EL CROMOSOMA 2, EL ALMA Y EL PAPA
ü Todos somos simios, grupo que estuvo
al borde de la extinción hace quince millones de años en franca competencia con
los monos, mejor adaptados.
ü Somos primates, grupo de mamíferos
que casi se extinguió hace cuarenta y cinco millones de años, también en competencia con los
roedores, más prolíficos, extendidos y con mejores adaptaciones.
ü Descendemos de tetrápodos sinápsidos,
un grupo de reptiles que casi desaparecen hace doscientos cincuenta millones de
años compitiendo con los dinosaurios mejor diseñados.
ü Venimos de peces con patas (sarcopterigios)
que sobrevivieron por un pelo hace trescientos sesenta millones de años compitiendo
con peces de aletas radiadas (actinopterigios).
ü Somos cordados, un filo que apenas
logro sobrevivir hace quinientos millones de años en el cámbrico compitiendo
con los artrópodos.
Chimpancés,
gorilas y orangutanes tienen veinticuatro pares de cromosomas y hasta 1955 se
aceptaba que los humanos teníamos veinticuatro pares también; pero todo cambió
cuando el indonesio Joe-Hin Tjio se trasladó de España a Suecia para trabajar
con Albert Levan. Con mejores técnicas Tjio y Levan descubrieron que no eran
veinticuatro pares, sino veintitrés. Al tener un par menos, la razón no es que un par de cromosoma de los grandes simios
se haya extraviado en algún momento de la evolución, sino que dos de ellos se
fusionaron en nosotros. El cromosoma 2
contiene alrededor de 230 millones de
pares de bases y representa el 15% del
total del ADN nuclear, por tanto es el segundo en tamaño de los cromosomas
humanos y está formado por la fusión de dos cromosomas de simios. Esto es
evidente porque gorilas, orangutanes y chimpancés tienen secuencias de ADN casi
idénticas a las del cromosoma 2, pero en cromosomas separados. Normalmente los
cromosomas tienen un solo centrómero, pero el cromosoma 2 humanos tiene restos
de un segundo centrómero; también normalmente el telómero lo encontramos al
final de cada cromosoma, pero en el cromosoma 2 humano se observan secuencias
teloméricas adicionales en el centro. ¿Coincidencias? No: evidencias.
Ante esta
evidencia la religión católica en cabeza de Juan Pablo II, en su mensaje a la
Academia Pontificia de Ciencias, el 22 de octubre de 1996 sostuvo que entre los
simios actuales y el hombre había una “discontinuidad ontológica”, es decir un
punto de inflexión en el cual el dios judeo-cristiano insufló un alma humana en
una estirpe animal; con esta afirmación la Iglesia puede resignarse a la teoría
de la evolución.
El gran paleontólogo Stephen Jay Gould en su columna de Natural History comentando la actitud de
Juan pablo II acerca de la evolución en una posición conciliatoria de
pensamiento entre creyentes y no creyentes, llamada magisterios no superpuestos
(MANOS), considera que la ciencia y la religión no están en conflicto porque
sus enseñanzas ocupan dominios diferentes. Para Gould la red de la ciencia cubre el universo empírico: de qué está
formado (hecho) y por qué funciona de esta manera (teoría); La red de la
religión se extiende sobre cuestiones del significado y el valor moral.
La respuesta
del biólogo evolutivo, zoólogo, etólogo y divulgador científico Richard Dawkins
no se hizo esperar en un documento con el título “Cuando la religión pisa el
césped de la ciencia”. Para Dawkins no es tan sencillo ni perfecto, y cree que
la postura de Gould y otros demuestra una blandeza o cobardía intelectual que
aqueja a gente especialmente inteligente y racional. Dice Dawkins respecto a la
postura del Papa sobre el momento de la transición:
En lenguaje corriente, hubo un momento en la evolución de los homínidos en el que Dios intervino e inyectó un alma humana en un linaje que previamente era animal. (¿Cuándo? ¿Hace un millón de años? ¿Hace dos millones de años? ¿Entre el Homo erectus y el Homo sapiens? ¿Entre el Homo sapiens "arcaico" y el Homo sapiens sapiens?). Es necesaria una inyección súbita, por supuesto, porque de otra manera no habría distinción en la que basar la moralidad católica, que es especiesista hasta la médula.
Hoy
podríamos añadir a los interrogantes que le hace Dawkins a la Iglesia, si el
salto ontológico se produjo en el momento en que los dos cromosomas de los
simios se fusionaron en el ancestro de los humanos y los genes del alma están
en el cromosoma 2.
William
Thompson (Lord Kelvin) fue el primer científico británico en ser admitido en la
Cámara de los Lores, en 1892: El título Kelvin se refiere al río Kelvin que
corre muy cerca del laboratorio de la universidad de Glasgow.
