lunes, 31 de agosto de 2020

HOMOSEXUALIDAD MASCULINA




Oscar Wilde

Los constructivistas sociales consideran que la orientación sexual, y por ende el cerebro, es altamente maleable por el entorno social con variaciones notables, dependiendo la cultura.

En un mundo de mayoría heterosexual, la tragedia de muchos homosexuales se reduce a estar en minoría. Ser minoría ha conducido a su discriminación en casi todas las sociedades, tildándolos de enfermos mentales, pervertidos, degenerados, dañados y otra clase de categorías denigrantes, referentes a animales (pseudoespeciación).
La homosexualidad se consideró durante muchos siglos como una aberración del individuo, como consecuencia de una niñez traumatizante, tales como experiencias tempranas inapropiadas, malos ejemplos o una madre posesiva, sobreprotectora y un padre distante –argumento de los psicoanalistas-. Hasta 1980 el Código Penal colombiano tipificaba la homosexualidad masculina como un delito (la femenina ni se menciona) -curioso en un país eminentemente machista-.

Uno de los componentes de la repugnancia (asco) es su capacidad de propagarse igual que un virus contaminando todo a su paso. Se lleva el premio a la emoción más irresponsable como sentimiento que ha dado lugar a espantosos tratos inhumanos por la dicotomía nosotros-ellos. El truco de la repugnancia es simple: aquellos que no nos  gustan son canallas o parásitos, cosa que  facilita pensar en ellos como seres repugnantes, merecedores de exclusión, expulsión y en el peor de los casos, aniquilación. Todos los casos horribles de malos tratos a seres humanos encierran intrínsecamente esta semilla. Aunque la repugnancia se originó para protegernos del consumo de alimentos potencialmente dañinos su significado contextual se ha trasladado a otros ámbitos,  y en particular, al comportamiento sexual. La corteza insular procesa la repugnancia olfativa y gustativa. Sorprendentemente, los humanos también la activan al pensar en algo moralmente desagradable. Hasta inicios de la década de los setenta la homosexualidad era descrita como un comportamiento anormal en el Diagnostic and Statiscial Manual of Mental Disorders (DSM)-III. Manual diagnostico y estadístico de enfermedades mentales. Acompañaba a esta clasificación la creencia, propia de muchas culturas, de que los homosexuales  eran repugnantes.

Es fácil dictaminar tras el nacimiento de un bebé si es niño o niña, por lo menos en lo que respecta a su anatomía, algo que queda determinado en el momento de la concepción: dos cromosomas XX, una niña y un cromosoma X y otro Y un niño. Dos cromosomas X significa hembras en mamíferos y moscas, pero macho en aves y mariposas; XY significa machos en mamíferos y moscas, pero hembras en aves y mariposas- como decía un biólogo, “los genes del cromosoma X de los hombres vuelan sin copiloto”. En tortugas, cocodrilos y algunos lagartos el género depende de la temperatura en la que se incubaron los huevos, aunque también hay genes que participan en este proceso. La causa principal es ambiental, pero el mecanismo es genético. Curioso.
Continuemos con los humanos. Hace poco que sabemos que nuestra identidad de género es determinada en el seno materno en consonancia con nuestro legado genético. Hasta los años ochenta se creía que el bebé nacía como una pizarra en blanco y que era la sociedad quien posteriormente lo orientaba hacia un comportamiento masculino o femenino. Pues no. El cromosoma Y del niño desencadena el proceso para formar la hormona masculina: testosterona.
Los humanos, al igual que todos los mamíferos, son por naturaleza seres femeninos  (“sexo por defecto”), a menos que sean masculinizados, me explico: hasta la sexta semana todos somos hembras (hay que corregir la Biblia, Eva fue primero que Adán). A partir de allí, en los machos un único gen del cromosoma Y el gen SRY (Sex determining Region of the Y Chromosome) -en la rama corta del cromosoma Y- toma el comando (que estaba en piloto automático) y modifica la dirección inicial del proceso de femenina a masculina desencadenando una cascada de acontecimientos en el feto en desarrollo, cuyo resultado final es la apariencia y comportamiento masculinos. Si el gen está ausente, el resultado es un cuerpo femenino. La hipótesis de que la homosexualidad en los hombres es producto de un fallo parcial en el proceso de masculinización prenatal cerebral –pero no de su anatomía externa- es plausible. Aunque no se conocen muchos aspectos  sobre cómo trabaja el gen SRY se sabe que tiene la capacidad de activar o desactivar otros genes. Se sitúa en lo más alto de la cascada activando un conjunto de genes que a su vez activan otros sucesivamente sin que necesariamente todos estén el cromosoma Y. El efecto acumulado es el desarrollo de los testículos que producen hormonas para completar el desarrollo inundando el cuerpo y el cerebro del feto.
Como hemos aprendido que peor que no estar informado es estar desinformado, hoy sabemos bastante  sobre el desarrollo embrionario, aunque todavía ignoramos algunas cosas; sin embargo varios científicos han demostrado que durante el desarrollo fetal se ponen en marcha varios aspectos de la sexualidad:
·         La morfología -anatomía externa.
·         La identidad sexual -cómo se ve el individuo a sí mismo.
·         La orientación sexual  -qué sexo le atrae.
·         La imagen corporal sexual -representación interna de las partes corporales en el cerebro.
Generalmente todos se armonizan durante el desarrollo físico y social para terminar en la sexualidad normal, pero pueden sufrir disrupciones en algún momento, lo que podría conllevar a desviaciones  en el individuo hacia un extremo u otro del espectro de distribución normal. Quiero aclarar que las palabras normal y desviación las estamos utilizando en el sentido estadístico referente a la población humana total. No pretendemos estigmatizar en el sentido de malsano, indeseable, pecaminoso, aberración,  degeneración o perversidad: sólo una variante de un espectro en el que en un lado está el sexo masculino y en el otro el femenino.

