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| Estadísticas sobre la infidelidad. Tomadas de El Espectador A Finales 2011 por IPSOS |
Estudiar la conducta de
otras especies nos es útil para entender algunos rasgos de nuestro
comportamiento y el estudio de la vida amorosa de unas sub especies de ratones
nos dio pistas respecto a los mecanismos cerebrales de la monogamia. Los topillos
o ratones de la pradera –campañoles-, Microtus
ochrogaster y Microtus pennsylvanicus,
forman lazos vitalicios y son monógamos de por vida después de sus cópulas que
son casi maratonianas (excelentes consortes, dirán las mujeres); en cambio los
ratones de montaña Microtus montanus,
nunca se atan a una sola pareja. La diferencia radica en un minúsculo trozo de
de ADN que tienen los topillos de la pradera y del carecen los de montaña
(Phillips, S. 1992; Sherwin, B. B., 1994; Birzniece, V. 2006).
Los machos humanos presentan
rasgos de conductas en un amplio espectro que va desde la total
poligamia hasta la monogamia más estricta. Las recientes investigaciones
suponen que tan variado rasgo comportamental puede deberse a la interacción de
diferentes genes y a su expresión en el vertimiento de hormonas. Existe un gen
que codifica un particular tipo de receptor de vasopresina-arginina en el
cerebro. Los ratones de la pradera con este gen tienen en su cerebro más
receptores que los ratones de montañas en los que está ausente el gen. Cuando
el grupo de investigadores inyectaron este gen –ausente en forma natural- en
los ratones de montañas, los promiscuos e “irresponsables” padres se volvieron
monógamos y unos padres hogareños cuidando de sus crías (cuál no sería el
asombro de las hembras de estos ratones).
La oxitocina, la llamada hormona del amor, hormona del apego, hormona de
la sociabilidad, preponderante en
las hembras, y su equivalente masculino la vasopresina-arginina, son
neuropéptidos que tienen al menos setecientos millones de años, anteceden a los
mamíferos y que además están relacionados con la regulación del agua y de las
sustancias minerales en los organismos de los animales terrestres en general (el
alcohol inhibe la acción de la vasopresina: regular los líquidos corporales,
por eso cuando usted ingiere alcohol debe ir al baño con frecuencia).
Una versión evolutivamente anterior de la oxitocina y de la vasopresina –la
vasotocina- desempeña una función crucial en la conducta de apareamiento entre
anfibios y es importante para los animales que ponen huevos. Muchas especies de
aves también son altamente sociales, y lo que sabemos por el momento sobre su
equivalente de nuestra oxitocina –la mesotocina- indica que también desempeña
una función en el apego a la descendencia y a la pareja de un modo similar al
que obra la oxitocina en los mamíferos. En los mamíferos la regulación del agua y los minerales se hizo mucho más sofisticada, ya que durante el embarazo, la hembra tenía que desarrollar una placenta y un saco de líquido amniótico lleno de un fluido en el que crecen las crías, y después del nacimiento la hembra tenía que producir leche para esos bebés.
Pues bien, los machos con
una versión más larga del gen receptor de la vasopresina mostraban una
monogamia más acusada y pasaban más tiempo lamiendo y cuidando a sus cachorros;
mostraban más preferencias por sus parejas, incluso cuando tenían la
oportunidad de echar una cana al aire
con una hembra fértil, joven y con ganas de flirtear: es decir, son los padres
y parejas más responsables y dignos de confianza –en el mundo de los topillos,
quiero decir-.
“La monogamia no parece ser
natural en el mundo natural”, dijo hace algunos años el zoólogo norteamericano
David Barash y parecía ser una explicación científica de la infidelidad humana
basándose en el mayoritario comportamiento polígamo de los animales. La
monogamia es un rasgo presente en el 5% de los animales y sólo el 3% de los
mamíferos. Un reciente estudio hecho por investigadores de la Universidad Max
Planck de Alemania encontró que las hembras ánade diamante mandarín son
infieles porque heredan una variante genética (alelos) del padre, el cual
incrementa la tendencia a la promiscuidad. Podríamos concluir que el gen de la
infidelidad es real y lo transmiten los machos (al menos para el diamante
mandarín). Igualmente los investigadores sugieren que para el caso de la
infidelidad femenina no reporta ventajas evolutivas (aunque pienso que la
diversidad genética ya es una ventaja) y que las hembras que incurren en infidelidad lo
hacen porque han heredado por vía paterna el gen que les da la predisposición o
vulnerabilidad.
