecución de las personas homosexuales debe pasar no en término de la existencia de genes gais o de cerebro gay, sino en el derecho de las personas a tener relaciones sexuales de cualquier índole, siempre que sean en consenso, sin acoso o discriminación.

PARADOJA DE LA HOMOSEXUALIDAD PARA LA BIOLOGÍA EVOLUTIVA
Al biólogo evolutivo Robert Trivers, uno de los más sagaces en su área, le sonó a algo conocido el hecho de que los genes que influyen en la homosexualidad no hubieran sido eliminados por la selección natural. Algo tenía que estar pasando, puesto que el porcentaje se ha mantenido en todas las culturas y durante mucho tiempo: alrededor del 9%. Tenía que haber alguna ventaja para que no hubieran sido eliminados dado que es menos probable, en promedio, que los homosexuales tengan hijos en comparación con los heterosexuales, la frecuencia del gen estaría condenada a disminuir hasta desaparecer a menos que confiriera una ventaja en compensación.
Para Trivers el cromosoma X pasa el doble de tiempo (XX) en las mujeres que en los hombres (XY), un gen sexualmente antagonista que fuera beneficioso para la fertilidad femenina podría sobrevivir aunque tuviera un efecto dos veces nocivo sobre la fertilidad de los hombres. Algunos estudios apuntan en la dirección de que la baja fertilidad de los homosexuales, sería compensada con una mayor fertilidad de sus parientes, sobre todo hermanas. También podría ser una estrategia para asegurarse el brindar recursos o cuidados a los sobrinos. Recuerde que un hijo (50% de los genes) equivalen a dos sobrinos (25% de los genes, cada uno), según la regla de selección de parentesco de W. D. Hamilton.
El sociobiólogo Edward O. Wilson le dio una vuelta de tuerca más al sugerir que en el entorno en que evolucionaron nuestros antepasados, un mundo darwiniano, los grupos que tenían un pariente homosexual, liberados de la carga reproductiva, y  que además no participaba en la caza, ayudaban al cuidado de los más pequeños aumentando así la tasa de supervivencia de estos, lo cual hacía más numeroso y exitoso al grupo y por ello los genes portadores de la homosexualidad no desaparecieron del acervo génico. Esta hipótesis aunque es inadaptativa desde el punto de vista reproductivo  porque no da premio evolutivo su persistencia hace pensar que puede haber una ventaja en algún otro punto. Difícil de demostrar, pero es posible.

La tergiversación se usa desde que existen las sociedades y se manipula la verdad con vistas siempre a un mismo fin. La derecha cultural cree que cualquier comportamiento que les parezca biológicamente atípico, como la homosexualidad, se deben condenar porque no “son naturales”. La homosexualidad les parece un “error biológico”: típico razonamiento moral de personas que no saben nada de biología. Hoy los intereses asociados a la religión continúan enfrentados a la ciencia y el mantra de las tres religiones monoteístas, que recitan una y otra vez: que la  homosexualidad es “antinatural”, no se da en la naturaleza, ya que conllevaría a la extinción de la especie. A la fecha le podemos decir a los papas, cardenales, curas, ayatolas, imanes y rabinos que la Etología ha encontrado más de 470 especies entre insectos, mamíferos y aves (leones, gacelas, pingüinos, gansos, lobos chimpancés, bonobos, delfines, albatros y un largo etc.) que practican alguna u otra forma de homosexualidad y no se van a extinguir por ello.
A las autoridades del Vaticano hay que aclararles que lo que no se da en el mundo animal es la castidad ya que conduciría a cualquier especie a la extinción, por lo menos a las que se reproducen sexualmente. Desde la óptica de la evolución la castidad sí es anti natural, es una desviación de los imperativos darwinianos; pero en el Vaticano no saben de biología.

