ANIMALES NO HUMANOS Y FUEGOS
ARTIFICIALES
“El amor por todas las criaturas vivientes
es el más noble atributo del hombre”
Charles Darwin
Es intuitivo para la mayoría de las personas creer que el dolor humano es excepcional porque piensan que la capacidad de una especie para procesar el sufrimiento está relacionada con su capacidad intelectual. Es obvio que las plantas no pueden pensar, y hay que estar bastante chalado como para creer que sienten placer estético escuchando música de Mozart, Beethoven o Chopin; pero hay que ser demasiado excéntrico para considerar que pueden sufrir. Por eso las guillotinamos con la podadora de césped sin ningún tipo de remordimiento. Igual podríamos pensar de la ameba, pero ¿las vacas? Pregúntenle qué piensa de ello Temple Grandin. (ver aquí)
René Descartes creía que los animales no
humanos no tienen alma y no sienten dolor. Descartes perteneció a una larga
lista de viviseccionistas como William Harvey, Galeno y Vesalio, pero hoy
ningún científico respetable se anotaría en su club como para clavar a un
mamífero vivo en un tablón y diseccionarlo sin anestesia. De llegar a hacerlo
las leyes actuales de muchos países los castigarían con severidad, aunque los
invertebrados no están tan protegidos. Es mucho lo que hemos avanzado en el
derecho de los animales no humanos, aunque las cosas no fueron siempre así. La
historiadora Bárbara W.Tuchman en su libro Un
espejo lejano, el calamitoso siglo XIV, en el capítulo Diversiones medievales
violentas, narra cómo los jugadores, con las manos atadas a la espalda,
competían para matar a un gato, atado a un poste dándole golpes con la cabeza.
La diversión estaba en ver cómo los competidores acababan con la cara
destrozada por los arañazos del gato. O cerdos encerrados en un corral amplio,
siendo perseguidos por hombres con garrotes, mientras el animal huía chillando
por los golpes, lo que les causaba grandes risas a los espectadores, hasta que
el pobre animal se desplomaba sin vida. Hoy nos aterramos ante esas
monstruosidades, sin embargo aún tenemos las riñas de gallos, de perros y las
corridas de toros, o marcar el ganado con hierros candentes y la castración sin
anestesia. Los historiadores del futuro tendrán algo que decir sobre ello, si
es que sobrevivimos como especie.
Jeremy Bentham el filósofo del utilitarismo dijo <La cuestión no es,
“¿pueden razonar?”, ni tampoco “¿pueden hablar?”, sino “¿pueden sufrir?”>.
La mayoría de los humanos suponemos que la capacidad de de sentir dolor o
sufrimiento está relacionada con la capacidad mental, reflexionar pensar o
razonar. Biológicamente no hay ninguna
razón por la que debiera existir una correlación positiva. Sentir dolor es algo
primigenio, es la clase de sensación para la que no se necesita ni intelecto ni
experiencia; es más, podríamos hallar razones darwinianas por las cuales
debería existir una correlación negativa entre intelecto y susceptibilidad al
dolor. El dolor en el sentido darwiniano sirve al animal como advertencia para
alejarse y no repetir situaciones o acciones que puedan causarle daño al
cuerpo. Al fin y al cabo, la supervivencia es un imperativo biológico para
poder transmitir los genes a la siguiente generación. De tal suerte que no tenemos
ninguna razón para creer que los animales no humanos sienten menos dolor o
sufrimiento que nosotros; sin embargo, si usted no lo considera así, por lo
menos otórguele el beneficio de la duda.
Los fuegos artificiales tienen una
fascinación hipnótica y a mí me encantan, desde siempre. Pero mi placer es más
visual (soy primate) que sonoro: espectaculares destellos, formas y colorido alucinantes.
Los sonidos de las explosiones me aterran, pero parece que a muchos les
entusiasman, de lo contrario los fabricantes ya hubieran fracasado por
incluirlos.
Así como me gustan los fuegos artificiales,
también me gustan los animales no humanos y éstos también se siente
aterrorizados con el estruendo de producen los fuegos artificiales. Al parecer
a muchas personas les encanta tanto este estruendo que no sólo lo disfrutan en
las fiestas de fin de año, sino que lo repiten una y otra vez durante el resto
del mismo. Sobre todo a los entusiastas de las fiestas religiosas ya que con
cada celebración del santoral se sienten realizados haciendo estallar estos
petardos que no son visuales sino sonoros, no solamente el día del festejo,
sino nueve días antes y desde la madrugada, perturbando el sueño y la
tranquilidad de los animales humanos y no humanos. Pareciera ser que no sólo
quieren hacerlo con éstos sino con sus deidades, por el alboroto perturbador
que producen. Por cierto, también los partidarios de cualquier grupo político
también están incluidos en esta cohorte. Algo deben tener en común.
Aunque parezca que esta es una impresión
subjetiva, la literatura veterinaria la ha confirmado mediante estudios
científicos y describe más de veinte síntomas sicológicos de angustias medibles
en perros, gatos y caballos como resultado de los fuegos artificiales. Se
calcula que más del cincuenta por ciento de los perros y el sesenta por ciento
de los gatos sufren de fobia a los fuegos artificiales. Aunque en los gatos es
menos manifiesto en su conducta que en los perros. Por muy poco que sepamos
sobre animales, todos alguna vez hemos oído hablar de la sensibilidad auditiva
de estas dos especies. Si para los humanos es estruendoso, imagínelo para
ellos.
Y los animales salvajes también se asustan igual que
mascotas o animales de granja, cerdos y ganado. Es más, las mascotas, igual que
algunos niños, cuentan, muchas veces,
con animales humanos que los consuelan o intentan tranquilizarlos; pero los
animales salvajes ven que de repente su tranquilo ambiente natural ha sido
perturbado por el estruendo desencadenado inesperadamente.
