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| Oscar Wilde |
Los
constructivistas sociales consideran que la orientación sexual, y por ende el
cerebro, es altamente maleable por el entorno social con variaciones notables,
dependiendo la cultura.
En un mundo
de mayoría heterosexual, la tragedia de muchos homosexuales se reduce a estar
en minoría. Ser minoría ha conducido a su discriminación en casi todas las
sociedades, tildándolos de enfermos mentales, pervertidos, degenerados, dañados
y otra clase de categorías denigrantes, referentes a animales (pseudoespeciación).
La
homosexualidad se consideró durante muchos siglos como una aberración del
individuo, como consecuencia de una niñez traumatizante, tales como
experiencias tempranas inapropiadas, malos ejemplos o una madre posesiva,
sobreprotectora y un padre distante –argumento de los psicoanalistas-. Hasta
1980 el Código Penal colombiano tipificaba la homosexualidad masculina como un
delito (la femenina ni se menciona) -curioso en un país eminentemente
machista-.
Uno de los
componentes de la repugnancia (asco) es su capacidad de propagarse igual que un
virus contaminando todo a su paso. Se lleva el premio a la emoción más
irresponsable como sentimiento que ha dado lugar a espantosos tratos inhumanos
por la dicotomía nosotros-ellos. El truco de la repugnancia es simple: aquellos
que no nos gustan son canallas o
parásitos, cosa que facilita pensar en
ellos como seres repugnantes, merecedores de exclusión, expulsión y en el peor
de los casos, aniquilación. Todos los casos horribles de malos tratos a seres
humanos encierran intrínsecamente esta semilla. Aunque la repugnancia se
originó para protegernos del consumo de alimentos potencialmente dañinos su
significado contextual se ha trasladado a otros ámbitos, y en particular, al comportamiento sexual. La corteza insular procesa la repugnancia olfativa y gustativa. Sorprendentemente, los humanos también la activan al pensar en algo moralmente desagradable. Hasta inicios de la década de los setenta la homosexualidad era descrita como
un comportamiento anormal en el Diagnostic
and Statiscial Manual of Mental Disorders (DSM)-III. Manual diagnostico y
estadístico de enfermedades mentales. Acompañaba a esta clasificación la
creencia, propia de muchas culturas, de que los homosexuales eran repugnantes.
Es fácil
dictaminar tras el nacimiento de un bebé si es niño o niña, por lo menos en lo
que respecta a su anatomía, algo que queda determinado en el momento de la
concepción: dos cromosomas XX, una niña y un cromosoma X y otro Y un niño. Dos
cromosomas X significa hembras en mamíferos y moscas, pero macho en aves y
mariposas; XY significa machos en mamíferos y moscas, pero hembras en aves y
mariposas- como decía un biólogo, “los genes del cromosoma X de los hombres vuelan
sin copiloto”. En tortugas,
cocodrilos y algunos lagartos el género depende de la temperatura en la que se
incubaron los huevos, aunque también hay genes que participan en este proceso.
La causa principal es ambiental, pero el mecanismo es genético. Curioso.
Continuemos
con los humanos. Hace poco que sabemos que nuestra identidad de género es
determinada en el seno materno en consonancia con nuestro legado genético.
Hasta los años ochenta se creía que el bebé nacía como una pizarra en blanco y
que era la sociedad quien posteriormente lo orientaba hacia un comportamiento
masculino o femenino. Pues no. El cromosoma Y del niño desencadena el proceso
para formar la hormona masculina: testosterona.
Los humanos,
al igual que todos los mamíferos, son por naturaleza seres femeninos (“sexo por defecto”), a menos que sean
masculinizados, me explico: hasta la sexta semana todos somos hembras (hay que
corregir la Biblia, Eva fue primero que Adán). A partir de allí, en los machos
un único gen del cromosoma Y el gen SRY (Sex determining Region of the Y
Chromosome) -en la rama corta del cromosoma Y- toma el comando (que estaba en
piloto automático) y modifica la dirección inicial del proceso de femenina a
masculina desencadenando una cascada de acontecimientos en el feto en
desarrollo, cuyo resultado final es la apariencia y comportamiento masculinos.
