viernes, 4 de diciembre de 2020

ANIMALES NO HUMANOS Y FUEGOS ARTIFICIALES

 

ANIMALES NO HUMANOS Y FUEGOS ARTIFICIALES

 

  “El amor por todas las criaturas vivientes

es el más noble atributo del hombre”

Charles Darwin


Es intuitivo para la mayoría de las personas creer que el dolor humano es excepcional porque piensan que la capacidad de una especie para procesar el sufrimiento está relacionada con su capacidad intelectual. Es obvio que las plantas no pueden pensar, y hay que estar bastante chalado como para creer que sienten placer estético escuchando música de Mozart, Beethoven o Chopin; pero hay que ser demasiado excéntrico para considerar que pueden sufrir. Por eso las guillotinamos con la podadora de césped sin ningún tipo de remordimiento. Igual podríamos pensar de la ameba, pero ¿las vacas? Pregúntenle qué piensa de ello Temple Grandin. (ver aquí)

    René Descartes creía que los animales no humanos no tienen alma y no sienten dolor. Descartes perteneció a una larga lista de viviseccionistas como William Harvey, Galeno y Vesalio, pero hoy ningún científico respetable se anotaría en su club como para clavar a un mamífero vivo en un tablón y diseccionarlo sin anestesia. De llegar a hacerlo las leyes actuales de muchos países los castigarían con severidad, aunque los invertebrados no están tan protegidos. Es mucho lo que hemos avanzado en el derecho de los animales no humanos, aunque las cosas no fueron siempre así. La historiadora Bárbara W.Tuchman en su libro Un espejo lejano, el calamitoso siglo XIV, en el capítulo Diversiones medievales violentas, narra cómo los jugadores, con las manos atadas a la espalda, competían para matar a un gato, atado a un poste dándole golpes con la cabeza. La diversión estaba en ver cómo los competidores acababan con la cara destrozada por los arañazos del gato. O cerdos encerrados en un corral amplio, siendo perseguidos por hombres con garrotes, mientras el animal huía chillando por los golpes, lo que les causaba grandes risas a los espectadores, hasta que el pobre animal se desplomaba sin vida. Hoy nos aterramos ante esas monstruosidades, sin embargo aún tenemos las riñas de gallos, de perros y las corridas de toros, o marcar el ganado con hierros candentes y la castración sin anestesia. Los historiadores del futuro tendrán algo que decir sobre ello, si es que sobrevivimos como especie.

 

   Jeremy Bentham el filósofo del utilitarismo dijo <La cuestión no es, “¿pueden razonar?”, ni tampoco “¿pueden hablar?”, sino “¿pueden sufrir?”>. La mayoría de los humanos suponemos que la capacidad de de sentir dolor o sufrimiento está relacionada con la capacidad mental, reflexionar pensar o razonar.  Biológicamente no hay ninguna razón por la que debiera existir una correlación positiva. Sentir dolor es algo primigenio, es la clase de sensación para la que no se necesita ni intelecto ni experiencia; es más, podríamos hallar razones darwinianas por las cuales debería existir una correlación negativa entre intelecto y susceptibilidad al dolor. El dolor en el sentido darwiniano sirve al animal como advertencia para alejarse y no repetir situaciones o acciones que puedan causarle daño al cuerpo. Al fin y al cabo, la supervivencia es un imperativo biológico para poder transmitir los genes a la siguiente generación. De tal suerte que no tenemos ninguna razón para creer que los animales no humanos sienten menos dolor o sufrimiento que nosotros; sin embargo, si usted no lo considera así, por lo menos otórguele el beneficio de la duda.

   Los fuegos artificiales tienen una fascinación hipnótica y a mí me encantan, desde siempre. Pero mi placer es más visual (soy primate) que sonoro: espectaculares destellos, formas y colorido alucinantes. Los sonidos de las explosiones me aterran, pero parece que a muchos les entusiasman, de lo contrario los fabricantes ya hubieran fracasado por incluirlos.

   Así como me gustan los fuegos artificiales, también me gustan los animales no humanos y éstos también se siente aterrorizados con el estruendo de producen los fuegos artificiales. Al parecer a muchas personas les encanta tanto este estruendo que no sólo lo disfrutan en las fiestas de fin de año, sino que lo repiten una y otra vez durante el resto del mismo. Sobre todo a los entusiastas de las fiestas religiosas ya que con cada celebración del santoral se sienten realizados haciendo estallar estos petardos que no son visuales sino sonoros, no solamente el día del festejo, sino nueve días antes y desde la madrugada, perturbando el sueño y la tranquilidad de los animales humanos y no humanos. Pareciera ser que no sólo quieren hacerlo con éstos sino con sus deidades, por el alboroto perturbador que producen. Por cierto, también los partidarios de cualquier grupo político también están incluidos en esta cohorte. Algo deben tener en común.

 

   Aunque parezca que esta es una impresión subjetiva, la literatura veterinaria la ha confirmado mediante estudios científicos y describe más de veinte síntomas sicológicos de angustias medibles en perros, gatos y caballos como resultado de los fuegos artificiales. Se calcula que más del cincuenta por ciento de los perros y el sesenta por ciento de los gatos sufren de fobia a los fuegos artificiales. Aunque en los gatos es menos manifiesto en su conducta que en los perros. Por muy poco que sepamos sobre animales, todos alguna vez hemos oído hablar de la sensibilidad auditiva de estas dos especies. Si para los humanos es estruendoso, imagínelo para ellos.