¿Se deberían restringir los fuegos artificiales a días especiales del año?, ¿se podrían permitir con permisos concretos, igual que se hace con la música a un volumen alto? o ¿sólo permitirle su administración a entidades públicas? Considerándolo bien, permitir los fuegos artificiales visuales con restricciones sobre el ruido es una opción mejor que las anteriores. Los fuegos artificiales tranquilos ya existen y son utilizados en las grandes capitales del mundo civilizado.
Para algunos, sobre todo la izquierda
intelectual desinformada –ya lo decía Darwin, peor que no estar informado es estar desinformado- las
restricciones legales sobre los fuegos artificiales infringen las libertades
individuales; pero este es en esencia un argumento convincente sólo en
apariencia, porque si le damos una vuelta de tuerca más veremos por qué. Lo que
la gente hace en su patio trasero o jardín es cosa suya, y no es de incumbencia
del estado o su vecino, al fin y al cabo
es propiedad privada. Pero los ruidos producidos por esas explosiones
trascienden los límites de cualquier propiedad privada, llámese jardín o patio
trasero. Y si me disgustan los destellos y colores de los fuegos artificiales,
simplemente con correr las cortinas asunto arreglado. Pero hasta ahora no existe
bloqueo que funcione contra las explosiones ruidosas, de existir sería la
solución para muchos veteranos de guerra que padecen estrés postraumático.
Indudablemente la contaminación sonora es perversa y antisocial, llámese música
a volúmenes estridentes, bocinas de coches o fuegos artificiales sonoros, y
punto.
Ahora bien, la arrogante presunción de que
los humanos importan más que el resto de animales está asentada en nosotros y
hunde sus raíces en la mayoría de las
doctrinas religiosas. De ahí a pensar que el placer humano es más importante
que el sufrimiento o terror de los animales no humanos, está a la vuelta de la
esquina. Y si no, pregúntele a los toros de lidia, perros y gallos de pelea.
Considerar que el placer humano es más
importante que el maltratar o aterrorizar a perros y gatos, elefantes y
caballos, tigres conejos, vacas y aves es un problema filosófico y jurídico
complejo; pero no es este el sitio para exponer los argumentos, sin embargo,
investigadores de varios países han encontrado que aquellas personas que más defienden (ver aquí) los derechos de los animales no humanos también exigen más derechos
para los grupos minoritarios y vulnerables. Si bien estamos lejos en conseguir
el pleno reconocimiento de los derechos de los animales no humanos algo hemos
avanzado, y hemos avanzado después de otorgarle los derechos a las mujeres, los
niños, afro descendientes, homosexuales y demás grupos minoritarios. Algunos
países se lo han tomado en serio, otros no tanto y hay algunos que lo
consideran ridículo; pero una sociedad habla de su civilidad y avance de
acuerdo a como trate a los animales.
Algunos juristas, equivocadamente, (ver aquí) creen (ver aquí) que
porque dos de cada tres personas en el mundo no tiene acceso a la justicia el
otorgar derechos a los animales puede considerarse contraintuitivo; pero
reconocer derechos a los animales no humanos no hace menor la obligación de los
estados de garantizar la protección de los humanos en estado de vulnerabilidad.
Y la responsabilidad también pasa por políticos y funcionarios estatales.
Aunque la inteligencia y el poder de
razonamiento de los animales no humanos son diferentes e inferior al nuestro,
la capacidad de sentir dolor o miedo no depende del razonamiento o la
inteligencia como dijimos al principio. No existe ninguna razón obvia para
suponer que un elefante, un perro o un guepardo es menos capaz de sentir miedo
o dolor que usted o yo. Y en el miedo a los fuegos artificiales es más
razonable suponer todo lo contrario. Nosotros entendemos lo que es, inclusive a
los cachorros humanos se les puede transmitir seguridad y consuelo verbalmente;
pero no puedes hacer eso con los animales no humanos. Es una muestra de nuestra
indolencia, indiferencia y egoísmo con relación a los millones de seres
sensibles que no son capaces de internalizar los fuegos artificiales, pero que
sí son capaces de sentirse aterrorizados con ellos sin entender lo que es.
En gran parte de los países del mundo hay
legislación referente a la fabricación, comercialización y manejo de la pólvora
ya que en esencia es un problema de salud pública, dadas las laceraciones,
mutilaciones, secuelas y daños permanentes que ocasiona; pero es muy laxa,
sobre todo para con los niños y menores.
Sólo en el fin de año de 2019, de acuerdo a las cifras del Ministerio de Salud
de Colombia, 839 personas resultaron quemadas por el uso irresponsable e
inadecuado de la pólvora, en su gran mayoría niños.
Los fuegos artificiales contaminan las ondas
sonoras en todo el mundo, pero continuarían siendo atractivos si fueran
silenciosos, y esto no es ser aguafiestas.


Querido y admirado amigo; sé que no le resultará novedoso que yo refrende punto por punto cada uno de los argumentos que usted expone en este artículo. Poco o nada puedo añadir a cuanto usted ha expuesto y, por tanto, cabría preguntarse ? qué sentido tiene que yo haga comentario alguno si nada puedo aportar?; y con razón cabría concluir diciendo que "cuando nada nuevo tienes que decir; mejor estar callado". Pero, a pesar de lo acertado de esta sentencia; no puedo menos que unir mi voz a la suya para reclamar a todos los simpatizantes y usuarios de medios tan ruidosos y estridentes como los comentados que alteran nuestra tranquilidad, nuestro sueño, nuestro merecido descanso o, simplemente, nuestro derecho a tener otros gustos, aficiones, valores o gustos para que los que así se manifiestan, RESPETEN los derechos de los demás, sean personas o animales.
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