Si el gen está ausente, el resultado es un cuerpo femenino. La hipótesis de que
la homosexualidad en los hombres es producto de un fallo parcial en el proceso de
masculinización prenatal cerebral –pero no de su anatomía externa- es
plausible. Aunque no se conocen muchos aspectos sobre cómo trabaja el gen SRY se sabe que
tiene la capacidad de activar o desactivar otros genes. Se sitúa en lo más alto
de la cascada activando un conjunto de genes que a su vez activan otros
sucesivamente sin que necesariamente todos estén el cromosoma Y. El efecto
acumulado es el desarrollo de los testículos que producen hormonas para
completar el desarrollo inundando el cuerpo y el cerebro del feto.
Como hemos
aprendido que peor que no estar informado es estar desinformado, hoy sabemos
bastante sobre el desarrollo
embrionario, aunque todavía ignoramos algunas cosas; sin embargo varios
científicos han demostrado que durante el desarrollo fetal se ponen en marcha
varios aspectos de la sexualidad:
·
La morfología -anatomía externa.
·
La identidad sexual -cómo se ve el individuo a sí mismo.
·
La orientación sexual
-qué sexo le atrae.
·
La imagen corporal sexual -representación interna de las
partes corporales en el cerebro.
Generalmente
todos se armonizan durante el desarrollo físico y social para terminar en la
sexualidad normal, pero pueden sufrir
disrupciones en algún momento, lo que podría conllevar a desviaciones en el individuo
hacia un extremo u otro del espectro de distribución normal. Quiero aclarar que
las palabras normal y desviación las estamos utilizando en el sentido
estadístico referente a la población humana total. No pretendemos estigmatizar
en el sentido de malsano, indeseable, pecaminoso, aberración, degeneración o perversidad: sólo una variante
de un espectro en el que en un lado está el sexo masculino y en el otro el
femenino.
¿ES NORMAL LA HOMOSEXUALIDAD?
Sí. Ni es una enfermedad, ni es un trastorno, ni es una aberración,
ni es una desviación, ni una degeneración o perversidad. Como dijimos antes,
una variante del espectro masculino-femenino.
Ni la
psicología, ni la psiquiatría, ni la medicina han podido dar respuestas
contundentes a esta pregunta; es los últimos años las respuestas que más se
acercan a la realidad han provenido de la genómica y de la biología evolutiva,
aunque esta última ha tropezado con la pregunta sin resolver de por qué sigue
existiendo si la descendencia de los homosexuales es menor que la de los
heterosexuales, o sea la aptitud, eficacia reproductiva o fitness. Más adelante hablaremos de ello.
Aceptar la
verdad, muchas veces, nos cuesta porque es contraintuitiva, a los humanos no
nos viene de serie, se oculta en compartimentos estancos de nuestro cerebro,
custodiada por nuestra ignorancia (peor que no estar informado es estar
desinformado), creencias, prejuicios y estigmatización de lo diferente para dar
sentido a nuestras convicciones políticas, dogmáticas y religiosas.
En la
Norteamérica cristiana nació un movimiento “exgay” durante los últimos años de
presidencia de George W. Bush (alcohólico por cierto, a los treinta años lo
arrestaron por conducir bajo los efectos del alcohol y le retiraron la licencia
por dos años). Los terapeutas que trabajaban en ese campo aseguraban –sin
demostrar- que el 30% de quienes se habían sometido a la terapia estaban curados.
Dos semanas de tratamiento en las clínicas costaba dos mil quinientos dólares y
seis semanas, seis mil dólares. Curaba, pero la billetera de los terapeutas.
