sábado, 11 de abril de 2015

EVOLUCIÓN Y BIPEDALISMO III CONSECUENCIAS


CONSECUENCIAS DE LA POSICIÓN BÍPEDA


Extremidad inferior  y media pelvis de
Humano, Australopiteco y Chimpancé
De la genética hemos aprendido que no se necesitan muchos cambios en el ADN        (mutaciones) para producir modificaciones en cualquier organismo. Las mutaciones en los genes llamados reguladores son capaces de inducir una serie de cambios en la programación de otros genes que actúan sobre  determinado desarrollo y es posible que en la adquisición del bipedalismo también actuara de esa forma. Esto en cuanto al ADN, pero sus consecuencias afectan la morfología y fisiología de cualquier especie y la pelvis y la columna vertebral de los humanos no son la excepción, con lo que son las estructuras que más alto precio pagan (después del cerebro) por la adquisición de nuestro andar bípedo.
Nuestra pelvis es ancha, más en las mujeres -por tanto algo menos eficiente en la marcha que los hombres-, corta y bastante curvada para formar el anillo óseo que nos caracteriza; por el contrario, la de los simios es larga, estrecha y con un ala ilíaca casi plana.
Las transformaciones y modificaciones óseas y musculares atadas a nuestro bipedalismo trajeron problemas anatómicos y funcionales aún no resueltos del todo por la evolución (quizás ha pasado poco tiempo aún), pero atenuados, por fortuna para nosotros, por la ciencia y la medicina, tales como hernias inguinales, hemorroides, varices, escoliosis, lordosis, cifosis, embarazo incómodo y parto difícil.

En los cuadrúpedos las vísceras son sostenidas por el mesenterio que cuelga de la columna vertebral, como una cortina de las varillas; en los humanos empujan hacia la cavidad pélvica. En los cuadrúpedos el corazón hace menos esfuerzo ya que bombea casi toda la sangre en forma horizontal; en los bípedos tiene que hacerlo más verticalmente, lo que requiere de válvulas especiales, de allí que los problemas de várices se deben a la gran presión a que se someten las venas.
Las caídas son frecuentes en nosotros los bípedos; los cuadrúpedos rara vez se caen. Las fracturas, los daños en los discos intervertebrales y otras lesiones anatómicas también son más frecuentes en nosotros. En conclusión, los humanos somos un producto evolutivo todavía imperfecto.
Entre los cambios que trajo la postura bípeda está la aparición de curvaturas en la columna vertebral: una especie de resorte.
Columna vertebral humana y sus curvaturas
Los recién nacidos tiene una sola curva (cifosis) dorsal y el arco apunta hacia atrás como en los cuadrúpedos. A los tres meses aparece la curvatura cervical (lordosis), con la convexidad hacia adelante. Hacia los nueve meses, cuando el bebé ya se sienta solo, ha desarrollado la curvatura lumbar, también como la cervical, dirigida hacia adelante. De tal suerte que disponemos, en nuestra espalda, de tres resortes, uno encima de otro, de forma que nuestra cabeza se mantiene en equilibrio con muy poco esfuerzo muscular.
El foramen magnum, en la base del cráneo (por donde pasa la médula) y la articulación del mismo con la primera vértebra cervical, los cóndilos occipitales, también se desplazan hacia adelante para mejorar el equilibrio de la cabeza (muy grande, por cierto) a fin de que se sostenga con poco esfuerzo.
Todos estos cambios ocurren en los primeros tres años de vida y en los primates no humanos no se forman las curvaturas cervical y lumbar, ni se desplaza la articulación de la cabeza hacia adelante, por cuanto ellos muy pocas veces se ponen de pie.
Canal de parto de
Chimpancé, Australopiteco y Humano moderno
No hay ninguna especie que tenga un canal de parto tan estrecho como el de la hembra de Homo sapiens, el cual le da muchas dificultades al dar a luz. Para acabar de complicar las cosas el canal de parto no es recto como en los cuadrúpedos -paralelo a la espina dorsal-, sino angulado y el feto tiene que rotar para salir. La mayoría de los partos son en posición occipitopúbica, o sea dándole la espalda a la madre y la cabeza deflexionada –estirada hacia atrás-, con lo cual si ésta intentara ayudarle a salir podría ocasionarle graves lesiones cervicales al exagerar la deflexión de la cabeza y doblarle más hacia la espalda. Una vez que sale la cabeza, el feto además debe rotar para sacar un hombro primero y luego el otro. Por eso en nuestra especie la madre no puede ayudarse a sí misma en el parto, de forma que este se ha convertido en un fenómeno social con ayuda de otras mujeres. Entre los monos ni hay comadronas y menos gineco-obstetras.
Todas estas contorsiones nos llevan a asegurar que comparado con los demás primates, el parto humano tiene como características: primero, el grave conflicto pélvico-cefálico, entre un canal de parto estrecho y cabeza desproporcionadamente grande del neonato; segundo, el canal de parto de nuestra especie no tiene la misma sección en toda su trayectoria, lo cual obliga al feto a rotar para adaptarse; y tercero, el canal de parto está doblado en el último trayecto, lo cual obliga al feto a extender (deflexión) mucho la cabeza para seguir la trayectoria curva impuesta por la evolución y producto de nuestra posición bípeda.
Recorrido durante el parto en:
Humano moderno y Chimpancé
Tanto en los simios grandes, como en los monos más pequeños el canal de parto es más ancho que la cabeza del feto el cual sale recto, sin ninguna curva y además con la cara mirando a la madre. Solo se han podido documentar tres casos de hembras chimpancés que parieron a sus crías (por supuesto en un zoológico, quizás sobrealimentadas y con poca actividad física) en posición occipito-púbica, es decir, con el occipital de la cría tocando el pubis de la madre- de espaldas-, como en las hembras de nuestra especie. Falta mucho por observar sobre el parto de esta especie, ya que la observación en su hábitat es difícil.

Sea como sea, con todas las complicaciones impuestas por nuestra posición bípeda hay que abonarle que esta postura nos permitió tener las manos libres, desarrollar la pinza de precisión con nuestros dedos y el crecimiento de nuestro cerebro (una exaptación positiva); de lo contrario quizá aún seríamos un cuadrúpedo más como un  papión, gorila, gibón o chimpancé.

Bibliografía:
1.- Arsuaga, Juan Luis. El primer Viaje de Nuestra Vida
2.- Agustí, Jordi; Bufill, Enric; Mosquera, Marina. El Precio de la Inteligencia
3.- Mayr, Ernst. Por qué es Única la Biologia
4.- Vélez, Antonio. Del Big Bang al Homo sapiens
5.- Dawkins,Richard. El Cuento del Antepasado
6.- Savage-Rumbaugh, Sue. Vídeo animación del bipedismo. En Ted Conferences

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