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| Barbie |
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| Jessica Rabbit |
Un cutis sin manchas y terso, un cabello brillante y abundante,
una cintura estrecha, unas caderas más anchas que la cintura, una simetría en
el rostro y el cuerpo, unos ojos brillantes, dientes en buen estado, unos senos
abultados y firmes son indicadores de belleza, juventud y buena salud. En
conclusión, fertilidad y buenos genes. Porque no vale la pena embarcarse en una
costosa aventura reproductiva con alguien que no muestre poseer una buena
calidad biológica, cuyas deficiencias se reflejarán luego en herederos
defectuosos. Estas preferencias evolucionaron en un mundo primitivo y de
difícil supervivencia, mucho antes del gran desarrollo de nuestras preferencias
culturales y de la cirugía cosmética. Por supuesto que un pecho grande y duro
tiene un considerable poder de atracción para los hombres porque está
relacionado directamente con los indicadores de fertilidad y funciones
reproductivas, lo cual garantiza una buena alimentación para la cría. De allí que la
revista Playboy y Soho hayan explotado su gran negocio y los cirujanos plásticos se
hayan enriquecido utilizando implantes. Claro que desde una
perspectiva anatómica, los senos de la mujer son desproporcionadamente abultados
y poco funcionales para la lactancia. En los chimpancés y
otros primates, los senos apenas sobresalen, destacándose los pezones,
configuración ésta que le permite a los pequeños simios succionar la leche
materna con mayor comodidad y eficiencia que a los bebés humanos.
En realidad las mujeres son más tolerantes con la falta de
juventud de sus parejas y soportan hasta cierta fealdad en ellos. Y es que ambos sexos
tiene estrategias reproductivas diferentes: el hombre busca juventud y belleza,
la mujer prefiere aquella pareja que presenta una mayor disponibilidad de
recursos o un mayor potencial para obtenerlos para ella y su descendencia. Pero
ésta condición no es siempre suficiente para ellas, pues requiere cierto grado
de certeza acerca de que los recursos serán ciertamente invertidos en la
crianza y no en otros asuntos, o en aventuras ajenas. Y es que aparearse con
machos de mayor edad es ventajoso, pues es garantía de buena salud, ya que su poseedor ha
conseguido sobrevivir en un mundo de difíciles condiciones y esos genes irán a
parar a la cría. Tómese a un hombre arrogante, desagradable, hasta feo, pero
con una billetera abultada y el resultado, como por arte de magia, es un hombre
irresistible. El dinero es el gran afrodisiaco para las hembras humanas.
Siempre ha sido una preocupación entre los expertos explicar
los motivos que han llevado a muchas especies de mamíferos a practicar la monogamia
–más del 80% no lo son-. Las hipótesis son muy variadas y caminan en el
resbaladizo terreno de la especulación. Aparentemente nuestra especie es
monógama. Pero esta es sólo una percepción que tenemos algunos grupos humanos,
debido a la cultura en la que desarrollamos nuestra existencia. Hoy sabemos que
en muchas culturas existen otras formas de relación entre los dos sexos, de
manera abierta o más o menos encubierta, y la evidencia disponible nos lleva a
una pensar, con una simple reflexión, que la monogamia no es patrimonio del
comportamiento de nuestra especie.
La monogamia estricta puede ser un suicidio biológico cuando
un miembro de la pareja es estéril o infértil ya que la eficacia reproductiva
de un individuo (o especie) está en conseguir que sus genes pasen a la
siguiente generación y un compañero infértil equivale a dinamitar el nido.
En la monogamia serial o seriada, cuando las mujeres
envejecen, los machos se divorcian y consiguen mujeres más jóvenes, más
fértiles y más atractivas. Como promedio los hombres de todo el mundo se casan
con mujeres tres años más jóvenes que ellos. En Estados Unidos, los hombres que
se vuelven a casar, preferiblemente escogen una mujer que sea cinco años más
joven que ellos; pero si se casan una tercera vez la progresión aumenta y a
menudo toman por esposa a una mujer ocho años más joven. Aquí hay que aclarar
que la atracción de un hombre hacia una mujer mayor que él, es más de cálculo frío que de atracción, casi paradójicamente están
utilizando la estrategia de las mujeres. El filósofo Arthur Schopenhauer, sin
conocer el soporte de la actual psicología evolutiva, tuvo luminosas intuiciones
que hoy día son válidas ya que coinciden con los descubrimientos más recientes.