Muchos de estos aseguraban que habían sido homosexuales, pero después de la
terapia se convirtieron en auténticos padres de familia. Estrategia de
mercadeo. En 2009 un informe de la Asociación Americana de Psicólogos, APA,
concluyó que la terapia para cambiar a los homosexuales en heterosexuales no
funcionaba, que los ciento cincuenta mil miembros de esa asociación dejaran de
recomendarla porque la terapia sólo enseñaba a las personas a negar sus
sentimientos y no dejarse llevar por sus instintos homosexuales, lo cual podría
llevar a la depresión y el suicidio.
El entorno
post-natal no tiene ninguna influencia en nuestra orientación sexual; todas las
investigaciones apuntan a que durante nuestro desarrollo intrauterino se
produce una programación temprana sobre nuestra orientación sexual que además
da como resultado diferencias estructurales y funcionales en el cerebro de las
personas homosexuales y heterosexuales.
En 1990
Hofman y Dick Swaab encontraron una diferencia en el reloj biológico del
cerebro en los hombres homosexuales mucho más desarrollado que en el de los
heterosexuales. Le Vay en 1991 describió una pequeña zona femenina en la parte
anterior del hipotálamo de los varones homosexuales y en 1992 Allen y Gorski
descubrieron que los varones homosexuales tenían una mayor conexión
derecha-izquierda a través de la parte anterior del hipotálamo. Todas estas
observaciones demuestran que la circuitería cerebral funciona en forma
distinta, según sea nuestra orientación sexual.
La idea de
que el ambiente social puede dirigir nuestra orientación sexual, que la
escogemos libremente y que como consecuencia la homosexualidad sería una
elección equivocada, ha sido fuente de persecuciones espantosas y de mucho
sufrimiento. Un contundente argumento contra la idea de que la homosexualidad
es un estilo de vida o una elección, originada por influencias ambientales se
halla en la imposibilidad de que las personas cambien. Se han intentado por
muchos medios, crueles la mayoría: tratamientos hormonales a base de
testosterona o estrógenos, castraciones químicas, tratamientos que influyen en
la libido pero no en la orientación sexual, descargas eléctricas induciendo
ataques epilépticos, trasplantes testiculares, psicoanálisis, vomitivos
–apomorfina-. Ninguno con una historia de éxito. La orientación sexual de la
mayoría de los varones homosexuales no se puede revertir con la experiencia.
Hay partes de la mente que no son plásticas, y ningún descubrimiento de cómo se
conecta la corteza sensorial va a cambiar este hecho. Oscar Wilde fue
encarcelado; Alan Turing el padre de la informática, quien además descifró los
códigos de los mensajes nazis encriptados por la máquina “enigma”, lo cual
salvó miles de vidas, fue sometido a la castración química para no ser
encarcelado; vigilado por la policía como un criminal, terminó
suicidándose con cianuro. Conclusión: muy a pesar de que se ha dado por
su puesto que el desarrollo post-natal también es importante para nuestra
orientación sexual, no hay pruebas que así lo demuestren.
HOMOSEXUALIDAD Y ORDEN DE NACIMIENTO
Una de las
teorías más fiables respecto a las causas de la homosexualidad, aparecida a
mediados de la década de 1990, es la de Ray Blanchard sobre el orden de
nacimiento de los hermanos. Tabulando el número de hermanos y hermanas mayores
que tenían los hombres homosexuales comparándolos con la media de la población.
Encontró que es más probable que los hombres homosexuales tengan hermanos
mayores – pero no hermanas- que los hombres heterosexuales o mujeres
homosexuales. La probabilidad que tiene un hombre de ser homosexual aumenta en
un tercio por cada hermano mayor. Aclaremos, no estamos diciendo que todos los
hombres con varios hermanos mayores estén condenados a ser homosexuales. Más
adelante veremos porqué. Siga atento.
Blanchard calculó que por lo menos un hombre
homosexual de cada siete –o quizá más-, puede atribuir su orientación sexual al
efecto del orden de nacimiento de los hermanos –tener hermanas no produce el
mismo efecto, así que no sólo es el orden-. Lo que produce el efecto entonces debe
ser algo causado por los hermanos mayores puesto que el efecto del orden de
nacimiento no existe en las lesbianas, quienes se distribuyen al azar en el
seno de las familias y el mecanismo debe estar en el útero materno, no en la
familia.
