No ganas
al intentar, el olvidarme…
ROBERTO
CARLOS, canción “Detalles”
En Nueva Guinea los hombres rechazados componen
canciones de amor a las que llaman namai y
que hablan sobre “matrimonios que podrían haber sido”. En la India, hombres y
mujeres con el corazón destrozado formaron La Sociedad para el Estudio de los
Corazones Rotos y se reúnen el tres de Mayo de cada año para celebrar el Día
Nacional de los Corazones Rotos intercambiando historias, compartir
experiencias, y consolarse mutuamente: Igual que cualquier club de adictos con
la ilusión de superar la adicción. Y es que casi todo el mundo siente la
angustia del rechazo amoroso en algún momento de su vida; nadie escapa a los
sentimientos de vacío, desesperanza, miedo y furia que genera el rechazo.
La experiencia más estresante para un bebé es la
de la separación de la madre que le cuida para garantizar su supervivencia. El
mecanismo del desespero por separación o desarraigo es innato en todos los
recién nacidos para ayudarles a sobrevivir. En los adultos el mismo mecanismo
se activa cuando se pierde un gran amor.
La neurociencia ha descubierto que el dolor
físico tiene dos componentes: un sentimiento emocional desagradable y un
sentimiento de trastorno de los sentidos. Dichos componentes están asociados a
estructuras distintas del cerebro. El dolor social también está asociado a una
estructura llamada giro cingular anterior,
la misma estructura implicada en el componente emocional del dolor físico
(Eisenberger, Naomi I., et al.,
Science, 10 # 5643, Octubre 2003). Como es fascinante que el dolor producido por
un golpe en cualquier parte del cuerpo y el de un desaire después de un intento
de seducción, o el abandono, sean
compañeros de habitación en el cerebro, a algunos investigadores, aparentemente
insensatos, se les ocurrió la idea de que era posible que los mismos analgésicos
que reducen la respuesta del cerebro al dolor físico también lo podrían hacer
con el dolor social. Y los resultados
también fueron fascinantes, pues por lo que parece el paracetamol reduce la respuesta neuronal al rechazo social. Pero
¡cuidado!, no estamos diciendo que para aliviar el dolor social sea suficiente
con un analgésico, es más complicado que eso, pues aunque exista una
correlación también hay otras estructuras neuronales implicadas en el dolor
social del abandono.
Neurocientíficos y psiquiatras dividen el rechazo
romántico en dos etapas: Protesta y resignación/desesperación. Durante la
primera fase (de protesta) los amantes abandonados intentan recuperar al amado.
Cuando la resignación toma asiento, se rinden por completo y son presas de la
desesperación. Los amantes rechazados utilizan medidas extraordinarias para
reencontrarse con su pareja, recorriendo los sitios que frecuentaban juntos,
telefonean a cualquier hora de día o de noche, escriben o envían correos
electrónicos y hasta suplican. Irrumpen en la casa o sitio de trabajo de su ser
amado, acosan, amenazan, se marchan furiosos para volver al poco tiempo y
renovar su llamamiento a la reconciliación: obsesionados, sería el diagnóstico de
cualquier psiquiatra, por disminución de la dopamina y un bajón de serotonina.
Esta es la fase de la abstinencia en las adicciones y también en el trastorno
obsesivo compulsivo, (TOC).
En el sótano del cerebro están ubicadas las
fábricas de dopamina y de allí se bombean al núcleo caudado y otras regiones
donde se genera la motivación para alcanzar determinadas recompensas. Pero si
la recompensa tarda en llegar, estas neuronas productoras de dopamina prolongan
su actividad, aumentando los niveles de este estimulante natural. Los niveles
altos de dopamina van ligados a una motivación intensa y conductas dirigidas a
unos objetivos; tal como lo hace la ansiedad y el miedo. La dopamina se puede
transformar en norepinefrina y ésta en epinefrina. Los daños que producen los
altos niveles de la epinefrina en el torrente sanguíneo son harto conocidos: nos
prepara para la lucha o la huida,
incrementa el nivel de glucosa en sangre, acelera los latidos cardíacos,
aumenta la respiración. Si no se produce ni la huida ni la lucha, esta hormona
causa estragos.
