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| El orgasmo más famoso de Hollywood. Meg Ryan en "Cuando Harry encontró a Sally" |
El clímax sexual de las
mujeres es más complejo y oculto que el de los hombres y puede ser fingido. Va
más allá del equivalente a una eyaculación masculina acompañada del mismo
incentivo para ambos sexos de ser una experiencia adictiva para buscar
ulteriores encuentros. Las mujeres, a diferencia de los hombres, no tienen
necesidad de experimentar un orgasmo para concebir, aunque ayuda que lo
experimenten y más adelante veremos por qué.
Todos los científicos están
de acuerdo sobre para qué sirve el orgasmo masculino, no así para el femenino.
Algunos han llegado a afirmar que no sirve para nada; sin embargo, al menos
funciona para que una mujer se mantenga tumbada después de un encuentro sexual,
reteniendo pasivamente el esperma, evitando que éste se escurra lo cual
incrementa la probabilidad de que al menos uno gane el “premio mayor”: o sea,
fertilizar un óvulo. Es sabido que el orgasmo es un placer intenso, y cualquier
cosa que nos haga sentir bien nos hace desear repetirlo una vez más – igual que
todas las adicciones-. Para ello se vale de una región de nuestro cerebro que forma parte del sistema de recompensa, el
llamado núcleo accumbens. A más
encuentros sexuales mayor será la probabilidad de que los genes de sus
portadores se perpetúen y con ello la especie, cualquiera que sea. Hay quienes
han sugerido que el orgasmo femenino evolucionó como un “pegamento” sólido
entre los amantes, creando en las mujeres sentimientos de intimidad y confianza
respecto a su pareja a fin de sacar adelante la posible descendencia producto
de la unión.
Algunos psicólogos
evolutivos consideran que el orgasmo femenino como una adaptación que permite a
las mujeres “manipular” –incluso, inconscientemente-, a cuál de los amantes
permitirá fertilizar sus óvulos (Eberhard, W. G., 1996; Bellis, M. A., 1990). La
respiración acelerada, el corazón bombeando sangre a un ritmo endiablado, los
gemidos, los estados de placer casi alucinantes (afectando la corteza orbito frontal
y la descarga de opiáceos endógenos en el sistema de recompensa, el núcleo
accumbens, para que se repita), las contracciones y espasmos musculares son
incuestionablemente hechos biológicos muy complejos; pero pueden tener un
designio funcional. Los cuerpos y los cerebros femeninos escogen al vencedor de
la competencia de espermas mediante el orgasmo. Desde hace mucho se sabe que
las succiones uterinas y las contracciones musculares asociadas al orgasmo
tiran del esperma a través de la mucosa
cervical para ayudarlo en su carrera hacia el óvulo acercándolo a él. Cuando
una mujer llega al orgasmo en cualquier momento entre un minuto antes y
cuarenta y cinco minutos después de que su pareja eyacule, retiene más cantidad
de esperma que cuando no experimenta orgasmo (Dawood, K., 2005). En
concordancia con los resultados de esta investigación podemos concluir que la
ausencia de orgasmo significa menos esperma ingresará al interior del cérvix,
puerta de acceso al útero donde espera el óvulo. Mientras que al hombre le preocupa la falta
de orgasmo en su pareja –por el temor a ser apartado y no querer tener más
relaciones sexuales-, las mujeres orgásmicas pueden proponerse (repito,
inconscientemente), algo mucho más inteligente, desde el punto de vista
evolutivo. Es decir, con sus orgasmos una mujer decide qué pareja será el padre
de sus hijos. Y es que la biología busca trampas para gobernar nuestras mentes
conscientes y manipular los resultados a fin de asegurar la supervivencia y que
nuestros genes pasen a la siguiente generación. De tal suerte que mucho de lo
que explicamos racionalmente no es más que la forma que tiene nuestro
hemisferio cerebral derecho de interpretar las decisiones inconscientes que ya
ha tomado el hemisferio izquierdo. Los etólogos (estudiosos del comportamiento)
han observado que las hembras de los animales prefieren machos con gran
simetría bilateral –que ambos lados sean lo más exacto posible-, aunque la simetría
perfecta no existe o es escasa. La razón de que un equilibrio corporal sea
importante es que una asimetría puede ser indicador de genes defectuosos,
enfermedades, desnutrición o todos. Los anteriores agentes pueden causar
alteraciones en la simetría bilateral en ojos, plumas, colores, brillo,
alteraciones en el canto y un largo etcétera, que son las características por
las cuales las hembras de las aves escogen su pareja.