¿ES NORMAL LA HOMOSEXUALIDAD?
. Ni es una enfermedad, ni es un trastorno, ni es una aberración, ni es una desviación, ni una degeneración o perversidad. Como dijimos antes, una variante del espectro masculino-femenino.
Ni la psicología, ni la psiquiatría, ni la medicina han podido dar respuestas contundentes a esta pregunta; es los últimos años las respuestas que más se acercan a la realidad han provenido de la genómica y de la biología evolutiva, aunque esta última ha tropezado con la pregunta sin resolver de por qué sigue existiendo si la descendencia de los homosexuales es menor que la de los heterosexuales, o sea la aptitud, eficacia reproductiva o fitness. Más adelante hablaremos de ello.
Aceptar la verdad, muchas veces, nos cuesta porque es contraintuitiva, a los humanos no nos viene de serie, se oculta en compartimentos estancos de nuestro cerebro, custodiada por nuestra ignorancia (peor que no estar informado es estar desinformado), creencias, prejuicios y estigmatización de lo diferente para dar sentido a nuestras convicciones políticas, dogmáticas y religiosas.
En la Norteamérica cristiana nació un movimiento “exgay” durante los últimos años de presidencia de George W. Bush (alcohólico por cierto, a los treinta años lo arrestaron por conducir bajo los efectos del alcohol y le retiraron la licencia por dos años). Los terapeutas que trabajaban en ese campo aseguraban –sin demostrar- que el 30% de quienes se habían sometido a la terapia estaban curados. Dos semanas de tratamiento en las clínicas costaba dos mil quinientos dólares y seis semanas, seis mil dólares. Curaba, pero la billetera de los terapeutas. Muchos de estos aseguraban que habían sido homosexuales, pero después de la terapia se convirtieron en auténticos padres de familia. Estrategia de mercadeo. En 2009 un informe de la Asociación Americana de Psicólogos, APA, concluyó que la terapia para cambiar a los homosexuales en heterosexuales no funcionaba, que los ciento cincuenta mil miembros de esa asociación dejaran de recomendarla porque la terapia sólo enseñaba a las personas a negar sus sentimientos y no dejarse llevar por sus instintos homosexuales, lo cual podría llevar a la depresión y el suicidio.
El entorno post-natal no tiene ninguna influencia en nuestra orientación sexual; todas las investigaciones apuntan a que durante nuestro desarrollo intrauterino se produce una programación temprana sobre nuestra orientación sexual que además da como resultado diferencias estructurales y funcionales en el cerebro de las personas homosexuales y heterosexuales.
En 1990 Hofman y Dick Swaab encontraron una diferencia en el reloj biológico del cerebro en los hombres homosexuales mucho más desarrollado que en el de los heterosexuales. Le Vay en 1991 describió una pequeña zona femenina en la parte anterior del hipotálamo de los varones homosexuales y en 1992 Allen y Gorski descubrieron que los varones homosexuales tenían una mayor conexión derecha-izquierda a través de la parte anterior del hipotálamo. Todas estas observaciones demuestran que la circuitería cerebral funciona en forma distinta, según sea nuestra orientación sexual.
Alan Turing


