La serotonina es uno de los mensajeros químicos (neurotransmisores) que transporta señales entre las células nerviosas del cerebro (neuronas).
Los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS) tratan la depresión y se utilizan
para el tratamiento de otras afecciones distintas a la depresión, como los
trastornos de ansiedad y funcionan aumentando los niveles de serotonina en el
cerebro bloqueando la reabsorción (recaptación) en las neuronas, así hay más
serotonina disponible y mejora la transmisión de mensajes entre neuronas, aunque
todavía hay polémica sobro cómo lo hacen exactamente. Se les dice selectivos
porque afectan principalmente a la serotonina y no a otros neurotransmisores.
De los aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) los
más comunes son el Prozac (Fluoxetina) y el Zoloft (Sertralina).
Los ISRS son los antidepresivos que se formulan con más frecuencia. Pueden aliviar los síntomas de la depresión
moderada a grave, incluso pueden volver optimista a gente bastante normal y
corriente, y aunque son considerados, por lo general, como relativamente
seguros ya que ocasionan menos efectos secundarios que otros antidepresivos
también es posible que interfieran con las respuestas de las neuronas a la serotonina.
Existe un gen en el cromosoma 17 llamado gen
transportador de la serotonina que varía en la longitud de una secuencia de
activación ubicada en el extremo superior del gen, es decir, una especie de
interruptor al principio del gen, diseñado para retardar la expresión del propio
gen. Tal como ocurre con muchas mutaciones, la variación de la longitud está
producida por un número variable de repeticiones de la misma secuencia, una
frase de veintidós letras que se repite entre catorce y diecisiete veces. El 30
por ciento de nosotros tiene dos copias de la secuencia larga, la cual tiene
menos capacidad de desactivar su gen. Tales personas poseen más transportador
de serotonina, o sea, que circula más serotonina. Ante esto es menos probable
que estas personas sean neuróticas y mucho más probable que sean amables que la
media, independientemente del sexo, la educación la raza o la renta.
A
partir de esto Dean Hamer considera que la serotonina es la sustancia química
que, en vez de aliviar la ansiedad y la depresión, incita a ellas. Y él lo
llama el castigo químico del cerebro. Aunque hay pruebas que apuntan en
dirección contraria: es decir, uno se siente mejor con más serotonina, no con
menos.
En los países con estaciones hay personas a
quienes los cambios de estación les provocan alteraciones emocionales. En verano
pueden tener episodios hipomaníacos o maníacos, por el contrario, en invierno
pueden caer en profunda depresión. El canciller
Willy Brand tenía episodios recurrentes con la llegada del otoño (días más cortos).
Se dice que a veces no deseaba ver a nadie, ni siquiera a su mujer –bueno, a
alguno les sucede sin que sea otoño, pero por otras razones. Esto se denomina
trastorno afectivo estacional (Seasonal Affective Disorder, SAD,) y tiene un importante
componente genético. La escasa cantidad de luz solar en invierno se constituye
en un factor de riesgo para la SAD y el sol mejora los síntomas. El reloj biológico
que regula los ritmos de sueño y vigilia, recibe información directa de la luz
del entorno, lo que impacta directamente a la SAD. Se da el caso de compañías
de seguro estadounidenses que recomiendan a sus clientes de los estados del
norte trasladarse a los del sur para menguar los efectos del trastorno. Como vemos,
Pequeñas mutaciones en los genes que regulan el reloj biológico constituyen un factor de riesgo
para esta clase de depresiones.
Existe una curiosa relación entre el invierno,
un refrigerio y la somnolencia. Hay personas –una minoría genética, sin que
tengamos hasta la fecha una versión de un gen correlacionado con la propensión
a este estado-, que las noches oscuras de invierno les llevan a tomar un refrigerio
de hidratos de carbono antes de dormir. Estas personas necesitan dormir más en
invierno, aunque les parece que su sueño no es reparador. La explicación podría
estar en que el cerebro empieza a producir melatonina, la hormona que induce al
sueño en respuesta a la oscuridad de las primeras horas de la noche en el
invierno. La melatonina se sintetiza a partir de la serotonina, de tal suerte
que la serotonina disminuye a medida que se produce la melatonina. Una de las
formas de producir más serotonina es aumentar los niveles de triptófano en el
cerebro, ya que el triptófano es el precursor de la serotonina. También es
cierto que para que haya más triptófano en el cerebro, la formula más rápida es
que el páncreas produzca insulina, ya que la insulina hace que el cuerpo absorba
otras sustancias químicas similares al triptófano eliminando así a las que
compiten por los canales de transporte de triptófano al cerebro. Y la forma más
rápida de que se segregue insulina es tomar un refrigerio alto en hidratos de
carbono. O sea, en las tardes de invierno, modificar los hábitos alimenticios,
como comer galletas, eleva el ánimo porque aumenta el nivel de serotonina en el
cerebro.
Nota
final:
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