Para el varón, dice el filósofo, el principal factor de decisión es la edad de
la mujer: “tenemos una clara preferencia por las mujeres entre 18 y 28 años.
Fuera de esa edad ninguna mujer nos excita…” Exagerado el filósofo.
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| Arthur Shopenhauer |
La ecuación de la juventud y la belleza parecen ser los pilares
en los que se fundamenta la obsesión de los hombres por las mujeres en casi
todas las culturas. La apariencia física del hombre no declina tan rápidamente
cuando se hacen mayores, no por la existencia de un doble criterio en nuestra
sociedad, sino porque la fertilidad del hombre no declina tan rápidamente con
el paso de los años.
Aunque parezca contra evolutivo la menopausia en las mujeres (y recientemente
descubierta en las ballenas) se compadece fatal, ya que no se ve qué
importancia darwiniana pueda tener el hecho de no poder reproducirse. Si la
eficacia reproductiva se mide por el número de descendientes que deje cada
individuo, la menopausia parece darle un golpe a ésta ya que con los años va
disminuyendo la probabilidad de que una hembra deje descendencia una vez
superada determinada edad.
El embarazo y el parto (en las hembras humanas) conllevan
cierto riesgo de muerte para la madre –ahora menos, dados los avances en
medicina e higiene-, y si como sabemos, es la madre quien soporta el peso del
cuidado y crianza del hijo, más que el padre –por cierto muy prolongado en
nuestra especie-, el parir un hijo cada dos o tres años implicaría, en caso de
muerte de la madre, que los más pequeños quedarían sin el soporte para salir
adelante, lo cual es costoso biológicamente puesto que se han invertido
recursos y tiempo valiosos en el cuidado de esas crías ya nacidas. La
menopausia de las hembras habría aparecido como una estrategia para asegurar el
éxito de las crías de partos anteriores.
Como en el varón la inversión parental es menor, su edad reproductiva es más larga. Es una
tragedia para una cría quedarse sin madre, ya que podría no sobrevivir, en
cambio, de hecho, muchas crías salen adelante sin la presencia física del
padre.
Comoquiera que arriba hablamos de las ballenas permítanme una
pequeña digresión sobre éstas ancianas antes de continuar. Laurent Brent, Darren Croft y sus colegas de la Universidad de Exeter y Nueva
York, han descubierto recientemente que dos especies de cetáceos
(ballenas), la Orca, Orcinus orca y el
calderón tropical o ballena piloto de aleta corta, Globycephala macrorhynchus, muestran larga vida tras la menopausia.
Esto se había convertido en un dolor de cabeza para los biólogos evolutivos al
no poder explicar las ventajas o
beneficios de que estas abuelas sobrevivieran tanto tiempo después de haber
sobrepasado la edad de reproducción. La explicación, según los datos, está en
que estas abuelitas transmiten cultura ecológica –transmisión horizontal de lo
aprendido (memes, para Richard Dawkins)- al grupo familiar dirigiéndolo cuando
salen a cazar salmones, sobre todo en los
años difíciles cuando este bocado escasea
ya que tienen un mejor conocimiento del entorno y de las hambrunas
pasadas lo cual podría representar la diferencia entre la supervivencia o la
muerte. Este es el beneficio darwiniano que las ballenas abuelas (menopáusicas) aportan a los
jóvenes que llevan sus genes y así se asegura que pasarán a la siguiente generación.
