domingo, 7 de junio de 2015

EL TAMAÑO SÍ IMPORTA


Dentro del orden de los primates tenemos dos grandes superfamilias y una de ellas es la de los hominoideos de la cual forman parte los gorilas, chimpancés, orangutanes, gibones y, por supuesto, nosotros.
El hombre es el primate con el pene más grande y los testículos sólo son superados por los de los chimpancés. Por cierto, somos los únicos primates que no tenemos báculo u os penis, un hueso muy frecuente en el pene de los mamíferos, aunque ya es muy reducido en los grandes simios (11 milímetros en el gorila).

Cuando las especies son monógamas machos y hembras son de tamaño similar ya que cualquier macho puede acceder a una hembra, mientras que en las especies poligínicas el tamaño importa puesto que a mayor corpulencia, mayor probabilidad de quedarse con las hembras. Si eres un combatiente el tamaño importa, pero el tamaño de los genitales lo determina el tipo de organización social en el cual se vive.


PESO CORPORAL
PESO DE LOS TESTÍCUOS
TAMAÑO DEL PENE
DURACIÓN DE LA CÓPULA
HOMBRE
70-80 KIlos
42.5 Gramos
14 Centímetros
4 minutos
CHIMPANCÉ
50 Kilos
113 Gramos
7.62 Centímetros
15 segundos
GORILA
150 -200 Kilos
30 Gramos
3.17 Centímetros
1 minuto
ORANGUTÁN
80 Kilos
35 Gramos
3.81 Centímetros
15 minutos

Los gorilas viven en harenes donde un macho tiene la exclusividad sexual sobre un grupo de varias hembras. Su tamaño duplica al de las hembras ya que debe competir con otros machos por la posesión de ellas. Por ello la fuerza y tamaño importa. En estos primates es fácilmente reconocible un macho por su cresta sagital abultada, su tamaño voluminoso y la espalda plateada. En cambio como compite mediante la fuerza por la posesión de las hembras el tamaño de su pene es minúsculo, 3,17 centímetros y de un discreto color oscuro que no resalta del de su pelaje y unos testículos de apenas 30 gramos de peso a pesar de su masa corporal puede llegar a los doscientos kilos. Como no compite con el esperma de otros machos no necesita tener unos testículos grandes que produzcan gran cantidad de él. Además la hembra no reemprende sus actividades sexuales hasta tres o cuatro años después de haber dado a luz y sólo es receptiva un par de días al mes hasta que vuelva a quedarse preñada. Como se ve, a pesar de su corpulencia, en un gran “espalda plateada” con un harem de varias hembras, las relaciones sexuales son un placer infrecuente, experimentado a lo sumo unas cuantas veces al año. El minúsculo tamaño de sus testículos es el adecuado para tan modestas exigencias.

Los orangutanes por su parte también evitan la competencia espermática por la posesión de las hembras, imponiéndose por la fuerza física a sus rivales, de allí que tengan mucho cuerpo pero pocos testículos. No es que gorilas y orangutanes practiquen una monogamia estricta y permanente, sino que no permiten que sus rivales se acerquen a las hembras receptivas con las que están en ese momento y las acaparan sexualmente mediante la fuerza. Los orangutanes son solitarios, pero cuando una hembra entra en celo hay disputas por sus favores sexuales. Los machos de gorilas y orangutanes pesan más del doble que sus hembras.Sus testículos de 35 gramos,  pesan cinco gramos más que los de los gorilas y su pene de 3.8 centímetros es ligeramente superior a los 3.17 centímetros del gorila, a pesar de que la masa muscular de un gorila es el doble que la de un orangután. Sin embrago la cópula del orangután suele durar hasta quince minutos en posiciones que alternan desde la de cara a cara –como los chimpancés y humanos- con las dorso ventrales y laterales, con mayor exigencia acrobática, ya que lo hacen colgados de las ramas de los árboles lo cual deja pálidos a los cómodos ejercicios de cámara de los humanos y boquiabierto al autor del Kamasutra.