En el mundo animal la homosexualidad no tiene las connotaciones que en las sociedades humanas, los animales no tienen conciencia de su identidad sexual, ni de su imagen corporal sexual en el cerebro y  la moral es un constructo social ya que si solo quedara una persona en el mundo la responsabilidad moral desaparecería.
Si los teóricos de la posición ambientalista quieren la aprobación de la comunidad científica, tiene la obligación de explicar:
·         Por qué en una misma familia con la misma madre castradora o con el mismo padre ausente o represivo se dan tanto hijos homosexuales como heterosexuales.
·         En el mundo animal, sin el componente psicoanalítico, se da la homosexualidad. Y el porcentaje es bajo también comparado con los de los heterosexuales.
·         Por qué es más común la homosexualidad masculina que la femenina.
·         Demostrar que todas las relaciones encontradas entre genes y orientación son inexistentes.
Mientras esto no se cumpla, la explicación ambiental pura no es más que una conjetura en desacuerdo con los hallazgos de la genética y la evolución.
Repetiré lo dicho más arriba: que la homosexualidad no es ni un pecado,  ni una aberración ni una desviación, degeneración o perversidad; sólo una variante de un espectro en el que en un lado está el sexo masculino y en el otro el femenino. Además, los homosexuales son seres humanos que tiene los mismos derechos que los heterosexuales: a organizar sus vidas de tal forma que les proporcione la misma felicidad.


Bibliografía:           

·         Hauser D., Marc.  La mente moral

·         Pinker, Steven. La tabla rasa

·         Ramachandran,Vilanayur., Lo que el cerebro nos dice

·         Ridley, Matt. Genoma

·         Sapolsky, Robert. Compórtate

·         Swaab, Dick. Somos nuestro cerebro

·         Vélez, Antonio. Homo sapiens


domingo, 23 de agosto de 2020

CORONAVIRUS EXTRATERRESTRE


  Inmersos como estamos en la pandemia de Covid-19, producida por el SARS-CoV2, los bulos y teorías conspiranoicas se propagan más rápido que el mismo patógeno tal. Algunos han llegado a afirmar que es un virus artificial creado en un laboratorio en China y que por descuido escapó de allí, argumento que no tiene ningún asidero científico toda vez que es muy parecido a otros virus ya conocidos como el SARS o el MERS, lo cual es más compatible con la evolución biológica: virus que han saltado el mundo animal a los humanos (zoonosis) mediante los mecanismos bien descritos por la biología evolutiva como es la mutación y adaptación. Además esto implicaría una evolución en paralelo fuera de la tierra, lo cual requeriría unas condiciones iguales a las de la tierra para que evolucionara y se pareciera a los virus que ya conocemos aquí.Tampoco tenemos pruebas concluyentes de que un organismo vivo sobreviva por mucho tiempo en las condiciones extremas de radiación, presión y temperaturas que se dan en el espacio exterior, además de las temperaturas infernales cuando ingresan a la atmósfera (más de 1.500 grados centígrados).
   En los últimos días la comunidad científica se ha quedado estupefacta y ha salido a desmentir las afirmaciones del conocido discípulo, amigo y colega de Fred Hoyle, publicadas en un artículo de la revista Advances in genetics, el astrofísico Chandra Wickramasinghe,. Wickaramasinghe sostiene que el meteorito caído en China el 11 de octubre de 2019 portaba el monocultivo del virus. aquí Esto es algo usual en Wickramasinghe ya que junto con Hoyle ha sido por muchos años defensor de la teoría de la panspermia y del origen extraterrestre de algunas epidemias como el primer brote de SARS, la gripe aviar (H5N1), la influenza de 1899-1890 y la mal pandemia de 1918-1919.

  
Fred Hoyle
   A Hoyle le debemos aportaciones significativas, entre ellas la nucleosíntesis estelar de los elementos de la tabla periódica entre el helio y el hierro, forjados en el núcleo de las estrella y luego entregados al espacio mediante la explosión de supernovas para que se puedan formar planetas y vida como en el nuestro. La nucleosíntesis fue desarrollada en compañía de Geoff y Margaret Burbidge y William Fowler, pero sólo a éstos les fue entregado el premio Nobel, omitiendo a Hoyle; Burbridge insistía en que era injustificada su exclusión y que quizá se debió a que Fowler había sido el líder del B2FH (Burbridge-Burbridge-Fowler-Hoyle). Hoyle consideraba que al parecer se le había negado a causa de sus críticas al comité Nobel, cuando este decidió conceder el premio por el descubrimiento de los pulsares  a Antony Hewish y no a su estudiante de  doctorado Jocely Bell, que fue quien en realidad hizo el descubrimiento.  Otros consideran que se debió a sus posturas férreas en contra del establishment ya fue un acérrimo defensor de un modelo de  universo estacionario en oposición al modelo en expansión. El caso es que Hoyle, a pesar de su brillantez, siempre fue un contestatario como lo hace saber en su frase “sostener una opinión popular es barato y no cuesta nada en reputación”. Cuando las pruebas a favor del favor del  Big Bang fueron abrumadoras nunca lo reconoció y así murió. Se aisló de la comunidad científica y sólo se reunía con los Burbridge, Jayan Narlikar y Wickramasinghe, quienes jamás lo contradecían. Quizá fuera un caso de negación como en la primera etapa de un duelo, aunque perder a alguien no es lo mismo que desechar una teoría, tal vez para él era lo mismo: un mecanismo de defensa para no tener que lidiar con el trauma de estar equivocado en una empresa tan importante como era su teoría.