Sin embargo, un estudio
hecho por investigadores suecos culpa de la infidelidad masculina a un gen en
particular: el alelo 334 que tienen el 40% de los hombres. Esto no es una
justificación para la infidelidad masculina; es más complicado que eso e
implica muchos más factores. Si hasta ahora los cuernos han tenido infinidad de
excusas, ni más faltaba que cuando a usted lo descubran en una situación
similar, le diga a su pareja lo siento mi
amor, no fui yo, fue mi alelo 334. Este hallazgo en vez de excusar a los
hombres, en un futuro podría servir para la investigación de patologías cuyas
características son las dificultades en las relaciones sociales, tales como el
autismo o las fobias sociales.
El alelo 334 gestiona los
receptores de vasopresina arginina, hormona que como vimos arriba se encuentra
presente en el cerebro de la mayoría de los mamíferos. “Es la primera vez que
se asocia la variante de un gen específico con la manera en que los hombres se
comprometen con sus parejas”, explicó Hasse Walum, uno de los responsables de
la investigación del Instituto Karolinska. El estudio se llevó a cabo al menos
durante cinco años con más de mil parejas heterosexuales, de las cuales
quinientos cincuenta eran gemelos. Los hombres con el alelo 334 –dos de cada
cinco-, manifestaron tener lazos más débiles con sus esposas, y ellas que se
sentían menos satisfechas con sus parejas que las que se casaron con hombres
carentes de esta variante genética. Incluso los hombres que tienen dos copias
del alelo han tenido más crisis de pareja y éstas manifestaron sentirse más
insatisfechas. Aunque poseer el gen no implica estar determinado a fracasar en
una relación de pareja, esa vulnerabilidad genética incrementa las
posibilidad de que ocurra y de que pueda a llegar a ser más infiel. También es
posible que los padres dedicados y las parejas fieles nazcan y no se forjen
según el ejemplo del padre.
Es muy frecuente que entre
las científicas se gasten bromas diciéndose que deberían preocuparse más por la
longitud del…gen de la vasopresina, que por la longitud de cualquier otra cosa, incluyendo la de la cuenta
bancaria… O quizá las mujeres puedan conseguir en las farmacias un test,
similar a la prueba de embarazo, para saber qué largo es este gen en el futuro compañero para estar seguras de
llevarse al mejor dotado.
Nuestros primos más cercanos
–chimpancés y bonobos- presentan también longitudes diferentes de este gen que
determinan su comportamiento social (Parry, 2002). Los chimpancés, que cuentan
con la variante más corta, viven en sociedades organizadas territorialmente controladas por los machos que hacen frecuentes razzias contra los grupos vecinos con fatales consecuencias. Por el
contrario, los bonobos que cuentan con la versión más larga del gen, son
excepcionalmente sociales, están regidos por jerarquías femeninas y sellan toda
interacción social con frotamientos sexuales entre machos y hembras, entre
machos y entre hembras: un nirvana
sexual perpetuo.
La versión humana del gen es
más parecida a la del bonobo y responden mejor socialmente quienes tiene el gen
más largo; sin embargo, en los autistas se ha encontrado que tiene la versión
más corta lo cual los lleva a condiciones de profundos déficits sociales
(Bennett, D. S., 2005; Lu N. Z., 2002; Cyranowski, J. M., 2000; Young, 1995).
Podría decirse que las diferencias en el compromiso de emparejamiento pueden
tener relación con nuestras diferencias individuales en la longitud y expresión
de este gen y en las hormonas, como ya dijimos antes.
Como las mujeres sólo pueden
tener un hijo cada nueve meses; el embarazo y parto es un riesgo digno de tener
en cuenta; sacar adelante a una cría es costoso en términos de inversión
biológica, las mujeres desean tener parejas fieles que les ayuden a sacarlas
adelante para que sus genes pasen a la siguiente generación: el imperativo
biológico de todas las especies.

Querido amigo Arturo; no creo, y seguro que tú tampoco, que a una mujer le consuele saber que la infidelidad de su marido se debe a la menor o mayor longitud de un gen concreto. Pero no estaría mal que las damas leyesen este artículo para darse cuenta de que su infiel marido no es tan culpable como ellas piensan.
ResponderEliminarMe encantan tus artículos. Felicidades por tu aportación para aproximarnos a la verdad desnuda del mundo en el que vivimos.
Acertada deducción. Es parte de la explicación; pero en modo alguno la justificamos, por ello.
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