domingo, 23 de agosto de 2020

CORONAVIRUS EXTRATERRESTRE


  Inmersos como estamos en la pandemia de Covid-19, producida por el SARS-CoV2, los bulos y teorías conspiranoicas se propagan más rápido que el mismo patógeno tal. Algunos han llegado a afirmar que es un virus artificial creado en un laboratorio en China y que por descuido escapó de allí, argumento que no tiene ningún asidero científico toda vez que es muy parecido a otros virus ya conocidos como el SARS o el MERS, lo cual es más compatible con la evolución biológica: virus que han saltado el mundo animal a los humanos (zoonosis) mediante los mecanismos bien descritos por la biología evolutiva como es la mutación y adaptación. Además esto implicaría una evolución en paralelo fuera de la tierra, lo cual requeriría unas condiciones iguales a las de la tierra para que evolucionara y se pareciera a los virus que ya conocemos aquí.Tampoco tenemos pruebas concluyentes de que un organismo vivo sobreviva por mucho tiempo en las condiciones extremas de radiación, presión y temperaturas que se dan en el espacio exterior, además de las temperaturas infernales cuando ingresan a la atmósfera (más de 1.500 grados centígrados).
   En los últimos días la comunidad científica se ha quedado estupefacta y ha salido a desmentir las afirmaciones del conocido discípulo, amigo y colega de Fred Hoyle, publicadas en un artículo de la revista Advances in genetics, el astrofísico Chandra Wickramasinghe,. Wickaramasinghe sostiene que el meteorito caído en China el 11 de octubre de 2019 portaba el monocultivo del virus. aquí Esto es algo usual en Wickramasinghe ya que junto con Hoyle ha sido por muchos años defensor de la teoría de la panspermia y del origen extraterrestre de algunas epidemias como el primer brote de SARS, la gripe aviar (H5N1), la influenza de 1899-1890 y la mal pandemia de 1918-1919.

  
Fred Hoyle
   A Hoyle le debemos aportaciones significativas, entre ellas la nucleosíntesis estelar de los elementos de la tabla periódica entre el helio y el hierro, forjados en el núcleo de las estrella y luego entregados al espacio mediante la explosión de supernovas para que se puedan formar planetas y vida como en el nuestro. La nucleosíntesis fue desarrollada en compañía de Geoff y Margaret Burbidge y William Fowler, pero sólo a éstos les fue entregado el premio Nobel, omitiendo a Hoyle; Burbridge insistía en que era injustificada su exclusión y que quizá se debió a que Fowler había sido el líder del B2FH (Burbridge-Burbridge-Fowler-Hoyle). Hoyle consideraba que al parecer se le había negado a causa de sus críticas al comité Nobel, cuando este decidió conceder el premio por el descubrimiento de los pulsares  a Antony Hewish y no a su estudiante de  doctorado Jocely Bell, que fue quien en realidad hizo el descubrimiento.  Otros consideran que se debió a sus posturas férreas en contra del establishment ya fue un acérrimo defensor de un modelo de  universo estacionario en oposición al modelo en expansión. El caso es que Hoyle, a pesar de su brillantez, siempre fue un contestatario como lo hace saber en su frase “sostener una opinión popular es barato y no cuesta nada en reputación”. Cuando las pruebas a favor del favor del  Big Bang fueron abrumadoras nunca lo reconoció y así murió. Se aisló de la comunidad científica y sólo se reunía con los Burbridge, Jayan Narlikar y Wickramasinghe, quienes jamás lo contradecían. Quizá fuera un caso de negación como en la primera etapa de un duelo, aunque perder a alguien no es lo mismo que desechar una teoría, tal vez para él era lo mismo: un mecanismo de defensa para no tener que lidiar con el trauma de estar equivocado en una empresa tan importante como era su teoría.

Chandra Wickramasinge
   Aunque la panspermia es una forma de sacar de la tierra el origen de la vida y que tal vez no explica nada, ya que traslada el problema a otro lugar, la idea no es nueva puesto que en el siglo V antes de nuestra era, Anaxágoras ya la había planteado. Ahora bien, la hipótesis de la panspermia molecular, según la cual en el interior de los meteoritos, en los granos de polvo interestelar y en el hielo de los núcleos de cometas provenientes del cinturón de asteroides (entre Marte y Júpiter), el cinturón de Kuiper (después de la órbita de Neptuno) o la Nube de OOrt (en los límites del sistema solar), pudo llegar el agua de los océanos primitivos y una serie de moléculas orgánicas necesarias para la formación de la vida en la tierra. Por ejemplo,con la misión Rosetta y el módulo Phiale (2014-2015) que aterrizó en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimeko se pudo descubrir que los cometas  están compuestos por hielo de agua, silicatos y alrededor de 16 compuestos orgánicos como acetamida, isocianato de metilo, propanal y acetona. Por otra parte la NASA confirmó la presencia de glicina, uno de los veinte aminoácidos esenciales para la síntesis de proteínas fundamentales para la existencia de la vida, en muestras del cometa Wild2 tomadas por la sonda Stardust. Hoy no cabe duda de que los cometas contienen además hiero (Fe), magnesio (Mg), sodio (Na), amoníaco (NH3), monóxido de carbono (CO), cianuro de hidrógeno (HCN),dióxido de azufre (SO2) y ácido sulfhídrico (H2S). Con todo esto es plausible deducir que muchos de los compuestos orgánicos e inorgánicos que hoy conocemos, pudieron haber llegado a bordo de mensajeros interestelares.
   Una cosa es la panspermia defendida por Hoyle y Wickramasinghe y otra la panspermia dirigida propuesta en 1960 y según la cual la vida en nuestro planeta se desarrolló  partir de microorganismos muy resistentes  formados en algún lugar del universo y que habrían sido sembrados en la tierra deliberadamente. Partidarios de esta posibilidad estaban algunos investigadores prestigiosos como Francis Crick (el codescubridor del ADN) y Leslie Orgel, pero ello no la hace más cierta.
    Panspermia dirigida o no, la conclusión de Wickramasinghe parece traída de los cabellos por todo lo que hoy sabemos y que expuesto arriba. Más bien parece que Wickramasinghe tiene nostalgia por la ausencia de Hoyle o quiere continuar con el legado de este, de ser polémico e ir en contra de la comunidad científica sin pruebas concluyentes, olvidándose del principio de la parsimonia (navaja de Ockham) en ciencia: en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser, siempre, la correcta.

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