Chandra Wickramasinge
   Aunque la panspermia es una forma de sacar de la tierra el origen de la vida y que tal vez no explica nada, ya que traslada el problema a otro lugar, la idea no es nueva puesto que en el siglo V antes de nuestra era, Anaxágoras ya la había planteado. Ahora bien, la hipótesis de la panspermia molecular, según la cual en el interior de los meteoritos, en los granos de polvo interestelar y en el hielo de los núcleos de cometas provenientes del cinturón de asteroides (entre Marte y Júpiter), el cinturón de Kuiper (después de la órbita de Neptuno) o la Nube de OOrt (en los límites del sistema solar), pudo llegar el agua de los océanos primitivos y una serie de moléculas orgánicas necesarias para la formación de la vida en la tierra. Por ejemplo,con la misión Rosetta y el módulo Phiale (2014-2015) que aterrizó en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimeko se pudo descubrir que los cometas  están compuestos por hielo de agua, silicatos y alrededor de 16 compuestos orgánicos como acetamida, isocianato de metilo, propanal y acetona. Por otra parte la NASA confirmó la presencia de glicina, uno de los veinte aminoácidos esenciales para la síntesis de proteínas fundamentales para la existencia de la vida, en muestras del cometa Wild2 tomadas por la sonda Stardust. Hoy no cabe duda de que los cometas contienen además hiero (Fe), magnesio (Mg), sodio (Na), amoníaco (NH3), monóxido de carbono (CO), cianuro de hidrógeno (HCN),dióxido de azufre (SO2) y ácido sulfhídrico (H2S). Con todo esto es plausible deducir que muchos de los compuestos orgánicos e inorgánicos que hoy conocemos, pudieron haber llegado a bordo de mensajeros interestelares.
   Una cosa es la panspermia defendida por Hoyle y Wickramasinghe y otra la panspermia dirigida propuesta en 1960 y según la cual la vida en nuestro planeta se desarrolló  partir de microorganismos muy resistentes  formados en algún lugar del universo y que habrían sido sembrados en la tierra deliberadamente. Partidarios de esta posibilidad estaban algunos investigadores prestigiosos como Francis Crick (el codescubridor del ADN) y Leslie Orgel, pero ello no la hace más cierta.
    Panspermia dirigida o no, la conclusión de Wickramasinghe parece traída de los cabellos por todo lo que hoy sabemos y que expuesto arriba. Más bien parece que Wickramasinghe tiene nostalgia por la ausencia de Hoyle o quiere continuar con el legado de este, de ser polémico e ir en contra de la comunidad científica sin pruebas concluyentes, olvidándose del principio de la parsimonia (navaja de Ockham) en ciencia: en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser, siempre, la correcta.

martes, 18 de agosto de 2020

SEROTONINA, TRIPTÓFANO Y CARBOHIDRATOS

    

   La serotonina es uno de los mensajeros químicos (neurotransmisores) que transporta señales entre las células nerviosas del cerebro (neuronas).

   Los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS) tratan la depresión y se utilizan para el tratamiento de otras afecciones distintas a la depresión, como los trastornos de ansiedad y funcionan aumentando los niveles de serotonina en el cerebro bloqueando la reabsorción (recaptación) en las neuronas, así hay más serotonina disponible y mejora la transmisión de mensajes entre neuronas, aunque todavía hay polémica sobro cómo lo hacen exactamente. Se les dice selectivos porque afectan principalmente a la serotonina y no a otros neurotransmisores. De los aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) los más comunes son el Prozac (Fluoxetina) y el Zoloft (Sertralina).

   Los ISRS son los antidepresivos que se formulan con más frecuencia.  Pueden aliviar los síntomas de la depresión moderada a grave, incluso pueden volver optimista a gente bastante normal y corriente, y aunque son considerados, por lo general, como relativamente seguros ya que ocasionan menos efectos secundarios que otros antidepresivos también es posible que interfieran con las respuestas de las neuronas a la serotonina.