   Y los animales salvajes también se asustan igual que mascotas o animales de granja, cerdos y ganado. Es más, las mascotas, igual que algunos niños,  cuentan, muchas veces, con animales humanos que los consuelan o intentan tranquilizarlos; pero los animales salvajes ven que de repente su tranquilo ambiente natural ha sido perturbado por el estruendo desencadenado inesperadamente.

   ¿Se deberían restringir los fuegos artificiales a días especiales del año?, ¿se podrían permitir con permisos concretos, igual que se hace con la música a un volumen alto? o ¿sólo permitirle su administración a entidades públicas? Considerándolo bien, permitir los fuegos artificiales visuales con restricciones sobre el ruido es una opción mejor que las anteriores. Los fuegos artificiales tranquilos ya existen y son utilizados en las grandes capitales del mundo civilizado.


   Para algunos, sobre todo la izquierda intelectual desinformada –ya lo decía Darwin, peor que no estar informado es estar desinformado- las restricciones legales sobre los fuegos artificiales infringen las libertades individuales; pero este es en esencia un argumento convincente sólo en apariencia, porque si le damos una vuelta de tuerca más veremos por qué. Lo que la gente hace en su patio trasero o jardín es cosa suya, y no es de incumbencia del estado o su vecino, al fin y al  cabo es propiedad privada. Pero los ruidos producidos por esas explosiones trascienden los límites de cualquier propiedad privada, llámese jardín o patio trasero. Y si me disgustan los destellos y colores de los fuegos artificiales, simplemente con correr las cortinas asunto arreglado. Pero hasta ahora no existe bloqueo que funcione contra las explosiones ruidosas, de existir sería la solución para muchos veteranos de guerra que padecen estrés postraumático. Indudablemente la contaminación sonora es perversa y antisocial, llámese música a volúmenes estridentes, bocinas de coches o fuegos artificiales sonoros, y punto.

   Ahora bien, la arrogante presunción de que los humanos importan más que el resto de animales está asentada en nosotros y hunde sus raíces en la  mayoría de las doctrinas religiosas. De ahí a pensar que el placer humano es más importante que el sufrimiento o terror de los animales no humanos, está a la vuelta de la esquina. Y si no, pregúntele a los toros de lidia, perros y gallos de pelea.

   Considerar que el placer humano es más importante que el maltratar o aterrorizar a perros y gatos, elefantes y caballos, tigres conejos, vacas y aves es un problema filosófico y jurídico complejo; pero no es este el sitio para exponer los argumentos, sin embargo, investigadores de varios países han encontrado que aquellas personas que más defienden (ver aquí) los derechos de los animales no humanos también exigen más derechos para los grupos minoritarios y vulnerables. Si bien estamos lejos en conseguir el pleno reconocimiento de los derechos de los animales no humanos algo hemos avanzado, y hemos avanzado después de otorgarle los derechos a las mujeres, los niños, afro descendientes, homosexuales y demás grupos minoritarios. Algunos países se lo han tomado en serio, otros no tanto y hay algunos que lo consideran ridículo; pero una sociedad habla de su civilidad y avance de acuerdo a como trate a los animales.

   Algunos juristas, equivocadamente, (ver aquí) creen (ver aquí) que porque dos de cada tres personas en el mundo no tiene acceso a la justicia el otorgar derechos a los animales puede considerarse contraintuitivo; pero reconocer derechos a los animales no humanos no hace menor la obligación de los estados de garantizar la protección de los humanos en estado de vulnerabilidad. Y la responsabilidad también pasa por políticos y funcionarios estatales.

   Aunque la inteligencia y el poder de razonamiento de los animales no humanos son diferentes e inferior al nuestro, la capacidad de sentir dolor o miedo no depende del razonamiento o la inteligencia como dijimos al principio. No existe ninguna razón obvia para suponer que un elefante, un perro o un guepardo es menos capaz de sentir miedo o dolor que usted o yo. Y en el miedo a los fuegos artificiales es más razonable suponer todo lo contrario. Nosotros entendemos lo que es, inclusive a los cachorros humanos se les puede transmitir seguridad y consuelo verbalmente; pero no puedes hacer eso con los animales no humanos. Es una muestra de nuestra indolencia, indiferencia y egoísmo con relación a los millones de seres sensibles que no son capaces de internalizar los fuegos artificiales, pero que sí son capaces de sentirse aterrorizados con ellos sin entender lo que es.

   En gran parte de los países del mundo hay legislación referente a la fabricación, comercialización y manejo de la pólvora ya que en esencia es un problema de salud pública, dadas las laceraciones, mutilaciones, secuelas y daños permanentes que ocasiona; pero es muy laxa, sobre  todo para con los niños y menores. Sólo en el fin de año de 2019, de acuerdo a las cifras del Ministerio de Salud de Colombia, 839 personas resultaron quemadas por el uso irresponsable e inadecuado de la pólvora, en su gran mayoría niños.

   Los fuegos artificiales contaminan las ondas sonoras en todo el mundo, pero continuarían siendo atractivos si fueran silenciosos, y esto no es ser aguafiestas.