La idea de que el ambiente social puede dirigir nuestra orientación sexual, que la escogemos libremente y que como consecuencia la homosexualidad sería una elección equivocada, ha sido fuente de persecuciones espantosas y de mucho sufrimiento. Un contundente argumento contra la idea de que la homosexualidad es un estilo de vida o una elección, originada por influencias ambientales se halla en la imposibilidad de que las personas cambien. Se han intentado por muchos medios, crueles la mayoría: tratamientos hormonales a base de testosterona o estrógenos, castraciones químicas, tratamientos que influyen en la libido pero no en la orientación sexual, descargas eléctricas induciendo ataques epilépticos, trasplantes testiculares, psicoanálisis, vomitivos –apomorfina-. Ninguno con una historia de éxito. La orientación sexual de la mayoría de los varones homosexuales no se puede revertir con la experiencia. Hay partes de la mente que no son plásticas, y ningún descubrimiento de cómo se conecta la corteza sensorial va a cambiar este hecho. Oscar Wilde fue encarcelado; Alan Turing el padre de la informática, quien además descifró los códigos de los mensajes nazis encriptados por la máquina “enigma”, lo cual salvó miles de vidas, fue sometido a la castración química para no ser encarcelado; vigilado por la policía como un criminal,  terminó  suicidándose con cianuro. Conclusión: muy a pesar de que se ha dado por su puesto que el desarrollo post-natal también es importante para nuestra orientación sexual, no hay pruebas que así lo demuestren.

HOMOSEXUALIDAD Y ORDEN DE NACIMIENTO
Una de las teorías más fiables respecto a las causas de la homosexualidad, aparecida a mediados de la década de 1990, es la de Ray Blanchard sobre el orden de nacimiento de los hermanos. Tabulando el número de hermanos y hermanas mayores que tenían los hombres homosexuales comparándolos con la media de la población. Encontró que es más probable que los hombres homosexuales tengan hermanos mayores – pero no hermanas- que los hombres heterosexuales o mujeres homosexuales. La probabilidad que tiene un hombre de ser homosexual aumenta en un tercio por cada hermano mayor. Aclaremos, no estamos diciendo que todos los hombres con varios hermanos mayores estén condenados a ser homosexuales. Más adelante veremos porqué. Siga atento.
 Blanchard calculó que por lo menos un hombre homosexual de cada siete –o quizá más-, puede atribuir su orientación sexual al efecto del orden de nacimiento de los hermanos –tener hermanas no produce el mismo efecto, así que no sólo es el orden-. Lo que produce el efecto entonces debe ser algo causado por los hermanos mayores puesto que el efecto del orden de nacimiento no existe en las lesbianas, quienes se distribuyen al azar en el seno de las familias y el mecanismo debe estar en el útero materno, no en la familia.
Existe algo específico en el hecho de ocupar un útero que ya ha sido ocupado anteriormente por otros varones, y ese algo aumenta la probabilidad de la homosexualidad. La mejor explicación pasa por un grupo de tres genes del cromosoma Y, llamados antígenos H-Y de histocompatibilidad menor. Un gen codifica una proteína llamada hormona antimülleriana, sustancia necesaria para masculinizar el cuerpo del feto masculino, pues provoca la regresión de los conductos de Müller (que son los precursores del útero y las trompas de Falopio en las hembras). No se sabe, hasta ahora, con certeza lo que hacen esos tres genes H-Y y tampoco son esenciales para la masculinización de los genitales (función de la testosterona).
Estas sustancias, producidas por los genes,  se llaman antígenos porque provocan una reacción del sistema inmunitario de la madre, reacción inmune que probablemente debe ser más intensa con cada embarazo de un varón. Los bebés hembras no producen antígenos H-Y, por tanto no dan lugar a respuesta inmunitaria, en consecuencia para un varón, ocupar un útero que ya había sido utilizado por una hembra, no produce ningún efecto. Si la hipótesis de Blanchard es correcta el efecto de de una  virulenta reacción inmune contra estas  proteínas de la madre sería la de impedir la masculinización del cerebro, pero no la de los genitales. Como consecuencia, esto podría motivar que se sintieran atraídos por otros machos, o que las hembras los dejaran indiferentes. Antes de continuar, permítanme una breve digresión:
Hay una característica peculiar y un tanto misteriosa de la genética. Por lo general un gen funciona de igual forma sin importar de qué progenitor procede. Pero existen algunos genes raros tienen una especie de “impronta”, y funcionan de forma diferente, o sólo se activan, dependiendo de la procedencia del progenitor. Los genes con impronta paterna tienen una tendencia a favorecer el crecimiento del embrión, mientras que los procedentes de la madre lo contrarrestan. Casi se podría decir que son antagónicos muy a pesar que ambos residen en el mismo feto (en biología se sabe que la mayoría de los genes colaboran entre sí para la viabilidad del embrión). El desarrollo normal es un equilibrio entre los genes de origen paterno que favorecen el crecimiento, y materno que hacen lo opuesto. Esta carrera de armamentos se evidencia en dos enfermedades. Cuando existe una mutación en un gen con impronta paterna,  los genes maternos que lo contrarrestan carecen de oposición,  inhibiendo el crecimiento del feto hasta el punto que este no se implanta, o se implanta en el lugar equivocado (ectópico). Cuando la mutación es en el gen de origen materno, los genes que favorecen el crecimiento no tienen oposición alguna y se produce un crecimiento fuera de control de la placenta dando como resultado un cáncer agresivo: un coriocarcinoma.
Continuemos. Por supuesto que existen muchas pruebas  de que la diferenciación sexual del cerebro no se detiene con el nacimiento y salvo casos muy raros los homosexuales no son mujeres en su estructura cerebral imbuidas en un cuerpo de hombres; las hormonas deben haber masculinizado su cerebros parcialmente. Aunque también cabe la posibilidad que en determinado período, altamente sensible y, o, crucial carecieran de alguna hormona, lo cual afectaría de forma permanente algunas funciones de las cuales la orientación sexual no estaría excluida.
Es como si la naturaleza hubiera dispuesto algún mecanismo de corrección en la tasa hombre/mujer, o un mecanismo de autocorrección en dirección femenina de los últimos varones nacidos después de sucesivos  embarazos de varones para mantener la ratio de 103 varones por cada 100 hembras; como si la evolución quiere compensar el excedente de varones dado que deben competir por las hembras. Especulativo, sin evidencias, pero probable.