Voy a desviarme un poco del
tema para explicar porqué los colores brillantes de las aves no van de la mano
con la enfermedad. Sólo hasta la década de 1990 se vino a saber que los
carotenoides (los que les dan su color a zanahorias, tomates, pimientos) juegan
un papel fundamental en el sistema inmunitario. Se trata de pigmentos que generan
varios colores –rojo, amarillo y anaranjado- y que los vertebrados no
sintetizan, de tal suerte que tienen que incorporarlos mediante los alimentos.
Por tanto un sistema inmunitario activo –en el caso de infecciones- debe
extraer carotenoides de los tejidos que le rodean para combatir a los
invasores. Los individuos fuertes y saludables tienen el suficiente pigmento de
sobra como para trasladarlo a la superficie del cuerpo –plumas- que se
constituye en un elemento de atracción.
Los científicos piensan que
si los orgasmos femeninos son una forma de asegurar buenos genes para los
futuros hijos, las mujeres deben gozar de más orgasmos con parejas bien
parecidas y simétricas. Investigadores de la Universidad de Albuquerque
estudiaron a ochenta y seis parejas sexualmente activas, heterosexuales, con un
promedio de edad de veinte años y dos de convivencia. Hicieron que cada uno
contestase en privado y anónimamente un cuestionario sobre sus experiencias
sexuales; tomaron fotografías de la cara de cada uno y por ordenador analizaron
los rasgos simétricos; midieron varias partes del cuerpo como anchura de los
codos, tobillos, pies, huesos de las piernas, muñecas, longitud de los dedos
meñique e índice. Y no se equivocaron: la relación entre la simetría masculina
y el orgasmo femenino resultó significativa. Los informes de los amantes y sus
mujeres mostraban que aquellas con parejas más simétrica gozaban de una
frecuencia mayor de orgasmos en el acto sexual, que las que tenían parejas
menos simétricas.
Los hombres guapos lo saben
aún desconociendo el estudio. Los hombres simétricos pasan por períodos de
cortejo más corto antes de tener relaciones sexuales con las mujeres que
cortejan; gastan menos tiempo y dinero en sus escarceos; también engañan más a
menudo a sus parejas que quienes tienen el cuerpo menos simétrico. Claro que
eso no es lo que las mujeres quisieran creer, pero “Así es la Biología” como
decía Ernst Mayr. Quiero dejar bien claro que no es una justificación, es una
explicación. A las mujeres, por ejemplo, les gusta más la suposición del
emparejamiento que dice que con hombres amables y atentos tendrán más orgasmos.
Esto que voy a decir no es un comentario sexista, es la realidad biológica en
la que evolucionamos: las mujeres desean constantemente ambas cosas en un solo
paquete, lo mejor de los dos mundos, pero nuevamente la biología muestra que
eso es ilusorio.
Como dijimos antes, nadie es
totalmente simétrico, pero mujeres y hembras de otros animales estiman
–inconscientemente- que los más simétricos están mejor dotados y desean que su
prole lleve esos genes. Para darle el golpe de gracia a la sabiduría
convencional de las mujeres y sorpresa de los investigadores, la pasión
romántica de las mujeres por su pareja no incrementa la frecuencia de los orgasmos.
Tampoco es verdad que el control de la natalidad y la protección contra
enfermedades de transmisión sexual aumentan las tasas de orgasmos femeninos,
porque se sientan más seguras y relajadas durante el encuentro sexual. Hasta
ahora no ha aparecido ninguna correlación entre el uso de anticonceptivos y el
orgasmo femenino. Donde sí se encontró relación es, como dijimos antes, entre
el buen aspecto de la pareja y la frecuencia de orgasmos femeninos. Al fin y al
cabo nuestro cerebro evolucionó durante millones de años sin estos dos triunfos
de la ciencia –condones y píldoras-, y
son tan recientes como para modificara la química y fisiología con la que el
cerebro experimenta el sexo.
Uno de los mayores placeres
de la vida es el sexo y que hombres y mujeres tengan orgasmos intensos es
suficiente para que sea un objetivo en sí (los estudiosos no se ponen de
acuerdo si otras especies lo experimentan, yo creo que sí, aunque en los
humanos el grado de placer es muchísimo mayor). De allí que en nuestra especie
–y en otras, como los bonobos- se den relaciones sexuales cuya probabilidad (o
finalidad) de dejar descendencia sea nula: el sexo por el sexo, del cual
hablamos en una entrada anterior.

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