Algunas veces la protesta funciona y puede ser
eficaz en las relaciones amorosas. Quienes abandonan a su pareja pueden
experimentar sentimientos de culpa de ser los causantes de la ruptura, de tal
suerte que mientras más protesta la persona rechazada, más probable es que la
persona que provocó la ruptura reconsidere su actitud y reanude la relación.
Algunos lo hacen temporalmente. La protesta funciona, pero no siempre.
En la fase de resignación la furia del abandono
es diferente al combate entre iguales por el cortejo de una hembra. El ganador
suele manifestar un sentimiento de triunfo y el perdedor siente la ignominia al
retirarse, pero ninguno de los dos parece estar furioso.
La furia es excesivamente costosa desde el punto
de vista metabólico: estresa el corazón, eleva la presión sanguínea y anula el
sistema inmunitario. Pero la furia del abandono parece tener un objetivo
biológico: impulsar a los amantes a deshacerse de uniones sin futuro, a cerrar
las heridas y a reanudar la búsqueda en otros sitios.
Por otra parte, si la persona rechazada ha tenido
hijos durante la existencia de esta sociedad, ahora en quiebra, la furia del
abandono se concentra en luchar por el bienestar de éstos, aunque muchas veces
son utilizaos para extorsionar al otro. Lo vemos en los trámites de divorcio en
las sociedades humanas. Hombres y mujeres considerados equilibrados se vuelven
despiadados. Y no es sorprendente que desemboque en violencia. Tanto unos como
otras han desperdiciado tiempo, energía y recursos en una pareja que ahora les
abandona.
Las mujeres también acosan, pero en menor medida
que los hombres y son menos dadas a lesionar o asesinar a sus compañeros.
Prefieren reprocharse a sí mismas sus defectos, intentar atraer y seducir con
la esperanza de reconstruir la relación. Se muestran más propicias a hablar y
comprender los problemas; pero cuando todo esto falla algunas mujeres también
recurren al acoso. Se cree que entre un cuatro y ocho por ciento de los hombres
que fueron víctimas de homicidio murieron a manos de su actual o anterior
pareja. Sin embargo de este porcentaje hay que tener en cuenta que algunas
padecen otros problemas mentales. Medea es el caso más representativo de todas
las leyendas sobre agresiones protagonizadas por mujeres. Según la leyenda
griega cuando Jasón la rechaza para casarse con la hija de Creonte, rey de Corinto, la celosa Medea envía un vestido
emponzoñado a la nueva esposa de Jasón, el cual se enciende en llamas
matándola. Pero no contenta con ello también acaba con el ADN de Jasón al
asesinarle los hijos.
Los hombres suelen depender más de sus parejas
románticas, probablemente porque ellos mantienen menos lazos con parientes y
amigos. Quizá por ello los hombres muestran una mayor tendencia a recurrir al
alcohol, las drogas o conductas imprudentes y no a sus familiares o amigos
cuando pierden la esperanza de recuperar a la pareja perdida. Revelan menos su
dolor y enmascaran su tristeza, puntuando bajos en la escala de depresión; pero
al observar sus hábitos diarios, rendimiento laboral e interacciones con amigos
muestran su pena; de ahí que tengan dos o tres veces más probabilidades de
cometer suicidio que las mujeres.
¿Y LOS CELOS QUÉ?
Si hay algo común en todo el mundo son los celos.
Este afán posesivo en toda la naturaleza ha hecho que los científicos lo
etiqueten como “vigilancia de la pareja” y lo practica la gran mayoría de los
animales.