¿UN GEN GAY?
No. Un complejo de genes que interactúan unos con otros, de forma que resulta imposible predecir qué combinación daría como resultado un fenotipo gay. Dada la complejidad de las influencias genéticas no se puede predecir de manera contundente la preferencia sexual de alguien a partir de su ADN. Partidarios de la  de la eugenesia, tranquilos: ser homosexual ni se puede predecir, ni se puede evitar.
Durante bastante tiempo ha quedado aclarado que la preferencia sexual de  una persona está influenciada –no determinada- por su composición genética. Lo de si es uno quizá se debe a la interpretación errónea de los medios de comunicación, o la tendencia humana a querer respuestas en blanco y negro.
Los hallazgos en ciencia suelen ser de fácil tergiversación en los medios de comunicación y algo tan complejo como la sexualidad humana da pie a toda clase de controversias, malos entendidos o manipulación. Todo surgió a partir de las investigaciones de Dean Hamer en 1993, quien encontró en el cromosoma X, heredado de la madre, el locus candidato: Xq28.  Estudios posteriores no replicaron el hallazgo quizás porque la muestra inicial era muy pequeña para conclusiones fiables y seguimientos ulteriores arrojaron resultados mixtos. Tampoco sabíamos mucho de epigenética. Sin embargo, recientes estudios con muestras de casi medio millón de personas mostraron que no existe un “gen gay”, sino muchos genes que influyen en la probabilidad de que una persona prefiera parejas del mismo sexo. Genes que regulan o coordinan o dirigen la expresión de otros. Un factor poligénico. Cada uno de estos genes tiene un efecto muy pequeño, pero su efecto combinado es significativo: un grupo de genes actuando en cascada.
Del gen, o genes gay, se podría argumentar también que influye en ciertas personas para que elijan la homosexualidad. Un razonamiento altamente peligroso. Como todo  hallazgo en ciencia, si algún día el resultado de Hamer y otros es falseado, ¿qué nos quedaría? ¿Aceptar que el fanatismo, después de todo, está bien? El argumento en contra de la persecución de las personas homosexuales debe pasar no en término de la existencia de genes gais o de cerebro gay, sino en el derecho de las personas a tener relaciones sexuales de cualquier índole, siempre que sean en consenso, sin acoso o discriminación.