Existe algo
específico en el hecho de ocupar un útero que ya ha sido ocupado anteriormente
por otros varones, y ese algo aumenta la probabilidad de la homosexualidad. La
mejor explicación pasa por un grupo de tres genes del cromosoma Y, llamados
antígenos H-Y de histocompatibilidad menor. Un gen codifica una proteína llamada
hormona antimülleriana, sustancia necesaria para masculinizar el cuerpo del
feto masculino, pues provoca la regresión de los conductos de Müller (que son
los precursores del útero y las trompas de Falopio en las hembras). No se sabe,
hasta ahora, con certeza lo que hacen esos tres genes H-Y y tampoco son
esenciales para la masculinización de los genitales (función de la testosterona).
Estas
sustancias, producidas por los genes, se
llaman antígenos porque provocan una reacción del sistema inmunitario de la
madre, reacción inmune que probablemente debe ser más intensa con cada embarazo
de un varón. Los bebés hembras no producen antígenos H-Y, por tanto no dan
lugar a respuesta inmunitaria, en consecuencia para un varón, ocupar un útero
que ya había sido utilizado por una hembra, no produce ningún efecto. Si la
hipótesis de Blanchard es correcta el efecto de de una virulenta reacción inmune contra estas proteínas de la madre sería la de impedir la
masculinización del cerebro, pero no la de los genitales. Como consecuencia,
esto podría motivar que se sintieran atraídos por otros machos, o que las
hembras los dejaran indiferentes. Antes de continuar, permítanme una breve
digresión:
Hay una
característica peculiar y un tanto misteriosa de la genética. Por lo general un
gen funciona de igual forma sin importar de qué progenitor procede. Pero
existen algunos genes raros tienen
una especie de “impronta”, y funcionan de forma diferente, o sólo se activan,
dependiendo de la procedencia del progenitor. Los genes con impronta paterna
tienen una tendencia a favorecer el crecimiento del embrión, mientras que los
procedentes de la madre lo contrarrestan. Casi se podría decir que son
antagónicos muy a pesar que ambos residen en el mismo feto (en biología se sabe
que la mayoría de los genes colaboran entre sí para la viabilidad del embrión).
El desarrollo normal es un equilibrio entre los genes de origen paterno que
favorecen el crecimiento, y materno que hacen lo opuesto. Esta carrera de armamentos se evidencia en
dos enfermedades. Cuando existe una mutación en un gen con impronta
paterna, los genes maternos que lo
contrarrestan carecen de oposición,
inhibiendo el crecimiento del feto hasta el punto que este no se
implanta, o se implanta en el lugar equivocado (ectópico). Cuando la mutación
es en el gen de origen materno, los genes que favorecen el crecimiento no
tienen oposición alguna y se produce un crecimiento fuera de control de la
placenta dando como resultado un cáncer agresivo: un coriocarcinoma.
Continuemos.
Por supuesto que existen muchas pruebas
de que la diferenciación sexual del cerebro no se detiene con el
nacimiento y salvo casos muy raros los homosexuales no son mujeres en su
estructura cerebral imbuidas en un cuerpo de hombres; las hormonas deben haber
masculinizado su cerebros parcialmente. Aunque también cabe la posibilidad que
en determinado período, altamente sensible y, o, crucial carecieran de alguna hormona,
lo cual afectaría de forma permanente algunas funciones de las cuales la
orientación sexual no estaría excluida.
Es como si
la naturaleza hubiera dispuesto algún mecanismo de corrección en la tasa
hombre/mujer, o un mecanismo de autocorrección en dirección femenina de los
últimos varones nacidos después de sucesivos
embarazos de varones para mantener la ratio de 103 varones por cada 100
hembras; como si la evolución quiere compensar el excedente de varones dado que
deben competir por las hembras. Especulativo, sin evidencias, pero probable.