Copula frontal entre chimpancés
Los chimpancés son los campeones en cuanto al tamaño de los testículos (entre 113 y 119 gramos) y ello se debe a que las hembras en celo son “promiscuas”, es decir copulan con varios machos durante el día, pero al final los de rango más alto son los que acaban teniendo mayor descendencia. Promiscua es un término demasiado humano y cargado de connotaciones de tipo moral, pero a falta de otro término más adecuado lo seguiré usando en ese sentido desprovisto de las implicaciones de tipo moral. Podríamos decir que en los testículos del macho está grabada la promiscuidad de las hembras.

Para los primates y muchos otros mamíferos se ha observado una correlación entre el tamaño de los testículos y la promiscuidad femenina, o sea, la confianza que tienen los machos en la paternidad. Por supuesto, la seguridad de que las crías con las que convive son suyas es inversamente proporcional a la promiscuidad femenina. Antes de continuar voy a ser una pequeña digresión: quizá el vocablo soez e insultante, permitanme una grosería, pero es que de otro modo no se entendería, huevón, que se le espeta a algunos varones, signifique eso: “tu pareja copula con varios machos diferentes a ti”. Es muy posible que quienes lo utilizan lo hagan, aún sin saber nada de Biología.
Bonobo exhibiendo el pene

Antes de que se descubriera el concepto de guerra espermática no había explicación para las diferencias del tamaño de los testículos de diferentes especies de primates, cuyo peso testicular no dependía de la masa corporal como en la mayoría de los otros órganos.
La mayoría de los chimpancés machos que conviven en un grupo donde abundan las hembras viven en una suerte de nirvana sexual, con oportunidades de copular casi diarias en el chimpancé  común y varias diarias en el bonobo. Ello unido a la necesidad de superar a sus congéneres en su aportación de semen para fecundar a las promiscuas hembras, explica la necesidad de que sus testículos sean grandes.

A los humanos nos basta con tener unos testículos de tamaño mediano, pues el hombre copula más a menudo que los gorilas y orangutanes, pero menos que los chimpancés y bonobos. Además la mujer con su ciclo menstrual típico (oculto), no suele impulsar a varios hombres a enzarzarse en una competencia dirigida  a fecundarla.
La conducta sexual post reproductiva (el sexo por el sexo) es una característica de nuestra especie y en la cual nos acompañan nuestros parientes más cercanos, los bonobos –mal llamados chimpancés pigmeos-, quienes también practican el sexo por el sexo y no con fines reproductivos, sino sociales. Y es que los bonobos utilizan el sexo como moneda de cambio para casi todo: conseguir un bocado suculento, calmar a un compañero molesto, o para pasar el rato. Y se da el caso que las relaciones homosexuales también son frecuentes entre ellos, tanto entre machos, como entre hembras; y no son los únicos animales que manifiestan este comportamiento (afortunadamente en el Vaticano no saben Biología, de lo contrario ya habrían impuesto sus normas a las sociedades de bonobos).