En una relación amenazada por un rival algunas
persona celosas se tornan de mal humor; otras intentan controlar el tiempo
libre de su pareja o lo monopolizan: les ocultan de interacciones sociales o
les riñen sin les ven relacionándose en cualquier acto social; hay quienes
intentarán suscitar los celos de su enamorado; algunos hacen ostentación de ser más listos, sexualmente atractivos o
ricos que el competidor potencial; pueden colmar a su amado de regalos y
atenciones y en casos extremos manipulan y chantajean a su pareja amenazando
con suicidarse si ésta le abandona.
Aunque hombres y mujeres suelen ponerse celosos
por las mismas cosas, pero las motivaciones evolutivas son diferentes. A los
hombres los enfurece la idea de una infidelidad sexual, tanto si es real como
imaginaria porque el coste es considerable en caso de engaño: podría estar
malgastando tiempo y energía en el ADN de otro. Quizá por ello tienen mayor
tendencia a desafiar al rival mediante agresiones físicas o palabras
desagradables, aunque los altos niveles de testosterona aportan su cuota en la mayor
agresividad de los hombres.
Así como los hombres le temen a la infidelidad,
las mujeres le temen al abandono emocional y financiero. Esther Vilar, la
escritora argentina, dice en su libro El varón
domado, que su furia se debe a la pérdida
de un buen negocio. De hecho las mujeres –más que los hombres-, muestran
una mayor tendencia a pasar por alto una aventura pasajera o “cana al aire” con
una rival. Pero cuando la mujer cree que su compañero está derrochando tiempo y
recursos que le pertenecen a ella o a su prole con una rival puede ser
extremadamente celosa y violenta. Hay casos extremos en los que dice “mientras
me mantenga a mí y a mis hijos, no me importa lo que haga con su bragueta”. Y
todos conocemos o hemos conocido al menos un caso.
ACOSAR, GOLPEAR…
Los hombres acechan, persiguen, acosan a la
amante que les ha abandonado. Algunos no paran de hacer llamadas o enviar
mensajes suplicantes o infames; otros les roban objetos de valor o muy
personales, como ropa interior, por ejemplo; les siguen en su coche, o merodean
alrededor de su casa o lugar de trabajo para insultarla o implorarle. Pero los
hombres, por su mayor tamaño y fuerza, también dan palizas. Las estadísticas en
Estados Unidos muestran que una de cada cuatro mujeres es golpeada, empujada,
abofeteada o maltratada físicamente por su perseguidor. Un tercio de las
mujeres estadounidenses que solicitan atención médica urgente, una de cada
cuatro mujeres que intentan suicidarse y un veinte por ciento de las
embarazadas que necesitan asistencia prenatal han sufrido palizas por parte de
un compañero sentimental.
…Y MATAR
Los hombres también matan. De cada cien mujeres
asesinadas, se cree que un 37-40 por ciento mueren a manos de su marido, ex
marido, novio o ex novio, sin embargo los expertos creen que este porcentaje es
más alto, entre un 50 y 70 por ciento. Otelo es el ejemplo más representativo
para la cultura occidental.
Al igual que el amor, el odio es ciego; para
algunos ninguna forma de violencia es demasiado extrema. Y esta violencia es
generada, al menos en parte por la química cerebral: niveles elevados de
dopamina y norepinefrina. Estos altos niveles de estimulantes naturales,
probablemente facilitan al acosador, al maltratador o al asesino una atención focalizada
y una energía desmedida. Por otra parte, los niveles elevados de dopamina a
menudo están asociados con una violencia impulsiva hacia otras personas. Quiero
dejar bien claro que todo lo dicho aquí es
una explicación y no ¡una justificación! Por supuesto que los acosadores y
los asesinos son responsables de sus crímenes pasionales. No en vano hemos
desarrollado mecanismos cerebrales especializados y muy sofisticados para el
control de nuestros impulsos violentos. Nuestra responsabilidad y nuestra
moral, son producto de un constructo social y no de unas moléculas químicas en
el cerebro.
Pero por desgracia, algunos hombres y mujeres no
los controlan y terminan asesinando a otros hombres o mujeres que antes habían
amado. O suicidándose.