¿UN GEN GAY?
No. Un complejo de genes que interactúan unos con otros,
de forma que resulta imposible predecir qué combinación daría como resultado un
fenotipo gay. Dada la complejidad de las influencias genéticas no se puede
predecir de manera contundente la preferencia sexual de alguien a partir de su
ADN. Partidarios de la de la eugenesia,
tranquilos: ser homosexual ni se puede predecir, ni se puede evitar.
Durante
bastante tiempo ha quedado aclarado que la preferencia sexual de una persona está influenciada –no
determinada- por su composición genética. Lo de si es uno quizá se debe a la
interpretación errónea de los medios de comunicación, o la tendencia humana a
querer respuestas en blanco y negro.
Los
hallazgos en ciencia suelen ser de fácil tergiversación en los medios de
comunicación y algo tan complejo como la sexualidad humana da pie a toda clase
de controversias, malos entendidos o manipulación. Todo surgió a partir de las
investigaciones de Dean Hamer en 1993, quien encontró en el cromosoma X,
heredado de la madre, el locus candidato: Xq28.
Estudios posteriores no replicaron el hallazgo quizás porque la muestra
inicial era muy pequeña para conclusiones fiables y seguimientos ulteriores
arrojaron resultados mixtos. Tampoco sabíamos mucho de epigenética. Sin
embargo, recientes estudios con muestras de casi medio millón de personas
mostraron que no existe un “gen gay”, sino muchos genes que influyen en la probabilidad
de que una persona prefiera parejas del mismo sexo. Genes que regulan o
coordinan o dirigen la expresión de otros. Un factor poligénico. Cada uno de
estos genes tiene un efecto muy pequeño, pero su efecto combinado es
significativo: un grupo de genes actuando en cascada.
Del gen, o
genes gay, se podría argumentar también que influye en ciertas personas para
que elijan la homosexualidad. Un
razonamiento altamente peligroso. Como todo
hallazgo en ciencia, si algún día el resultado de Hamer y otros es
falseado, ¿qué nos quedaría? ¿Aceptar que el fanatismo, después de todo, está
bien? El argumento en contra de la persecución de las personas homosexuales
debe pasar no en término de la existencia de genes gais o de cerebro gay, sino
en el derecho de las personas a tener relaciones sexuales de cualquier índole,
siempre que sean en consenso, sin acoso o discriminación.
PARADOJA DE LA HOMOSEXUALIDAD PARA LA
BIOLOGÍA EVOLUTIVA
Al biólogo
evolutivo Robert Trivers, uno de los más sagaces en su área, le sonó a algo
conocido el hecho de que los genes que influyen en la homosexualidad no
hubieran sido eliminados por la selección natural. Algo tenía que estar
pasando, puesto que el porcentaje se ha mantenido en todas las culturas y
durante mucho tiempo: alrededor del 9%. Tenía que haber alguna ventaja para que
no hubieran sido eliminados dado que es menos probable, en promedio, que los
homosexuales tengan hijos en comparación con los heterosexuales, la frecuencia
del gen estaría condenada a disminuir hasta desaparecer a menos que confiriera
una ventaja en compensación.
Para Trivers
el cromosoma X pasa el doble de tiempo (XX) en las mujeres que en los hombres
(XY), un gen sexualmente antagonista que fuera beneficioso para la fertilidad femenina
podría sobrevivir aunque tuviera un efecto dos veces nocivo sobre la fertilidad
de los hombres. Algunos estudios apuntan en la dirección de que la baja
fertilidad de los homosexuales, sería compensada con una mayor fertilidad de
sus parientes, sobre todo hermanas. También podría ser una estrategia para
asegurarse el brindar recursos o cuidados a los sobrinos. Recuerde que un hijo
(50% de los genes) equivalen a dos sobrinos (25% de los genes, cada uno), según
la regla de selección de parentesco de W. D. Hamilton.