   Existe un gen en el cromosoma 17 llamado gen transportador de la serotonina que varía en la longitud de una secuencia de activación ubicada en el extremo superior del gen, es decir, una especie de interruptor al principio del gen, diseñado para retardar la expresión del propio gen. Tal como ocurre con muchas mutaciones, la variación de la longitud está producida por un número variable de repeticiones de la misma secuencia, una frase de veintidós letras que se repite entre catorce y diecisiete veces. El 30 por ciento de nosotros tiene dos copias de la secuencia larga, la cual tiene menos capacidad de desactivar su gen. Tales personas poseen más transportador de serotonina, o sea, que circula más serotonina. Ante esto es menos probable que estas personas sean neuróticas y mucho más probable que sean amables que la media, independientemente del sexo, la educación la raza o la renta.

    A partir de esto Dean Hamer considera que la serotonina es la sustancia química que, en vez de aliviar la ansiedad y la depresión, incita a ellas. Y él lo llama el castigo químico del cerebro. Aunque hay pruebas que apuntan en dirección contraria: es decir, uno se siente mejor con más serotonina, no con menos.

   En los países con estaciones hay personas a quienes los cambios de estación les provocan alteraciones emocionales. En verano pueden tener episodios hipomaníacos o maníacos, por el contrario, en invierno pueden caer en profunda  depresión. El canciller Willy Brand tenía episodios recurrentes con la llegada del otoño (días más cortos). Se dice que a veces no deseaba ver a nadie, ni siquiera a su mujer –bueno, a alguno les sucede sin que sea otoño, pero por otras razones. Esto se denomina trastorno afectivo estacional (Seasonal Affective  Disorder, SAD,) y tiene un importante componente genético. La escasa cantidad de luz solar en invierno se constituye en un factor de riesgo para la SAD y el sol mejora los síntomas. El reloj biológico que regula los ritmos de sueño y vigilia, recibe información directa de la luz del entorno, lo que impacta directamente a la SAD. Se da el caso de compañías de seguro estadounidenses que recomiendan a sus clientes de los estados del norte trasladarse a los del sur para menguar los efectos del trastorno. Como vemos, Pequeñas mutaciones en los genes que regulan  el reloj biológico constituyen un factor de riesgo para esta clase de depresiones.

   Existe una curiosa relación entre el invierno, un refrigerio y la somnolencia. Hay personas –una minoría genética, sin que tengamos hasta la fecha una versión de un gen correlacionado con la propensión a este estado-, que las noches oscuras de invierno les llevan a tomar un refrigerio de hidratos de carbono antes de dormir. Estas personas necesitan dormir más en invierno, aunque les parece que su sueño no es reparador. La explicación podría estar en que el cerebro empieza a producir melatonina, la hormona que induce al sueño en respuesta a la oscuridad de las primeras horas de la noche en el invierno. La melatonina se sintetiza a partir de la serotonina, de tal suerte que la serotonina disminuye a medida que se produce la melatonina. Una de las formas de producir más serotonina es aumentar los niveles de triptófano en el cerebro, ya que el triptófano es el precursor de la serotonina. También es cierto que para que haya más triptófano en el cerebro, la formula más rápida es que el páncreas produzca insulina, ya que la insulina hace que el cuerpo absorba otras sustancias químicas similares al triptófano eliminando así a las que compiten por los canales de transporte de triptófano al cerebro. Y la forma más rápida de que se segregue insulina es tomar un refrigerio alto en hidratos de carbono. O sea, en las tardes de invierno, modificar los hábitos alimenticios, como comer galletas, eleva el ánimo porque aumenta el nivel de serotonina en el cerebro.

 

Nota final:

   Dean Hamer es un genetista, autor y productor de filmes conocido por sus contribuciones a la prevención del SIDA/VIH e investigaciones en genética  humana, incluyendo la orientación sexual y la espiritualidad, ambas polémicas ya que en la primera la prensa dijo que había encontrado el gen gay, que realmente no es uno sino alrededor de 12, en alguna parte del cromosoma X, cuyo locus candidato es el Xq28;  en la investigación sobre la espiritualidad, también sensacionalista, versaba sobre un gen en el cromosoma 10  responsable de elaborar la proteína VMAT2 (transportador vesicular de mono aminas tipo2) cuya función es transportar ciertos neurotransmisores como la dopamina, serotonina y epinefrina, documentado en el libro El Gen de Dios (2004). Dick Swaab cree que probablemente ése sea sólo uno de varios genes involucrados y que en consecuencia debió llamarse mejor Un Gen de Dios.