PARADOJA DE LA HOMOSEXUALIDAD PARA LA BIOLOGÍA EVOLUTIVA
Al biólogo evolutivo Robert Trivers, uno de los más sagaces en su área, le sonó a algo conocido el hecho de que los genes que influyen en la homosexualidad no hubieran sido eliminados por la selección natural. Algo tenía que estar pasando, puesto que el porcentaje se ha mantenido en todas las culturas y durante mucho tiempo: alrededor del 9%. Tenía que haber alguna ventaja para que no hubieran sido eliminados dado que es menos probable, en promedio, que los homosexuales tengan hijos en comparación con los heterosexuales, la frecuencia del gen estaría condenada a disminuir hasta desaparecer a menos que confiriera una ventaja en compensación.
Para Trivers el cromosoma X pasa el doble de tiempo (XX) en las mujeres que en los hombres (XY), un gen sexualmente antagonista que fuera beneficioso para la fertilidad femenina podría sobrevivir aunque tuviera un efecto dos veces nocivo sobre la fertilidad de los hombres. Algunos estudios apuntan en la dirección de que la baja fertilidad de los homosexuales, sería compensada con una mayor fertilidad de sus parientes, sobre todo hermanas. También podría ser una estrategia para asegurarse el brindar recursos o cuidados a los sobrinos. Recuerde que un hijo (50% de los genes) equivalen a dos sobrinos (25% de los genes, cada uno), según la regla de selección de parentesco de W. D. Hamilton.
El sociobiólogo Edward O. Wilson le dio una vuelta de tuerca más al sugerir que en el entorno en que evolucionaron nuestros antepasados, un mundo darwiniano, los grupos que tenían un pariente homosexual, liberados de la carga reproductiva, y  que además no participaba en la caza, ayudaban al cuidado de los más pequeños aumentando así la tasa de supervivencia de estos, lo cual hacía más numeroso y exitoso al grupo y por ello los genes portadores de la homosexualidad no desaparecieron del acervo génico. Esta hipótesis aunque es inadaptativa desde el punto de vista reproductivo  porque no da premio evolutivo su persistencia hace pensar que puede haber una ventaja en algún otro punto. Difícil de demostrar, pero es posible.

La tergiversación se usa desde que existen las sociedades y se manipula la verdad con vistas siempre a un mismo fin. La derecha cultural cree que cualquier comportamiento que les parezca biológicamente atípico, como la homosexualidad, se deben condenar porque no “son naturales”. La homosexualidad les parece un “error biológico”: típico razonamiento moral de personas que no saben nada de biología. Hoy los intereses asociados a la religión continúan enfrentados a la ciencia y el mantra de las tres religiones monoteístas, que recitan una y otra vez: que la  homosexualidad es “antinatural”, no se da en la naturaleza, ya que conllevaría a la extinción de la especie. A la fecha le podemos decir a los papas, cardenales, curas, ayatolas, imanes y rabinos que la Etología ha encontrado más de 470 especies entre insectos, mamíferos y aves (leones, gacelas, pingüinos, gansos, lobos chimpancés, bonobos, delfines, albatros y un largo etc.) que practican alguna u otra forma de homosexualidad y no se van a extinguir por ello.
A las autoridades del Vaticano hay que aclararles que lo que no se da en el mundo animal es la castidad ya que conduciría a cualquier especie a la extinción, por lo menos a las que se reproducen sexualmente. Desde la óptica de la evolución la castidad sí es anti natural, es una desviación de los imperativos darwinianos; pero en el Vaticano no saben de biología.

En el mundo animal la homosexualidad no tiene las connotaciones que en las sociedades humanas, los animales no tienen conciencia de su identidad sexual, ni de su imagen corporal sexual en el cerebro y  la moral es un constructo social ya que si solo quedara una persona en el mundo la responsabilidad moral desaparecería.
Si los teóricos de la posición ambientalista quieren la aprobación de la comunidad científica, tiene la obligación de explicar:
·         Por qué en una misma familia con la misma madre castradora o con el mismo padre ausente o represivo se dan tanto hijos homosexuales como heterosexuales.
·         En el mundo animal, sin el componente psicoanalítico, se da la homosexualidad. Y el porcentaje es bajo también comparado con los de los heterosexuales.
·         Por qué es más común la homosexualidad masculina que la femenina.
·         Demostrar que todas las relaciones encontradas entre genes y orientación son inexistentes.
Mientras esto no se cumpla, la explicación ambiental pura no es más que una conjetura en desacuerdo con los hallazgos de la genética y la evolución.
Repetiré lo dicho más arriba: que la homosexualidad no es ni un pecado,  ni una aberración ni una desviación, degeneración o perversidad; sólo una variante de un espectro en el que en un lado está el sexo masculino y en el otro el femenino. Además, los homosexuales son seres humanos que tiene los mismos derechos que los heterosexuales: a organizar sus vidas de tal forma que les proporcione la misma felicidad.


Bibliografía:           

·         Hauser D., Marc.  La mente moral

·         Pinker, Steven. La tabla rasa

·         Ramachandran,Vilanayur., Lo que el cerebro nos dice

·         Ridley, Matt. Genoma

·         Sapolsky, Robert. Compórtate

·         Swaab, Dick. Somos nuestro cerebro

·         Vélez, Antonio. Homo sapiens


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