Lo importante para el hombre, un animal visual, es la
proporción entre la talla de la cintura y la cadera –perímetro de la cintura entre
el de la cadera- la cual es de entre un 0,67 y 0,80 en la mayoría de las
mujeres fértiles; mientras que en el caso de los hombres, los niños y las
mujeres posmenopáusicas se sitúa entre el 0,80 y 0,95. Para el caso de las
mujeres se ha encontrado que una proporción menor entre cadera y cintura es un
correlato de juventud, salud, fertilidad, no estar embarazada y no haberlo
estado antes. El profesor hindú Devendra Singh mostró a centenares de personas
de diversas edades, sexos y culturas fotografías e imágenes generadas por
ordenadores de cuerpos femeninos de diferentes tamaños y formas. Todos encontraron que una proporción del 0,70 o inferior es la más atractiva. También
midió las medidas en las chicas de los desplegables de la revista Playboy y en
las vencedoras de los premios de belleza durante siete décadas y encontró las
mismas proporciones, aunque el peso había disminuido. Dicha proporción se mantiene
incluso hasta para las estatuillas de Venus del paleolítico Superior. A ello se
bautizó “coeficiente de atracción física”. Según el científico una proporción
inferior a 0.67 podría estar indicando enfermedades cardiacas y o diabetes. Y
puede ser el caso de la muñeca Barbie,
que tiene una proporción de 0,54 lo
mismo que la muñeca Jessica Rabbit, de la película Quién engañó a Roger Rabbit, de Robert Zemeckis, el director de la
películas El Vuelo, Forrest Gump y Náufrago.
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| Kate Moss Modelo de pasarela |
Para otros científicos es más importante la simetría que el
coeficiente de atracción física. El caso es que quienes alimentan esta
tendencia, o son las mujeres que las usan, o son los hombres que las diseñan, ya
que la venta de corpiños, sujetadores, miriñaques, recubrimiento para los
bustos, cotillas, fajas, pliegues y cinturones de hebilla ancha dan vida a una
industria de millones de dólares.
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| Twiggy Modelo de pasarela |
Aparte de la literatura científica se ha escrito más sobre el
peso de las mujeres que sobre cualquier otro tema de la belleza. En Occidente
las mujeres que aparecen en las pantallas cinematográficas han ido pesando cada
vez menos a medida que transcurren las décadas, hecho que considerado como un
capricho de la belleza y de la opresión sobre las mujeres, seres de los cuales
se espera que se ajusten a estos criterios por muy irracionales que puedan
parecer. Quizás las modelos esbeltas y delgadas (aparte de algunos genes) puedan
ser las culpables de la anorexia que padecen las adolescentes. Con todo, el
peso puede que sea la última parte en importancia de la Belleza. Singh también
encontró que la mujer obesa y la mujer delgada son consideradas menos
atractivas (y de hecho, menos fértiles), pero que existe una gama de pesos
considerados atractivos y que la figura, es decir, la proporción entre cintura
y la cadera, es más importante que la talla. El revuelo que suscita la delgadez
se aplica más a mujeres que posan para otras mujeres que a mujeres que posan
para hombres, pues las modelos de pasarela son más delgadas que las modelos
fotográficas.
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| Helena Christensen Modelo fotográfica |
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| Cindy Crawford Modelo fotográfica |
Dado que calibramos nuestros estándares de belleza con
relación a las personas que vemos, y entre esas están nuestros vecinos
virtuales que se exhiben en los medios de comunicación, una ración diaria de
personas virtuales y artificialmente bellas, puede que haya influido en
re calibrar nuestras escalas y hacer que las reales –incluyéndonos nosotros mismos-,
parezcamos feos. Y cuando me refiero a artificialmente bellas, estoy hablando
de que ahora disponemos de una tecnología para estimular y exagerar las señales
de juventud, feminidad y salud. Sombras de ojos, lápiz labiales, pintura para
las cejas; productos que incrementan el brillo, cambian el grosor y color del
cabello; sujetadores y ropa que simulan senos más abultados; cirugías estéticas
y correctivas. Todo ello hace parecer
a las mujeres de mediana edad adolescentes ancestrales ya que si bien la
industria de la belleza no es una conspiración contra las mujeres, tampoco es
inocente del todo.
Pero si la dieta y el ejercicio pueden contribuir a mantener
la cintura más delgada y disminuir la proporción cadera cintura, el peso es un
factor principal en la competición entre las mujeres para conseguir el
prestigio social en una época en la que las mujeres ricas probablemente son más
esbeltas que las pobres, inversamente a lo que debería ser lo habitual, ya que
en el pasado evolutivo de nuestra especie la delgadez implicaba carencia de
alimentos y por tanto bajas probabilidades de fertilidad y de condiciones para
sacar adelante la descendencia.


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