LA MEDICINA MODERNA AL RESCATE
El hombre que acaba de perder el trabajo sufre un
tipo distinto de depresión que la depresión postparto de una mujer. El amor
rechazado suele provocar a su vez otro tipo distinto de depresión y dentro de
esta quienes están pasando por la fase inicial de protesta experimentan
síntomas distintos a quienes están en la fase de desesperanza. Todas las formas
de depresión se manifiestan mediante síntomas básicos como incapacidad para
recordar hechos o cosas cotidianas, falta de concentración en tareas habituales,
pensamiento obsesivo en el problema y tristezas y muchos contemplan la
posibilidad del suicidio.
Existen algunos fármacos utilizados para mejorar
los trastornos obsesivos y la depresión, de los cuales los más conocidos son Prozac y Zolof. Estos son los inhibidores selectivos de la re-captación de
la serotonina (ISRS). Impiden que ésta se diluya en el cerebro, manteniendo los
niveles estables. Quizá en el futuro, desenamorarse sea cuestión de tomarse una
pastilla, pero por ahora no es tan sencillo.
Cuando la medicación surte efecto esta absoluta
tristeza empieza a diluirse y el sufrimiento físico y psíquico se siente con menor intensidad. El
pensamiento obsesivo hacia el otro va disminuyendo, se empieza a comer y dormir
mejor, la reflexión incesante es cada vez menos frecuente, se empieza a llevar
mejor el trabajo, el deseo de contactar a la persona amada ya no es tan fuerte
y la furia, desesperación o nostalgia irrumpen cada vez menos en nuestro
pensamiento.
Pero, ¡cuidado! Todo lo que funciona en medicina
tiene efectos secundarios, inclusive la llamada medicina natural o alternativa. Cuando a usted le dicen que algo no
tiene efectos secundarios, desconfíe; es posible que sucedan tres cosas: 1) no
se han estudiado los efectos secundarios; 2) no sirve para nada y 3) Todas las
anteriores. Entre los efectos secundarios conocidos está el aumento de peso, retardo
en la excitación sexual, disminución de
la libido, incapacidad para alcanzar la erección, eyaculación u orgasmo
y hasta una sensación de apatía, el llamado embotamiento
afectivo.
Es preferible sobrellevar todos estos efectos
secundarios cuando alguien tiene deseos de suicidarse o de matar a alguien,
pero es conveniente evaluar periódicamente su estado y combinar los
antidepresivos con elevadores de la dopamina que no producen incremento de peso
ni disminución del deseo sexual; es más algunos pacientes manifiestan todo lo
contrario, un incremento del deseo sexual. Claro que estos elevadores de
dopamina no son tan predecibles a la hora de mejorar la depresión con
tendencias suicidas.
No hay que auto medicarse, hay que ponerse en
manos de especialistas porque no hay ningún medicamento antidepresivo que
funcione bien para todos los pacientes. Cada usuario en colaboración con su
médico debe encontrar el adecuado. Además no hay antidepresivo alguno que elimine
por completo la angustia del amor perdido y todos tienen efectos secundarios de
uno u otro tipo.
Hoy existen discrepancias
entre la utilización de medicamentos y la psicoterapia; pero en vez de centrarse
en las bondades de cada una, es preferible la combinación de ambas o escoger la
que más convenga de acuerdo a cada caso. Algunos llevan mejor los
antidepresivos que hablar, otros lo contrario, y en algunos casos ambos. Sea
cual sea el caso que usted conozca o sienta, siempre es mejor estar en manos de
un especialista, y por supuesto, hay algo que termina curando el desamor,
aparte de otro amor: el tiempo.
El canta autor brasileño Roberto Carlos en su
canción Detalles dice…el tiempo que rasforma todo amor en casi
nada…
Bibliografía
1.- Fisher, Helen. Por qué amamos
2.- Mlodinov,
Leonard. Subliminal
3.- Swaab,
Dick. Somos nuestro cerebro