El
sociobiólogo Edward O. Wilson le dio una vuelta de tuerca más al sugerir que en
el entorno en que evolucionaron nuestros antepasados, un mundo darwiniano, los
grupos que tenían un pariente homosexual, liberados de la carga reproductiva, y
que además no participaba en la caza,
ayudaban al cuidado de los más pequeños aumentando así la tasa de supervivencia
de estos, lo cual hacía más numeroso y exitoso al grupo y por ello los genes
portadores de la homosexualidad no desaparecieron del acervo génico. Esta
hipótesis aunque es inadaptativa desde el punto de vista reproductivo porque no da premio evolutivo su persistencia
hace pensar que puede haber una ventaja en algún otro punto. Difícil de
demostrar, pero es posible.
La
tergiversación se usa desde que existen las sociedades y se manipula la verdad
con vistas siempre a un mismo fin. La derecha cultural cree que cualquier
comportamiento que les parezca biológicamente atípico, como la homosexualidad,
se deben condenar porque no “son naturales”. La homosexualidad les parece un
“error biológico”: típico razonamiento moral de personas que no saben nada de
biología. Hoy los intereses asociados a la religión continúan enfrentados a la
ciencia y el mantra de las tres religiones monoteístas, que recitan una y otra
vez: que la homosexualidad es
“antinatural”, no se da en la naturaleza, ya que conllevaría a la extinción de
la especie. A la fecha le podemos decir a los papas, cardenales, curas,
ayatolas, imanes y rabinos que la Etología ha encontrado más de 470 especies
entre insectos, mamíferos y aves (leones, gacelas, pingüinos, gansos, lobos
chimpancés, bonobos, delfines, albatros y un largo etc.) que practican alguna u
otra forma de homosexualidad y no se van a extinguir por ello.
A las
autoridades del Vaticano hay que aclararles que lo que no se da en el mundo
animal es la castidad ya que conduciría a cualquier especie a la extinción, por
lo menos a las que se reproducen sexualmente. Desde la óptica de la evolución
la castidad sí es anti natural, es una desviación de los imperativos
darwinianos; pero en el Vaticano no saben de biología.
En el mundo
animal la homosexualidad no tiene las connotaciones que en las sociedades
humanas, los animales no tienen conciencia de su identidad sexual, ni de su
imagen corporal sexual en el cerebro y la
moral es un constructo social ya que si solo quedara una persona en el mundo la
responsabilidad moral desaparecería.
Si los
teóricos de la posición ambientalista quieren la aprobación de la comunidad
científica, tiene la obligación de explicar:
·
Por
qué en una misma familia con la misma madre castradora o con el mismo padre
ausente o represivo se dan tanto hijos homosexuales como heterosexuales.
·
En
el mundo animal, sin el componente psicoanalítico, se da la homosexualidad. Y
el porcentaje es bajo también comparado con los de los heterosexuales.
·
Por
qué es más común la homosexualidad masculina que la femenina.
·
Demostrar
que todas las relaciones encontradas entre genes y orientación son inexistentes.
Mientras
esto no se cumpla, la explicación ambiental pura no es más que una conjetura en
desacuerdo con los hallazgos de la genética y la evolución.
Repetiré lo
dicho más arriba: que la homosexualidad no es ni un pecado, ni una aberración ni una desviación,
degeneración o perversidad; sólo una variante de un espectro en el que en un
lado está el sexo masculino y en el otro el femenino. Además, los homosexuales
son seres humanos que tiene los mismos derechos que los heterosexuales: a
organizar sus vidas de tal forma que les proporcione la misma felicidad.
Bibliografía:
·
Hauser
D., Marc. La mente moral
·
Pinker,
Steven. La tabla rasa
·
Ramachandran,Vilanayur.,
Lo que el cerebro nos dice
·
Ridley,
Matt. Genoma
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Sapolsky,
Robert. Compórtate
·
Swaab,
Dick. Somos nuestro cerebro
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Vélez,
Antonio. Homo sapiens


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