Estar enamorado es algo común
a toda la humanidad. Amor romántico, apasionado, obsesivo o encaprichamiento.
Sin importar el nombre que le demos, hombres y mujeres de cualquier época y
cultura, han sido atacados, conquistados o seducidos por esta fuerza
perturbadora utilizada por la biología para que los genes pasen a la siguiente generación;
al menos así es en nuestra especie.
Lo primero que nos ocurre cuando nos enamoramos es un cambio en
nuestro comportamiento, brusco y repentino; pero aunque no lo vemos nuestra
fisiología también se altera.
El cóctel químico que inunda
el cerebro es el responsable de cada una de estas alteraciones y más adelante
señalaremos a los culpables de ello. Una de las alteraciones más significativas
es la incapacidad de sentir amor romántico por más de una persona a la vez, lo
cual tiene su explicación en el cóctel químico que inunda el cerebro. El “poseso”
centra toda su atención en el amado en detrimento del trabajo, amigos, la familia
o cualquier cosa a su alrededor. Es lo que los psicólogos llaman “pensamiento
intrusivo”: no pueden sacarse al amado de la cabeza, aunque es más romántico
decir “del corazón”. También suelen magnificar pequeños aspectos del amado y
aunque encuentren cosas que no le gusten las minimizan o ignoran (por ahora, más
adelante las cosas cambian) y se auto engañan alterando la realidad, venerando
las cualidades positivas y se convencen que esos defectos únicos son “encantadores”.
Pero así como el amor
romántico llega de repente, también puede desvanecerse de la misma forma, o sea
que tiene fecha de caducidad. Algunos se estarán preguntando, y ¿cuánto dura
esta magia? Con exactitud no lo sabemos, pero me inclino a creer que depende de
los actores; aunque un equipo de neurólogos concluyó que el amor romántico dura
entre 12 y 18 meses (Marazziti et al. 1999), recientes estudios señalan que se
puede extender hasta los 36 meses. Ante estas afirmaciones algunos quizás estén
pensando en no continuar leyendo porque han superado este límite con su pareja;
pero no, no es “amor romántico”, así que continuemos.
El amor funciona gracias al
sistema de recompensas del cerebro –el núcleo accumbens- el mismo que activan
las drogas y los opiáceos. La responsable de la frase “solo pienso en ti” es la
serotonina, la cual tiene más de 14 formas diferentes, y cae en picada cuando
nos enamoramos. Nos convierte en obsesivos igual que en el trastorno obsesivo
compulsivo (TOC), la ansiedad y la depresión. Como ya dijimos arriba, algunos piensan
que el enamoramiento es una forma transitoria de comportamiento obsesivo, pero
con fecha de caducidad: de 12 a 18 meses.
La primera etapa del
enamoramiento se caracteriza, por insomnio, estrés, euforia, excitación y,
aparte de pensar en la persona amada, pasa por altibajos anímicos e
incertidumbre. “Me quiere, no me quiere”.
Pero además en el cóctel que inunda el cerebro en esta etapa la oxitocina
y la vasopresina que se producen por las caricias, los roces o el contacto físico
inducen la producción de dopamina, la que hace del amor una experiencia
placentera igual que cualquier adicción.
Podríamos decir que el amor
está dividido en tres diferentes actos con diferentes pilotos: en el primero,
el enamoramiento, la dopamina toma el
control y su elevado nivel incrementa la testosterona – hormona unisex del
deseo sexual- que es el segundo acto en donde manda la testosterona. Una vez
consumado el deseo sexual, en el tercer acto toman el mando la oxitocina,
mayoritariamente en las mujeres y la vasopresina en los hombres.
DOPAMINA. La dopamina es la
responsable de que no tengamos ojos para nadie más. Cuando se libera en el
núcleo accumbens, estructura que forma parte del sistema de recompensa,
estrecha los lazos entre la pareja y limita el interés hacia otras posibles.
CORTISOL. La incertidumbre
del posible amor romántico eleva el cortisol y éste a su vez incrementa los
niveles de vasopresina aumentando la probabilidad de que surja el romance. Puede que para conquistar a
alguien podría funcionar mejor una actividad estresante que una cena romántica.
LA OXITOCINA, que se libera
durante las caricias y el orgasmo y también durante el parto en las hembras
-más adelante veremos para qué-, se conoce cómo la molécula de la confianza y
facilita el acercamiento a otra persona. Hace que el cerebro crea que a esa persona
la conocemos de toda la vida, aunque ayer ni siquiera la habíamos visto. La
oxitocina también se produce durante el parto de las hembras ayudando a la
dilatación y a las contracciones uterinas; igualmente se produce por la succión
de las crías en los pezones de la madre. Ayuda a crear el vínculo afectivo
entre la madre y la cría de todos los mamíferos.
LA VASOPRESINA, también se
libera durante las caricias y el orgasmo, en mayor cantidad en el hombre que en
la mujer, y se relaciona con la preferencia por una pareja concreta y la
territorialidad.