Hay varias teorías sobre por qué el tamaño del pene de nuestra especie es el más grande entre los primates.
Herma griego
1.-  Cumplía la función de ahuyentar a otros machos. Se sabe que algunos macacos y papiones, se sientan de espaldas al grupo y de frente a los posibles intrusos, cuando uno se acerca el macho tiene una erección indicándole al intruso “como te acerques te voy a someter”, lo cual se hace con una cópula ritualizada. En el pasado se tallaron esculturas de penes erectos y un rostro amenazador que se plantaban como guardianes de poblados, casas y heredades y se usaban como amuletos. Son los hermas de los griegos y los romanos grababan un pene junto a las puertas de entrada a las ciudades. Aunque ahora no se sabe de ningún enano bien dotado que disuada a un fortachón de dos metros, pero es que no podemos juzgar a nuestros ancestros por las reacciones sicológicas actuales. Además la competencia que produce verdadera selección se da entre iguales o casi iguales.
2.- Fue seleccionada por las hembras sólo porque sí. Esto no es un disparate. Algunas estructuras fueron seleccionadas por la presión sexual sólo porque eran atractivas para las hembras y como el genotipo no se puede ver –los caracteres internos-, el fenotipo sí es visible, o sea la expresión de los genes en el cuerpo de cualquier especie. Y un órgano copulador grande es indicativo de buena salud –buenos genes- y de que se es tan sano que se pueden desperdiciar en producir estas estructuras; igual que la cola del pavo real o la melena del león.
No puede ser un símbolo que atraiga a las mujeres ya que éstas manifiestan que les atraen más la voz, las piernas, las cejas, el mentón, incluso las nalgas. 
3.- Sirve para darle placer a la hembra.  Está ligada a la cuarta que es de carácter funcional. El orgasmo produce contracciones que succionan a los espermatozoides. El varón que más le gusta a la hembra y que le produzca orgasmo tiene más oportunidades de ser el padre de la futura cría puesto que las contracciones orgásmicas succionan al esperma, acercándolo al óvulo.
4.- Acerca el esperma al óvulo. Es posible que en las primeras etapas de nuestra evolución los conflictos se resolvieran por la fuerza bruta al modo de gorilas y orangutanes y los genitales masculinos serían pequeños. No había cooperación entre machos ni formación de grupos complejos y solidarios.
Luego a medida que nos fuimos haciendo más sociales y formando grupos más numerosos pudo surgir la competencia espermática y el incremento del tamaño del pene humano fue el resultado de una  promiscuidad femenina más marcada en nuestra historia evolutiva. Esto que parece paleopoesía tampoco es un disparate, aunque carecemos de pruebas puesto que los órganos blandos no fosilizan.
Fue en esta época que se estableció la guerra espermática ya que había comunidades de cazadores y recolectores con miembros de los dos sexos en la que los machos cooperaban amigablemente para la obtención del alimento y se practicaba el sexo de forma indiscriminada para que no hubiera tensiones. Esta época de gran promiscuidad llevó a que se hicieran más grandes los genitales, como los de los chimpancés actuales.

Entre el Homo ergaster (erectus) y el Homo sapiens, el ocultamiento de la ovulación pudo aumentar la confianza entre machos y la de los machos hacia las hembras -en la seguridad de la paternidad-, incrementando las habilidades sociales, aumentando la eficiencia reproductiva como especie –evitando de paso la guerra espermática- y arrastrando la monogamia como subproducto, aunque es difícil decir qué llevó a qué. Cualquiera de las dos pudo favorecer a la otra. Y aunque la guerra espermática ya no es funcional, el tamaño del pene no ha disminuido -economía evolutiva-, quizá porque ahora confiere ventajas a la hora de acercar el esperma a los óvulos ahora que eran completamente bípedos y se había modificado la posición de los ovarios respecto a la de los cuadrúpedos.

La inteligencia y personalidad entre los humanos adquirieron preponderancia sobre el simple tamaño ya que los jugadores de baloncesto,  físico culturistas y los luchadores de sumo no tienen más mujeres que los jokeys o los patrones de yates. Luego los caracteres sexuales secundarios tiene la función de atraer a la pareja. Las diferencias externas de  nuestra especie no son tan acusadas como en gorilas u orangutanes, pero reflejan nuestra ligera poliginia.


Aborigen portando un falocarpo
Si los hombres pudieran diseñar sus penes quizás serían más grandes de lo que son actualmente como lo hacen en algunas tribus de Nueva Guinea donde los hombres se fabrican unos falocarpos de hasta 50 centímetros y los adornan con retazos de pieles de animales, siendo de varios tamaños formas y colores. Si no diseñamos el tamaño del pene es por el compromiso con el tamaño de los genitales femeninos.

En fin, lo siento por Freud, la envidia del pene la sienten, no las mujeres sino, los hombres.


Bibliografía
         1.- Arsuaga, Juan Luis. El primer viaje de nuestra vida
            2.- Arsuaga, Juan Luis y Martin-Loeches, Manuel. El sello indeleble
             3.- Diamond, Jared. El tercer chimpancé

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