Kelvin
siempre estuvo interesado en los descubrimientos relacionados con el radio y la
radiactividad, pero se negaba a admitir (al principio) que la fuente de energía
de los elementos radiactivos proviniera del interior, diciendo: “Me atrevo a
sugerir que, de algún modo, ondas etéreas podrían suministrar energía al radio
mientras éste cede calor a la materia ponderable de su entorno”. Palabras más palabras menos, Kelvin creía que
los átomos recogían energía del éter (en esa época se creía que el éter
impregnaba todo el espacio), y luego lo liberaba en el momento de la
desintegración. En 1904 en el congreso de la Asociación Británica abandonó esa idea (hay que reconocerle
valentía intelectual), claro que nunca se retractó públicamente en un medio
impreso. Durante dos años, al parecer, estuvo apartado de los logros de la
comunidad de físicos y rechazaba la idea de que
la desintegración radiactiva transmutaba un elemento en otro, muy a
pesar de las pruebas de Rutherford y otros mediante pruebas
experimentales. Frederick Soddy, un
colaborador de Rutherford, perdió los estribos
y en un agrio debate con Kelvin en las páginas del Times de Londres se explayó irrespetuosamente: “Sería una lástima
que el público se viera llevado a creer, equivocadamente, que quienes no han
trabajado con cuerpos radiactivos [franca alusión a Kelvin] tienen derecho a
una opinión de tanto peso como aquellos que lo han hecho”. Aquí sólo basta
cambiar cuerpos radiactivos por biología, genética o evolución para que la frase le encaje a la perfección al
Vaticano y su séquito.
Pero el
asunto no acaba aquí, recientemente el Papa Francisco ha declarado, también en
la Academia Pontifica de las Ciencias,
que la evolución y el big bang son reales y que no son incompatibles con la
existencia de un creador, sino que lo requieren –otra vez pisando el césped
ajeno-. “Cuando leemos el Génesis,
corremos el riesgo de imaginarnos a Dios como un mago con una varita mágica que
le permite hacer todo. Pero no es así”, agregó. aqui
Aunque el
rigor científico de estas afirmaciones parece dudoso, es un intento por parte
de la cabeza visible del catolicismo haciendo contorsiones retóricas para
conciliar dos nociones del mundo y el universo incompatibles -aunque los partidarios de los magisterios no
solapados no lo crean-. Algunos expertos (más bien ilusos) consideran que estos
comentarios pondrían el último clavo en el ataúd de pseudoteorías como el
creacionismo y el diseño inteligente. No lo creo. Están demasiado incrustadas
en el colectivo como para desaparecer con sólo una frase.
La primera
bofetada a la arrogancia cósmica del hombre se la propinaron Copérnico y
Galileo al expulsar a la Tierra del centro del Universo, pero como la doctrina
católica dice “si te dan en una mejilla pon la otra”, la segunda bofetada vino
de Charles Darwin con la teoría de la evolución de las especies. El debate
seguirá abierto muy a pesar de las declaraciones de Francisco, mientras las
religiones-todas- le sigan pisando el césped a la ciencia.
Finalmente, la
reorganización del cromosoma 2 es sorprendente y casi con seguridad los
híbridos de chimpancé y hombre serían estériles si pudieran sobrevivir, aunque
en el pasado hayan contribuido a crear lo que los evolucionistas llaman
“aislamiento reproductivo” entre especies. Está implicado en enfermedades como
síndrome de Down, esclerosis lateral amiotrófica –la que padecía Stephen
Hawkins-, hipotiroidismo congénito, susceptibilidad al asma y también posee
vínculos con la esquizofrenia y la enfermedad de Huntington.

Mi querido amigo; a veces las evidencias q la ciencia pone ante nuestros sentidos son tan concluyentes que ni los "contorsionistas" católicos son capaces de encajar y conciliar entre sus creencias y la contundencia científica. Personalmente creo que es más digno reconocer la supremacía ajena y asumir la error propio. Pero ? quién o quienes, dentro de un mundo de arrogantes que han defendido siempre su infalibilidad, tendrá o tendrán ese valor y dignidad? Prefieren seguir en el engaño, aún a sabiendas, para perpetuar, mientras les sea posible, su "chiringuito" que postrarse ante el único dios: LA VERDAD.
ResponderEliminarDe igual forma, a medida que sus fábulas van siendo acorraladas por el conocimiento mantienen la puerta trasera abierta para poder escaparse. Esa es la diferencia, siempre creen tener respuesta para todas las preguntas, apelando a lo sobrenatural.
EliminarLo sobrenatural no deja de ser ese espacio en el que se refugia la ignorancia del fanático que, lejos de abrir sus ojos y su mente al conocimiento y la razón (símbolos de la esencia humana) prefieren vivir en la oscuridad que brota de dogmas dictados desde la fe o, lo que es lo mismo, desde la negación más aberrante de la condición humana, que nos define como un ser racional
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