La primera fase agotadora
del enamoramiento cuya característica es la incertidumbre y la agitación cede
al cabo de unos seis meses a otra más
tranquila si se ha logrado conquistar al ser amado: la del AMOR PASIONAL. Los
niveles de Serotonina y Dopamina, alterados en la fase anterior ceden el mando
a la oxitocina y la vasopresina. Pasión y deseo son las características.
En la tercera fase hay un punto de inflexión
entre los tres y siete años con una alta probabilidad de ruptura y con un
cincuenta por ciento de probabilidades de terminar en divorcio. Y pasar del
amor pasional al “amor compañero” de compromiso e intimidad es todo un arte. Si
no hay aficiones o intereses comunes (hijos, por ejemplo), una vez extinguida
la pasión inicial es muy difícil que la relación se mantenga a flote. Aquellos pequeños
defectos “encantadores” de la etapa del enamoramiento –que señalamos antes-,
ahora son la chispa que inicia la explosión. La dopamina de la etapa pasional pasa a segundo plano: la relación ahora es más tranquila y confiada. Pero
aún aquí la neuroquímica es protagonista
pues la oxitocina, crucial en el parto y la lactancia, es la responsable del
establecimiento de los lazos afectivos de la pareja. Pero nuestro cerebro aún
la produce en situaciones de intimidad y mantiene la llama que encendió la
dopamina. Por eso hay quienes aseguran que el Amor Eterno dura tres años,
“exagerando contestan otros”. Y es que ninguna especie podría resistir los
embates de tantos neuropéptidos en el
cerebro produciendo insomnio, estrés, obsesión, elevación de la frecuencia
cardiaca y ritmo respiratorio, bajos niveles de azúcar en sangre, sudoración y
palpitaciones.
Los circuitos y estructuras
que afecta EL AMOR son los mismos que activan las drogas adictivas como la
cocaína y los opiáceos y tiene las mismas fases que las adicciones: tolerancia, abstinencia
y recaída. Nada romántico, pero esa es la química que afecta la fisiología.
Tolerancia o necesidad de
aumentar la dosis.-
Ansias crecientes de ver a la persona amada y estar mucho tiempo junto a ella
es la característica del inicio de una relación.
Abstinencia.- Pérdida
del apetito, insomnio, irritabilidad cuando se produce la ruptura.
Recaída.- La
tentación de procurar encuentros casuales y de acudir a los sitios que fueron
comunes.
Como ya dijimos las moléculas
implicadas en el amor son las mismas de cualquier otra adicción, también
producen una dependencia emocional; de ahí la dificultad para precipitar una
ruptura. Para algunos, luego de una ruptura, nuestro pesar no es tanto por
quien se marchó, sino por las sustancias que ya no se producen en nuestro
cerebro. Para nosotros la tristeza, irritabilidad y depresión es por la
ausencia de la persona amada; para nuestro cerebro: la ausencia de las
sustancias que han dejado de producirse. De ahí el dicho “un clavo saca otro
clavo”. Y al cerebro no le importa “el clavo”, sino que produzca las mismas sustancias
químicas que lo tenían “enganchado”: dopamina, oxitocina, testosterona. Cuando
alguien se vuelve olvidadizo, se le suele decir “parece que estuvieras
enamorado”, y es que la larga exposición a la oxitocina, afecta el hipocampo,
estructura implicada en nuestra memoria, igual que en el estrés post traumático.
El núcleo accumbens, del que
hablamos arriba forma parte de nuestro sistema de recompensa en donde la
liberación de dopamina parece favorecer el comportamiento monógamo, junto con
el número de receptores de oxitocina y vasopresina los cuales modulan la acción
de la dopamina. Al mismo tiempo otras zonas del cerebro se desactivan o disminuyen
su actividad, tal es el caso de la amígdala, estructura encargada de emociones
como el miedo, asco y agresividad; la corteza prefrontal, donde se llevan a
cabo los juicios y se evalúan los sentimientos de los demás también muestra una
disminución de su actividad, por eso nos volvemos inmunes a las criticas o
reconocer errores de nuestra pareja: dopamina alta, corteza prefrontal anulada,
resultado: “El amor es ciego”.
Todo lo que he dicho aquí,
no es una justificación: Es la explicación biológica y fisiológica de cómo
funciona el amor, aunque moleste a algunos y suene poco romántico (el
romanticismo es un sub producto de la cultura y la trampa de la biología para
asegurarse que los genes queden en la próxima generación). Pero el hecho de
describirlo y descubrir cómo funciona, no hace que sea menos hermoso, al
contrario, hay mucha belleza en cómo unas moléculas y su combinación han hecho
que tengamos poesía, música, literatura de amor, dramas y nos lleva a entender
cómo y porqué somos como somos.
INGREDIENTES DEL CÓCTEL
Ø Dopamina
-> Experiencia placentera
Ø Serotonina
-> Obsesión
Ø Cortisol
-> Incertidumbre
Ø Oxitocina
y Vasopresina -> Roces, sociabilidad y acompañamiento
Ø Testosterona
-> Deseo sexual

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